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ANEXOS |
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- Periodización: las épocas de Juan Ramón Jiménez

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La división de la actividad lírica de Juan Ramón en “épocas” o “períodos” con cohesión interna, ha sido una de las constantes preocupaciones de los críticos juanramonianos. Se trata de una necesidad que ya sintiera y se planteara el propio poeta en sus numerosos proyectos de edición y que, por tanto, no carece de valor objetivo. Algunos críticos utilizan como punto de partida el poema “Vino primero pura…” que, evidentemente, parece posibilitar una adscripción temporal por grupos de poemarios a cada estilo poético. El esfuerzo, aunque legítimo, necesita otro tipo de apoyaturas externas a un poema que fue escrito en una fecha concreta, 1916. Así piensa A. de Albornoz, quien ve en toda la poesía de Juan Ramón momentos de “desnudez” y momentos de “ropaje”, oscilación formal entre sencillez y barroquismo. Sea como fuere, lo cierto es que los intentos de periodización existen. Así –por irnos a un extremo: la complicación– B. Gicovate establece hasta ocho periodos (La poesía de Juan Ramón Jiménez. Obra en marcha) “1.- Preliminar: antes de 1900, en el que se dibujan los primeros afanes líricos, pero en el que no alcanza su talento a expresarse. 2.- Modernismo e influencia de Verlaine (Almas de violeta a Jardines lejanos). 3.- De Elejías a Laberinto: se exacerba una hiperestesia pasiva y se agudiza la capacidad de expresión. 4.-Preocupación por el sentido mismo de la creación poética (Platero y yo, Estío, Sonetos espirituales, Diario de un poeta recién casado, Eternidades, Piedra y cielo). 5.-Preocupación antológica (hasta 1925). 6.-Actividad febril y máxima influencia (hasta 1935): culminación de su energía y de sus fuerzas en la multiplicidad de sus empresas y la precisión de su palabra, casi nunca gratuita. 7.-Enérgico valor en tono ineludible de cansancio (1936-1948). 8.-Periodo final: extrema desigualdad de lo publicado”. No hay, evidentemente, necesidad de llegar a una descripción tan pormenorizada que, por ello, se convierte en frágil y confusa, aunque venga de la pluma de un crítico que aboga por la unidad de un obra en marcha constante. Por otra parte, ahora conocemos mucho mejor la obra última gracias a la edición de Lírica de una Atlántida. Luis Cernuda traza la línea divisoria en torno a 1916 y establece dos momentos en la obra de Juan Ramón: Impresionismo sentimental e Impresionismo intelectual: “Al impresionismo sentimental de sus libros va a ceder, aunque no sin transición, transición que marcan tres libros: Estío (1915), Sonetos espirituales (1917), Diario de un poeta recién casado (1917), un impresionismo intelectual (…) si primeramente la sensibilidad recibía y respondía las impresiones físicas exteriores, ahora recibe y responde las del mundo interior”. La división de la lírica de Juan Ramón en dos grandes épocas es, en efecto, la actitud más generalizada. La consideración del Diario como punto de partida de la segunda, prácticamente unánime. Sin embargo, resultan esclarecedoras estas palabras de Ángel González: “Acepto esta división, con todo género de reservas, porque facilita o simplifica el estudio de las obras de JRJ, permitiendo contrastar y definir la evolución de sus elementos más característicos en el plano de la expresión y el contenido. Pero establecer las fronteras en la obra de JRJ no es tarea sencilla, ni siquiera siempre posible si se intenta fragmentarla en periodos rígidamente delimitados. Estoy de acuerdo con las palabras siguientes de Aurora de Albornoz: “En cierto modo hay motivos para hablar de ‘etapas’, de ‘épocas’, si pensamos que el poeta va siempre hacia adelante, asimilando hallazgos: siempre buscándose en el futuro. Mas acaso esto mismo pueda llevarnos a ver una obra “en sucesión”, con una gran continuidad. Continuidad que no excluye, desde luego, la constante transformación, quizá la continuidad de lo esencial y transformación en lo accesorio”. Sánchez Barbudo, de acuerdo básicamente con este criterio, trata de evidenciarnos la coherencia de la segunda época, centrada en el tema de la plenitud y la eternidad: “Leyendo con atención su obra toda publicada, especialmente a partir del Diario de un poeta recién casado, de 1916, se descubre la existencia de un tema central con eje bien definido, aunque con muchas ramificaciones. Numerosos poemas ofrecen aspectos varios de una misma preocupación básica: temor a la muerte, consuelo con la fama, la nada, ansia de salvación… Y hay, sobre todo, muchos poemas en los que se habla de un vuelo (o al menos de un deseo de vuelo o un conato de vuelo) en que el alma, en éxtasis, llega a identificarse con lo bello contemplado y alcanza así una