Qué hilo tan fino, qué delgado junco –de acero fiel– nos une y nos separa con España presente en el recuerdo, con México presente en la esperanza. Repite el mar sus cóncavos azules, repite el cielo sus tranquilas aguas y entre el cielo y el mar ensayan vuelos de análoga ambición, nuestras miradas.
España que perdimos, no nos pierdas; guárdanos en tu frente derrumbada, conserva a tu costado el hueco vivo de nuestra ausencia amarga que un día volveremos, más veloces, sobre la densa y poderosa espalda de este mar, con los brazos ondeantes y el latido del mar en la garganta.
Y tú, México libre, pueblo abierto al ágil viento y a la luz del alba, indios de clara estirpe, campesinos con tierras, con simientes y con máquinas; proletarios gigantes de anchas manos que forjan el destino de la Patria; pueblo libre de México: como otro tiempo por la mar salada te va un río español de sangre roja, de generosa sangre desbordada. Pero eres tú esta vez quien nos conquistas, y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!
Pedro Garfias Poema compuesto a bordo del buque Sinaia, camino del exilio mexicano. |
La importancia de Garfias como miembro de la Generación del 27 ha quedado patente en numerosas antologías, a pesar de ciertos olvidos. Garfias figura en lo que podemos considerar acta de nacimiento de la Generación, en el homenaje a Góngora de la revista Litoral, en 1927, y poco antes, en otra muestra antológica de La Gaceta Literaria. Vino luego el insidioso olvido de Gerardo Diego, en 1932 y 1934, así como el incomprensible de Federico de Onís, en 1934, que ya en su momento provocó protestas en favor de Garfias, como hizo Miguel Pérez Ferrero, desde las páginas del Heraldo. Pero en la Antología de Alvaro Arauz, de 1936, Garfias volvió a ocupar su lugar entre los poetas andaluces. Después, aunque con olvidos, Garfias se encuentra presente en la mayoría de las antologías del exilio: en las recopilaciones de Giner de los Ríos, en 1944 y 1945, la de Rivas Panedas, en 1944, la de Becco y Svanascini, en 1947, la de Enrique Azcoaga, en 1953, la de Francisco M. Mota o en el Diccionario de Mªaría del Carmen Millán. La postergación es mucho más llamativa en las antologías publicadas en España. Para no detenernos en aquellos que ejercitan el olvido, mencionaremos sólo a los que han sabido tener presente a un poeta de sumo interés como es Garfias. De esta manera, aparece en las antologías de González Ruano, de 1946 y 1970, en la de Sáinz de Robles, de 1964, en las de José Luis Cano, de 1952 y 1964, en la de Ernestina de Champourcin, de 1970, en la de Moreno Sáez, también de 1970, en la de Velilla Barquero, de 1977, en la de G. Gullón, de 1981, en la de Rubio y Falcó, de 1984, en la de Ramoneda, de 1988, entre algunas otras. Como puede observarse, el balance, a pesar de todo, es bastante positivo en favor de Garfias. Su presencia en las antologías es lo bastante significativa para dejar en evidencia la ignorancia de los críticos y los antólogos que han marginado su poesía. Mencionaremos un caso de agravio, verdaderamente sangrante, y es la Antología del académico español Francisco Rico, de 1991, en tres volúmenes, que incluye todos los poetas habidos y por haber, hasta el cronista de Torrelodones; están todos, menos uno: Pedro Garfias. En estos eruditos pensó Juan Rejano cuando diseñó su defensa de Garfias: “¡Cerrad vuestras trampas, vuestros podridos legajos, torpes, interesados antólogos, historiadores literarios de aguachirle, que tantas veces la habéis postergado, que tantas veces habéis olvidado esta poesía, olvidando al que no conoce el olvido!”.
Francisco Moreno Gómez De Pedro Garfias, poeta de la vanguardia, de la guerra y del exilio. |