El sistema político de la Restauración, con sus pequeños distritos electorales de ámbito comarcal, favorece extraordinariamente la figura del cacique, que va a tener como especial vehículo de influencia y de realce de su actividad la prensa local. Sin ese sistema electoral es difícilmente concebible la expansión de esa prensa andaluza entre 1875 y 1923, etapa dorada del caciquismo político. Frente a los pequeños periódicos independientes, lo que domina en esos años en ciudades como Ronda, Úbeda, Écija, Sanlúcar de Barrameda, Vélez Rubio, Motril, Carmona o Montilla son múltiples semanarios políticos efímeros y coyunturales por lo general, pero a veces duraderos si el cacicato es estable. Defienden intereses puramente personales –pero presentados como públicos–, aunque no ocultan su dependencia política, que incluso pueden exhibir con orgullo, atacan al rival político, que puede ser de otro partido o de una facción diferente del propio, a veces nacen sólo para defender o atacar con ferocidad una gestión municipal, raramente muestran preocupaciones culturales. Carentes de cualquier ecuanimidad, son voraces en la denuncia de la corrupción ajena, pero silencian o niegan la del líder o partido afín al que ensalzan con hoy inconcebible exageración. Pendencieros incluso con los afines, muchas polémicas acaban en duelo. Dos periódicos conservadores jerezanos, El Orden y La Lealtad, son suspendidos por la dirección del partido en 1895 ante los ataques que se prodigan entre sí. A veces los dirige, nominalmente al menos, el propio político, que casi siempre es un hombre de confianza, con frecuencia político en ciernes. Carentes de una mínima estructura empresarial, viven del bolsillo del líder. Los más proclives son desde luego los partidos conservador y liberal, con todas sus familias y escisiones, pero a veces hay también caciques republicanos y, más raramente, integristas o de otras ideologías. Algunos caciques, que pasan de la política local a la nacional, organizan toda una red de periódicos afines, caso de Francisco Romero Robledo, órganos que varían de ideología o partido conforme lo hace el jefe de filas. El traslado del cacique puede hacer que emigre con él su periódico: El Liberal de Jaén se realiza y se imprime buena parte de su historia en Madrid. No menos de 300 títulos responden a este esquema. El sistema muere con la II República, que elimina esos distritos comarcales y obliga a que en el periódico político domine la ideología del partido sobre el interés del líder local. Antonio Checa |
La violencia electoral no fue la norma en Andalucía, los episodios violentos se han resaltado ocultando la existencia de un voto condicionado y clientelar en la geografía electoral de la región. Cuando se producía la violencia respondía ante todo a una demostración de fuerza de los caciques o a la división de clientelas dinásticas que rivalizaban por el poder. Con la crisis del régimen se manifiesta una mayor competencia y movilización ideológica y los partidos dinásticos se ven obligados a adoptar hábitos propagandísticos y electoralistas más modernos que ya venían siendo utilizados por los partidos antidinásticos. La presión y el fortalecimiento republicano es determinante. Así ocurre en distritos de Huelva como Ayamonte, Isla Cristina o Valverde donde, tras etapas de docilidad, se dan activas campañas de candidatos antidinásticos por la influencia del republicanismo en el elemento obrero. En Málaga el fuerte republicanismo de la circunscripción establece una coalición con los núcleos socialistas que le permite triunfos electorales. Habría que admitir que las élites andaluzas frenaron los intentos de modernización y democratización y se adaptaron sólo tímidamente a los cambios legislativos. Pero el retraimiento político de las clientelas dinásticas no significa que en Andalucía no hubiera movimientos por la regeneración del sistema, aunque ya avanzado el siglo XX. El dinamismo del sistema ha pasado desapercibido sobre todo en esta región. Aunque existan algunos vacíos en las investigaciones, estas movilizaciones se han detectado en la periferia. Se pueden citar la protesta de los grupos vitivinícolas de Huelva que formaron en 1909 una coalición, la llamada Unión Bollullera, para combatir injusticias administrativas del municipio o el movimiento campesino anticaciquil desarrollado en 1914 en Benagalbón (Málaga), con graves consecuencias. Pero las movilizaciones más importantes tuvieron un carácter urbano. En Almería hubo una importante movilización anticaciquil contra el ingeniero de obras del puerto, Francisco J. Cervantes que derivó en un movimiento político anticunero. En Granada, el socialista Fernando de los Ríos organizó en 1919 un movimiento anticaciquil para desmantelar el aparato clientelar de La Chica en el que participaron estudiantes y obreros, y formó la coalición “Solidaridad Granadina contra el caciquismo”. Todas estas movilizaciones fueron signos de modernidad en una región donde la cultura electoral tradicional se resistía a los intentos de modernización y democratización del sistema. María Dolores Jiménez Martínez |