momentánea eternidad”. Juan Ramón reconoce explícitamente sus dos épocas en declaración a Ricardo Gullón: “El verso quiero reunirlo en dos volúmenes. Uno dedicado a la época que comienza con el Diario, pues este libro da entrada a una época de mi poesía. Desde entonces hasta hoy; desde 1916 a 1953, es decir, entre mis treinta y cinco y mis sesenta y dos años, escribí unos mil poemas. Es decir: cifras equivalentes… El fin de la primera época son los Sonetos espirituales. Mi renovación empieza cuando el viaje a América y se manifiesta con el Diario. El mar me hace revivir”. Sin embargo, las diferencias existentes entre el Diario y Ríos que se van, por ejemplo, han llevado a algunos críticos a hablar de tres épocas en Juan Ramón Jiménez, subdividiendo así la segunda y desgajando la producción del exilio. Exponente de esta actitud es, por ejemplo, Gaos, quien en su edición de una Antología poética agrupa los poemas en tres bloques: 1. De Primeras poesías a Estío. 2. De Diario de un poeta recién casado a La estación total. 3. De En el otro costado a Ríos que se van. Podemos establecer algunos criterios importantes para guiarnos por el laberinto de la producción juanramoniana: 1. Toda la lírica de Juan Ramón se nos presenta con una incontestable unidad que le viene de las constantes e inequívocas ansias de belleza y absoluto del poeta. 2. Esta unidad se nos presenta en sucesión, en constante metamorfosis: como obra en marcha, inacabada, siempre tendente a cimas más altas de desnudez poética y aciertos expresivos. 3. Las diferencias entre las consecuciones poéticas en uno y otro momento provienen –qué duda cabe– de su temporalidad. Es el tiempo y la experiencia que inciden de forma distinta en la escritura poética. Habría que calibrar los siguientes elementos: a) Acontecimientos vitales y experiencias que impresionan la capacidad hiperestética de Juan Ramón. b) Las influencias de época, lecturas, etc., que matizan su actitud estética. c) La propia poesía y el dominio poético, que inciden en el destino de su trayectoria poética. 4. Parece evidente que el Diario de un poeta recién casado es un “salto cualitativo” en su trayectoria poética y que, de alguna manera, divide toda su producción en dos épocas: la anterior y la posterior a 1916, entendidas ambas en su fundamental unidad. 5. Aunque no existe ninguna obra con posterioridad al Diario que marque una línea clara con la fuerza de éste, hoy nos puede parecer adecuado hablar de una tercera época en la obra de Juan Ramón, que recoge su producción del exilio y una espiritualización extrema. Con todo, en el Diario se encuentran germinal o explícitamente contenidos los presupuestos estéticos, los procedimientos y los temas desarrollados en su última producción con nueva intensidad. Tal vez sería más conveniente postular “dos etapas en la segunda época”. Pero, ¿no podría hacerse lo mismo con la primera época colocando como línea divisoria la producción de la etapa moguereña?
Manuel Ángel Vázquez Medel |
- Juan Ramón Jiménez

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En el blanco infinito, nieve, dardo y salina, perdió su fantasía.
El color blanco, anda, sobre una muda alfombra de plumas de paloma.
Sin ojos ni ademán inmóvil sufre un sueño. Pero tiembla por dentro.
En el blanco infinito ¡qué pura y larga herida dejó su fantasía!
En el blanco infinito. Nieve. Dardo. Salina.
Federico García Lorca |
- CRONOLOGÍA

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1881 Nace el 23 de diciembre en la calle de la Ribera número 2, de Moguer, Huelva.
1898 Frecuenta la biblioteca del Ateneo sevillano. Escribe sus primeros trabajos en prosa y verso. Empieza a colaborar en periódicos y revistas de Sevilla y Huelva.
1900-1904 En abril de 1900 llega a Madrid, invitado por Villaespesa y Rubén Darío. Muere su padre. Separa los versos de Nubes en dos volúmenes: Ninfeas y Almas de violeta, que aparecen publicados en septiembre de 1900. En 1901 pasa cuatro meses internado en el sanatorio de enfermos mentales de Castel d’Andorte, en Le Bouscat, Burdeos. Regresa a Madrid, al Sanatorio del Rosario. En 1902 Simarro le pone en contacto con la Institución Libre de Enseñanza. Publica Rimas. En 1903 publica Arias tristes y un año más tarde Jardines lejanos.
1905-1912 Vuelve a Moguer enfermo de neurosis. Momentos de lectura, pintura y explosivo gozo rural. Reactivación de sus temores y presagios angustiosos. En 1908 publica Elegías puras y un año después Elegías intermedias y Las hojas verdes. 1910 es el año de su retiro a Fuentepiña y de la publicación de Baladas de primavera y Elegías lamentables. En 1911 el Banco de España decreta la ruina de los Jiménez como herederos de un capital embargado. Publica Pastorales, La soledad sonora y Poemas mágicos y dolientes. Corre el año 1912 cuando ve la luz Melancolía.
