Realizadas las negociaciones correspondientes, el príncipe omeya desembarcó en las playas de Almuñécar el día 14 de agosto del año 755, de allí pasó a Torrox (castillo situado entre Iznájar y Loja), en donde, según cuenta la historia, se le unieron gran número de yemeníes de la tribu del Jordán, que, como ya se explicó anteriormente, habían colonizado en Archidona. Desde Torrox se preparó para visitar Archidona, entonces capital de la cora de Raya, y una vez ultimados los preparativos, entró triunfalmente en la entonces capital de la provincia . El día 8 de marzo del año 756 la población de Archidona esperaba desde muy de mañana la llegada de Abd al-Rahman. Posiblemente, en el mismo lugar que hoy ocupa la actual ciudad de Archidona, tuvo lugar el recibimiento que, una gran multitud, tributó al príncipe omeya, cuyo solo nombre infundía respeto y allanaba dificultades. Si grande fue el recibimiento que se le dispensó en Almuñécar, no lo fue menos el tributado en Archidona. En Abd al-Rahman coincidían las circunstancias más favorables para que el pueblo lo considerara como un héroe casi mitológico en el que se unían las cualidades del héroe y las del personaje novelesco que, sin haber tenido que recurrir a malas artes, venia a España para conseguir la paz para todos, inclinado por su espíritu de justicia y no por la vanidad; cosa que hubiera sido explicable teniendo en cuenta que solamente contaba veinticuatro años de edad el día que desembarcó en las playas de Almuñécar. Abd al-Rahman había nacido el año 731 y las noticias que se tienen de su vida han sido adquiridas a través de los cronistas árabes, pues, los cristianos, apenas si hablan de él; quizás porque siendo enemigo, no tenían motivos suficientes para poder censurarlo. No es difícil imaginar la entrada de Abd al-Rahman en Archidona, y no es difícil, tampoco, imaginar su coronación en aquel mediodía del 8 de marzo del año 756. La escena, contada por algunos cronistas, se desarrolló de la siguiente forma: se levantó el predicador para dirigir al pueblo el sermón acostumbrado en aquella fecha y, la expectación entre los concurrentes, aumentó al máximo. El predicador empezó con la fórmula acostumbrada pidiendo bendiciones para el gobernador Yusuf al-Fihiri. A continuación, todo ocurrió en cuestión de segundos; el jefe de la división del Jordán, Chidar, interrumpió las palabras del predicador y, con voz firme y segura, dijo: “no pronuncies más el nombre de Yusuf y sustitúyele por el de Abd al-Rahman ben Muawiya, por que él es nuestro emir, hijo de nuestro emir”. A continuación y dirigiéndose a la multitud, dijo: “Pueblo de Raya, ¿qué piensas de lo que acabo de decir?”. Y el pueblo, con un entusiasmo indescriptible, contestó: “Pensamos como tú…”. El jatib, después de estas palabras, hizo votos por la felicidad de Abd al-Rahman y el pueblo archidonés juró obediencia y fidelidad al nuevo príncipe de los creyentes. Archidona, el pueblo que por los fenicios y cartagineses había sido titulado cabeza principal y que los romanos habían seguido llamándolo con el nombre de reina o señora de los alcázares, acababa de coronar al primer emir de al-Ándalus consiguiendo, con ello, seguir ocupando un lugar preferente en la historia de aquellos tiempos.
Ricardo Conejo Ramilo De Historia de Archidona. |