Serena Luz, en quien presente espira divino amor, qu’enciende i junto enfrena el noble pecho, qu’en mortal cadena al alto Olimpo levantars’aspira;
ricos cercos dorados, do se mira tesoro celestial d’eterna vena; armonía d’angélica Sirena, qu’entre las perlas i el coral despira:
¿cuál nueva maravilla, cual exemplo de la inmortal grandeza nos descubre aquessa sombra del hermoso velo?
Que yo en essa belleza que contemplo (aunqu’a mi flaca vista ofende i cubre), la inmensa busco, i voi siguiendo al cielo.
Fernando de Herrera |
Viví gran tiempo en confusión perdido, i todo de mí mesmo enagenado, desesperé de bien, qu’en tal estado perdí la mejor luz de mi sentido.
Mas cuando de mí tuve más olvido, rompió los duros lazos al cuidado d’Amor el enemigo más onrado, i ante mis pies lo derribó vencido.
Aora que procuro mi provecho, puedo decir que vivo, pues soi mío, libre, ageno d’Amor i de sus daños.
Pueda el desdén, Antonio, en vuestro pecho acabar semejante desvarío, antes que prevalezcan sus engaños.
Serena Luz, en quien presente espira divino amor, qu’enciende i junto enfrena el noble pecho, qu’en mortal cadena al alto Olimpo levantars’aspira;
ricos cercos dorados, do se mira tesoro celestial d’eterna vena; armonía d’angélica Sirena, qu’entre las perlas i el coral despira:
¿cuál nueva maravilla, cual exemplo de la inmortal grandeza nos descubre aquessa sombra del hermoso velo?
Que yo en essa belleza que contemplo (aunqu’a mi flaca vista ofende i cubre), la inmensa busco, i voi siguiendo al cielo.
Fernando de Herrera |