Los sesenta años comprendidos entre el 25 de julio de 1941 y el mismo día y mes de 2001 ponen el diamante sobre la joya –eterna por lo invisible– que conmemora el ya lejano enlace de este diario con la ciudad de su nombre. Emblemática boda, de tan enigmáticos comienzos y tan felices resultados.
Es sabido que cuando el gran estadista francés Charles Maurice de Tayllerand tuvo conocimiento de la muerte de Napoleón, dijo, impasible e indiferente: “No es un acontecimiento sino simplemente una noticia”. No cabe duda de que tan controvertido ministro era partidario de crear frases antológicas; pero la que le he tomado debió matizarla más, porque la noticia siempre es el germen, mientras que el acontecimiento es su metamorfosis.
Sesenta años de noticias generan riadas de acontecimientos. Y si un periódico se define como impreso que se publica con determinados intervalos de tiempo; y si esos intervalos se establecen de veinticuatro horas, entonces se hace realidad el diario, puesto que éste no es otra cosa que una publicación que sale diariamente. Multipliquemos el número de días por el de años y tendremos el vivero noticioso más espectacular que pueda imaginarse y la posibilidad de conocer de primera mano los miles de aconteceres.
Llegado este momento, el inconmensurable archivo se ha convertido, por natural, resistente, duradero y valioso en un mágico brillante. Que celebra sus bodas. Porque debe ser conmemorado todo aquello que ha sido difícil de crear y mantener.
Es comprensible la misión perecedera del periódico hogareño, por falta de interés o de espacio; pero si se les va guardando o almacenando, deja de ser disculpable su destrucción, porque la posible intrascendencia de un día, acaba convirtiendo los frágiles impresos en libros de historia. El periódico de una ciudad es su mejor cronista.
Miguel Salcedo Hierro
Del Suplemento Sesenta años de Córdoba.