Al venir a vivir a Altea reivindiqué de dónde era, de Andalucía, de Málaga. Reivindiqué igualmente la manera de hablar de mi gente, el acento andaluz que no servía para el cine y que habían intentado quitármelo. Y me identifiqué más que nunca con Andalucía y con mi gente... Cuando vinieron los cantantes de la Nueva Trova Cubana a Altea, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, yo estuve con ellos, y después en el recital. Todo el mundo llevaba la senyera. Yo llevé la bandera andaluza...” Esa declaración de principios andalucistas por parte de Pepa Flores entra de lleno en la tónica reivindicativa de la izquierda andaluza que, sin abjurar de sus convicciones internacionalistas, entiende que ambas utopías pueden ser compatibles. Como no supone grandes contradicciones que mantenga su militancia comunista y, al mismo tiempo, guste de las procesiones de la Semana Santa malagueña: “Me encantan, no porque sea religiosa, sino porque lo he mamado desde pequeña y entonces me gusta verlas y me gusta cantar. A veces me entra el gusanillo. Un gusano muy pequeño. Pero se me pasa, cojo la guitarra, en casa con amigos y ya estoy curada de tentaciones otra vez”. “Fue Un rayo de luz. De Málaga. Como siempre. Los niños prodigios siempre eran de algún sitio de por aquí. Las estrellas del cuplé, o eran de la Macarena o eran de Triana, Gracia de Triana, Marifé de Triana, siempre Triana siempre. Marisol, como no era de Galas Juveniles ni alumna de la academia de Adelita Domingo, no tenía más remedio que ser de Málaga. Estaba en los Coros y Danzas de la Sección Femenina, con los pololos, bailando por verdiales, y el vito, y aquellos bailes tan raros, tan típicos y tan castos que bailaban las muchachas de la Sección Femenina. Marisol era muy chica. Diez años. Rubia, como un recortable de Florita. La vio Goyanes y le dijo que iba a ser artista. E hizo con ella lo que con todas las niñas andaluzas que querían ser artistas: que se las llevaban a Madrid, qué lejos, qué frío, cuántos autobuses, qué casas más altas, qué escaleras más oscuras, qué ascensores con tantos hierros, pero qué focos más potentes en los Estudios Roma, qué fotos más bonitas en el Siete Fechas y en el Dígame, qué restaurantes con qué bisteles más grandes...”, describe Antonio Burgos. Su última etapa artística está llena de ecos andaluces, desde algunas de las canciones de sus discos ‘Háblame del mar, marinero’, una amable alegoría de la libertad con ecos de Rafael Alberti, o ‘Galería de Perpetuas’. También fue espartanamente andaluza su interpretación en Proceso a Mariana Pineda o su incorporación a la versión cinematográfica de Carmen, a las órdenes de Carlos Saura. Su relación con Antonio Gades le marcará política y personalmente, pero cuando concluye en 1986 ella inicia un inmediato regreso a sus orígenes, a su raíz, a aquella Málaga andaluza en donde su padre llamó “Un rayo de luz” al carromato para pasear turistas que compró con los primeros royalties de Marisol. Marisol ya se llamaba Pepa Flores y como tal había grabado un solitario disco compuesto por Luis Eduardo Aute, en 1983. Málaga y Andalucía se convirtieron entonces en un puerto de refugio, en una vuelta al regazo materno y a un mundo que quizá creyera perdido para siempre pero en donde recobró, en cambio, su esencia cotidiana. Pepa vuelve a las calles donde fue Pepa antes que Marisol. Y lo hizo acompañada de sus hijas, María –que con el apellido Esteve mantiene una sólida carrera como actriz–, Tamara y Celia: “Hago una vida como cualquier madre de familia y ocupo mi tiempo en sacar para adelante a tres seres humanos. De vez en cuando hago actividades que no tienen nada que ver con el cine y que son cosas personales. A veces me voy por ahí hasta por la mañana a cantar flamenco que es lo que me gusta”. Cuando quiere perderse busca la ruta hacia Nerja. Pero no es una ermitaña: en 1997, por ejemplo, se avino a posar como modelo para el Cartel de la XXI Fiesta de la Exaltación de la Mantilla de la capital malagueña, en donde al año siguiente se celebró la exposición ‘Homenaje a una musa’, de la mano del pintor malagueño Antonio Montiel y del comunicador José Manuel Parada, que en aquel momento presentaba ‘Cine de Barrio’, un espléndido anticipo de los objetos y fetiches que coleccionó durante años Isidro Martín que fueron expuestos en la Casa de la Cultura de Madrid, bajo el título de ‘Marisol, homenaje a una estrella’. En 1999, el Festival de Cine de Estepona la incluyó en un homenaje a los niños españoles de mediados el siglo XX: Pablito Calvo, Joselito, Rocío Dúrcal y Pili-Mili. En el año 2000 volvió a un estudio de grabación para impresionar con la cantautora malagueña Aurora Guirado una canción a dúo, titulada ‘Por primera vez’: “Ella es amiga mía. Fue de las primeras en creer en mi trabajo en Málaga. Estaba detrás de mí diciéndome ‘oye, muévete’, y entonces llegó un momento en el que me dijo que, si tenía una casa discográfica que me apoyara, ella cantaría conmigo una canción. Y yo le dije: ‘¿qué me dices?’ Y se me cayeron dos lagrimones. Fue increíble”, ha declarado. Madrina de la Asociación Malagueña de Esclerosis Múltiple, fue nombrada Malagueña del Siglo XXI y Pepa Flores da nombre a una calle de Rincón de la Victoria: “Los que la han conocido en Málaga y en los últimos diez años dicen que está muy bien –escribe Lourdes Garzón–. Los que la conocieron antes dicen que estuvo muy mal. El pintor Antonio Montiel ha visto el antes y el después. Antonio se fugó de casa a los 15, se sentó a la puerta de la casa que Pepa Flores y Antonio Gades tenían entonces en Altea y anunció de aquí no me muevo hasta que la conozca. Le costó horas y lágrimas que Pepa apareciera. “No sólo la he pintado, fue mi musa desde siempre...” Tanto, que también ha sido el único que la ha convencido para que posara, el año pasado, con peineta y mantilla. Le ha oído contar cómo le vendaban el pecho de pequeña para que en las películas no se notara que crecía. O cómo tuvo su primera regla en mitad de un acto benéfico y una dama de la caridad le colocó un abrigo de visón por encima para taparla. En su casa no hay nada, nada que le recuerde a Marisol. Ni su vestido de novia. No sólo Marisol contó con una legión de seguidores. Pepa Flores también: “Entiendo que siga así, reconcentrada y melancólica como los verdaderos andaluces, pero sigo pensando que tiene que cantar. Lo echo de menos”, lamenta José Manuel Caballero Bonald.
Juan José Téllez |