¿Qué varón se encuentra hoy, entre los seglares, dedicado a las Sagradas Escrituras, a repasar las obras de los doctores escritas en latín? ¿Quién se mantiene encendido por el amor al Evangelio, a las profecías y a los Apóstoles? ¿No es verdad que todos los jóvenes cristianos, de brillante presencia y elocuencia y sobresalientes en la sabiduría de los gentiles, notables por su conocimiento de la lengua árabe, se preocupan con avidez por los libros de los caldeos, los leen atentamente, los discuten... y divulgan..., ignorando la pulcritud de la lengua de la Iglesia y despreciando por viles las fuentes que manan del Paraíso...? ¡Ay dolor!: los cristianos desconocen su propia ley, los latinos no entienden su propia lengua, de forma que apenas en toda la comunidad cristiana se encuentra uno de mil hombres que pueda dirigir a un hermano una carta en latín correctamente... Sin embargo se hallan innumerables multitudes que son capaces de explicar las ampulosidades verbales de los árabes, hasta el extremo... de ser más eruditos en métrica que esas mismas gentes...
Álvaro de Córdoba De Indiculus luminosus. |