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PRADOS, EMILIO

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(málaga, 1899-méxico, 1962). Poeta. Miembro de la Generación del 27, la poesía de Emilio Prados representa una de las más bellas y valiosas realizaciones de la lírica española, no sólo por la calidad de su obra, que es innegable, sino también por su ideal y visión de mundo, volcados en la consecución de la plenitud moral del hombre y su armoniosa comunión con la naturaleza y el universo. Emilio Prados Such nace en Málaga el cuatro de marzo de 1899. Su padre es un hombre hecho a sí mismo proveniente de una pobre familia de campesinos de Alhama de Granada. La figura del padre es fundamental en la educación sentimental de los hermanos. El propio Emilio, Inés y el que luego sería un reconocido neuropsiquiatra, Miguel Prados Such * , heredan el carácter benefactor, honrado y justo de su padre, un hombre afable y liberal que entrega a sus hijos una educación burguesa muy por encima de la que él había recibido. Emilio Prados se educa como burgués, pero sin perder de vista sus orígenes y consciente de la miseria de otras familias.

El poeta tiene desde la infancia una personalidad fragmentada que le causará muchos sufrimientos. De una parte es un niño hablador, risueño y propenso a las bromas. Por otra, Emilio Prados es un niño huidizo y tremendamente frustado por el abismo que empieza a observar entre la teoría moral que aprende en casa, en la escuela y en la iglesia, donde se le inculca los valores de generosidad, respeto mútuo y tolerancia, y lo que atisba en la realidad, en una sociedad hipócrita que no siente la necesidad de resolver los graves problemas que sufre.

Será esta frustración, acentuada con los años, la que a la vez inocule en Emilio Prados una rebeldía irrefrenable y una amor intenso por la naturaleza. Enfermo con la misma dolencia pulmonar que más tarde le quitaría la vida, su familia se traslada en torno a 1911 a los Montes de Málaga. Pese a su enfermedad, el jovencísimo Emilio descubre la compañía de los animales, aprende a segar y a reconocer los árboles y plantas y conoce la dura realidad del campo andaluz.

La Residencia de Estudiantes. Esta inclinación del joven Emilio Prados lo decanta hacia el estudio de las Ciencias Naturales. Entra a formar parte, primero, de los niños de la "Pequeña Residencia" "experimento educativo de la Institución de Libre Enseñanza" y más tarde de la Residencia de Estudiantes propiamente dicha. En Madrid conoce a dos personas muy influyentes en su formación, Juan Ramón Jiménez * y el filósofo jiennense García Morente * . Plantada la semilla creativa, su convivencia con Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes le llevan sin solución a la poesía. Sus primeros poemas, que no se han conservado, debe escribirlos entre 1918 y 1919. A ello se suma el progresivo desprecio que siente por las clases y los profesores, que considera monótonos y aburridos, tal vez porque el amor que él sentía por la naturaleza fuese más contemplativo "como su poesía, platónica, idealista, casi carente de anécdota" que empírico. Una discusión con un profesor le lleva de forma definitiva a abandonar Madrid y sus compañeros generacionales.

Davos, París, Friburgo. En 1921, su enfermedad pulmonar crónica le obliga a ser internado en un sanatorio de Davos (Suiza). Allí lee, pasea y escribe con urgencia y dedicación. En 1921, restablecido de su dolencia, su hermano Miguel acude a recogerlo al sanatorio y, antes de regresar a Málaga, viajan a París. Le fascina el contacto con Picasso, Braque, Tristan Tzara o Jean Cocteau. Vuelve a Málaga, pero es por poco tiempo. A finales de 1921, atormentado por la ruptura con Blanca, su novia desde los 16 o 17 años, viaja a la ciudad alemana de Friburgo, donde comienza estudios de Filosofía.

La imprenta Sur. De vuelta a Málaga, conoce a Manuel Altolaguirre * , un adolescente con talento con quien monta la imprenta Sur. Emilio Prados, el miembro generacional que siempre se mantuvo apartado, se convierte en un canalizador metódico de la creatividad de los muchachos del 27. En esta imprenta publica sus primeras obras, Tiempo. Veinte poemas en verso (1923-1925), Canciones del farero (1926) y Vuelta (Seguimientos-ausencias) (1924-1925), aparecido en 1927 como quinto suplemento de Litoral , pero también La amante de Alberti, Perfil del aire de Cernuda, Ámbito de García Lorca, Canciones de Altolaguirre, Las islas invitadas y Ejemplo de Moreno Villa, Jacinta la pelirroja , de Villalón, etc.

