Los trastornos alimentarios se caracterizan por alteraciones graves de la conducta alimentaria. Los dos trastornos más conocidos –no los únicos– son la anorexia y la bulimia nerviosas. La anorexia nerviosa se caracteriza por el rechazo a mantener el peso corporal en los valores mínimos normales. Una característica esencial de la anorexia nerviosa es la alteración de la percepción de la forma y el peso corporales. Las características esenciales de la anorexia nerviosa consisten en el rechazo a mantener un peso corporal mínimo normal, en un miedo intenso a ganar peso y en una alteración significativa de la percepción de la forma o tamaño del cuerpo. Además, las mujeres afectas de este trastorno, aunque hayan pasado la menarquia, sufren amenorrea –ausencia de la regla–. El paciente mantiene un peso corporal por debajo del nivel normal mínimo para su edad y su talla. Si la anorexia nerviosa se inicia en la niñez o en las primeras etapas de la adolescencia, en lugar de pérdida puede haber falta de aumento de peso. Generalmente, la pérdida de peso se consigue mediante una disminución de la ingesta total. La mayoría de los pacientes acaban con una dieta muy restringida, limitada a unos pocos alimentos. Otras formas de perder peso son la provocación de vómitos, el uso inadecuado de laxantes y diuréticos así como el ejercicio excesivo. Las personas con este trastorno tienen un miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obesas. Este miedo generalmente no desaparece aunque el individuo pierda peso y, de hecho, va aumentando aunque el peso vaya disminuyendo. Existe una alteración de la percepción del peso y de la silueta corporales. Algunas personas se encuentran obesas, mientras que otras se dan cuenta de que están delgadas, pero continúan estando preocupadas porque algunas partes de su cuerpo –especialmente el abdomen, las nalgas y los muslos– les parecen demasiado gordas. Pueden emplear una amplia variedad de técnicas para estimar el tamaño y el peso de su cuerpo, como son el pesarse constantemente, medirse las diferentes partes del cuerpo de manera obsesiva o mirarse repetidamente al espejo. Sintomatología depresiva, ansiedad, baja autoestima e irritabilidad acompañan siempre en mayor o menor grado a estos pacientes, mayoritariamente mujeres adolescentes (la proporción varones-mujeres es 1:10). Este trastorno se da en nuestra cultura occidental o en aquellas zonas que han adoptado nuestro modo de vida –Japón por ejemplo–. Se estima que entre la población juvenil española hay un 1% de personas afectadas por anorexia nerviosa completa o típica. Los síndromes parciales o incompletos serían bastante más frecuentes pero no hay un registro oficial de casos al respecto. En todo caso la población, fundamentalmente adolescente, que practica “conductas de riesgo” (dietas, ejercicio excesivo, vómitos, abuso de laxantes…) se estima muy superior a la mera prevalencia del trastorno. En Andalucía no hay cifras oficiales sobre número de afectados, pero en todo caso nada hace pensar que puedan variar respecto al resto de España. El tratamiento debe basarse en el concurso de un equipo interdisciplinar donde el binomio básico será el psiquiatra-psicólogo –no olvidemos que estamos ante un trastorno mental que como consecuencia de su gravedad podrá tener consecuencias nutricionales, ginecológicas…, pero que principalmente es un desorden psicológico, competencia principal de los profesionales de la salud mental–. En función de múltiples factores podrá llevarse a cabo un tratamiento ambulatorio –inicialmente es el deseable– u hospitalario –completo o parcial–, siempre con el fundamental concurso de la familia.
Ignacio Jáuregui Lobera |