Sus obras posteriores, Nadador sin cielo (ensayo de amor bajo el agua) (1924-1926), El misterio del agua (1926-1927), Memoria de poesía (1926-1927), Cuerpo perseguido (1927-1928) y Andando, andando por el mundo , reafirman lo que ya podía vislumbrase desde las primeras publicaciones, una intuición dualista basada en la otredad, en la unión de los contrarios y en la relación del hombre con el hombre y con el mundo. Ese es el gran tema de Emilio Prados, la comunión de los hombres entre ellos y con la naturaleza a través del amor, la muerte, la vida y la poesía, que se erige como herramienta de armonía y paz: "Éramos dos y ahora para siempre/ dos árboles, dos sombras, dos silencios".

Pero no es Emilio Prados un hombre hecho para habitar su torre de marfil. Antes que el trato con sus amigos poetas, prefiere la compañía de los marineros del puerto, a quienes alfabetiza y lee sus poemas. La poesía de Emilio Prados adquiere una fuerte carga ideológica, casi revolucionaria, y en ella propugna un nuevo orden social. Surgen Calendario incompleto del pan y el pescado , La voz cautiva y Llanto de octubre , escrito tras la represión de la Revolución minera de 1934 en Asturias y considerado el punto de partida de los romances de guerra, generalizados entre los poetas republicanos a partir del 36.

Guerra Civil. A finales de agosto de 1936 se encuentra ya Emilio Prados en Madrid, donde se une a la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Escribe romances en los que laten las tragedias cotidianas del conflicto, como el que dedica a Hans Beimler, muerto en el frente de Madrid: "Ahora te encuentro, Hans Beimler,/ cuando cierras tu jornada;/ ahora me acerco a tu cuerpo,/ cuando ya tu cuerpo marcha/ flotando en un mar de hombros/ que lo separa de España..." Colabora con Mono Azul y dirige, junto a María Zambrano y Quiroga Pla, Hora de España . Pese a que a veces le vence el desánimo, no contempla la claudicación, de ahí que el libro con el que en 1937 gana el Premio Nacional de Literatura se titule Destino fiel . Como tantos otros, en 1939 cruza a pie la frontera francesa.

Exilio y plenitud. Tras una breve estancia en la embajada mexicana de París, Emilio Prados se exilia en México. La vida de Prados en México adolece de la misma dualidad que había atenazado su existencia en España. Perdido y sin horizontes vitales, se siente solo, enfermo y desorientado. No obstante, en el mismo germen de su sufrimiento encuentra la energía y la vitalidad suficientes para entregarse a la vida y a la poesía con entusiasmo y dedicación. Los que trataron al poeta por aquellos años siempre lo describen como un hombre vivo, lúcido, entregado a sus amigos, a los poemas primerizos que acuden a su casa en busca de consejo, a sus alumnos del instituto Luis Vives, a su labor de imprenta y a su obra. Vive con dos niños españoles, Paco y Varo, a quienes encuentra abandonados y los acoge en su casa como si fueran sus hijos. Emilio Prados les enseña un oficio, el de impresores, y les da una educación. Ellos son los principales responsables de la resurrección vital del poeta, que les dedica estos versos: "Ya solo me faltabais en ella / para verme completo, / hombre entero en el mundo / y padre sin semilla / de la presencia hermosa del futuro".

Pero la plenitud no es sólo vital, sino también poética. Tras Mínima muerte (1939-1944), libro de exilio desarraigado y melancólico, en Jardín cerrado (1940-1946) anuncia su felicidad. En estos poemas, Emilio Prados afronta el jardín cerrado de su memoria para poner a salvo, con valentía y sin arrepentimientos, su pasado, sobre el que construirá una nueva vida plena de certezas. Tras una larga búsqueda, su intelecto asume la vida y la muerte, la tierra y el cielo, la alegría y el llanto, la naturaleza y el hombre, como partes de una unidad indestructible. "Mi corazón se ha quedado sin ojos./ ¡El mundo es mi corazón", canta el poeta. El resto de sus libros, Penumbras (1947-1954), Río natural (1950-1956), Circuncisión del sueño (1955-1957), La piedra escrita (1958-1960), Signos del ser (1960-1961) y Cita sin límites (1961-1962), son felices epílogos de esta plenitud alcanzada, gracias a la que el poeta sabe que "acaso esté la paz aquí, tan cerca,/ como este punto de infinita vida". Emilio Prados muere el 24 de abril de 1962. Desaparece un poeta excepcional, pero sobre todo un hombre bueno, honrado y coherente con sus ideas. [ Pablo Santiago Chiquero ].

 

 
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