1913-1915 Se instala en Madrid. Publica Laberinto. Conoce a Zenobia Camprubí. Se traslada a vivir a la Residencia de Estudiantes. En 1915 todos los bienes de la familia Jiménez son embargados y vendidos en pública subasta por los Bancos de España y de Bilbao.
1916-1923 En 1916 Juan Ramón y Zenobia se casan en Nueva York. Es elegido miembro de la Hispanic Society of America. Publica Estío, la edición completa de Platero y yo, Sonetos espirituales, Diario de un poeta recién casado, Eternidades, Piedra y cielo y Poesía y Belleza. Aparecen sus antologías Poesías escojidas (1899-1917) y Segunda antolojía poética.
1924 El poeta y su esposa visitan Granada invitados por Federico García Lorca y su familia.
1925-1928 Surgen sus dos cuadernos poéticos Unidad y Obra en marcha. En 1928 muere en Moguer la madre del poeta
1930 Primer proyecto de publicación de su obra completa. Viaje de Zenobia y Juan Ramón por Soria, Logroño, Pamplona, San Sebastián, Bilbao, Santander, Asturias, Santiago de Compostela, Vigo y León.
1932-1933 Juan Ramón ve publicados su nuevo cuaderno poético, Sucesión, y una serie de veinte cuadernos editados por el poeta, Presente. Zenobia prepara para los niños Poesía en prosa y verso de Juan Ramón Jiménez.
1934 Prohíbe la inclusión de sus versos en todas las antologías de poesía. Graba su voz en un disco del ‘Archivo de la Palabra’.
1935 Emprende la ordenación de su obra definitiva. Hojas, último cuaderno poético publicado por Juan Ramón. Rehúsa una invitación para ocupar un sillón en la Academia Española.
1936-1939 En 1936 aparece Canción –primer tomo de su proyectada obra completa– y abandonan España por La Junquera rumbo a Nueva York. Arriban a Puerto Rico. En noviembre se trasladan a Cuba. Interviene en diversos actos en apoyo del gobierno republicano. En 1938 viaje de tres meses a Nueva York. Un año más tarde los Jiménez abandonan La Habana y se trasladan a Coral Gables, Miami.
1940-1942 Hospitalización del poeta en el Hospital de la Universidad de Duke. Publica Españoles de tres mundos (1942).
1943-1945 Se instalan en Washington. Nuevo rechazo de Juan Ramón a ocupar un sillón en la Real Academia Española. Publica en México Voces de mí copla. Dicta cursos de Lengua Española en la Universidad de Maryland.
1946 Publica en Buenos Aires La estación total, y en México, El Zaratán. Nueva crisis depresiva del poeta: seis meses hospitalizado en el Washington Sanitarium and Hospital, de Takoma Park.
1947 Abandonan Washington y se instalan en Riverdale, en una casa de su propiedad. Se inaugura en Moguer la Biblioteca Pública Juan Ramón Jiménez.
1948 Publica Romances de Coral Cables. Viaje triunfal a la Argentina. Breve estancia en Montevideo.
1949-1952 La salud del poeta empeora y es hospitalizado en varias ocasiones. Publica Animal de fondo (1949). En 1951 el matrimonio regresa definitivamente a Puerto Rico. Zenobia es operada de cáncer de matriz en Boston. Total recuperación del poeta en 1952
1953-1955 En 1953 termina Dios deseado y deseante, y escribe poemas para En el otro costado, Una colina meridiana y De ríos que se van. Un año más tarde Poesía Española publica Espacio. Recaídas de Zenobia y de Juan Ramón, que pasa cuatro meses hospitalizado. En 1955 la Universidad de Puerto Rico cede al matrimonio la que pasará a llamarse Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez. Nueva hospitalización del poeta.
1956 Doble viaje de Zenobia a Boston para someterse a una operación. La Academia Sueca otorga a Juan Ramón el Premio Nobel de Literatura. Muerte de Zenobia.
1957 Se publica en Madrid la Tercera antolojía poética. Juan Ramón es internado en grave estado de abandono en el Hospital Psiquiátrico de Hato Tejas. Un mes después vuelve a la Universidad.
1958 En febrero, el poeta sufre una caída y se fractura la cadera derecha. El 29 de mayo muere en Puerto Rico, tras un ataque de bronconeumonía.
-> véase Periodización: las épocas de Juan Ramón. |
- Juan Ramón y la Guerra Civil

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Otra imagen que es preciso desterrar, antes de construir un perfil más auténtico de las actitudes éticas y estéticas de Juan Ramón, es la del hombre insensible ante los problemas de la sociedad: el apolítico en el peor de los sentidos de esta palabra, el hombre recluido en su propia ideología de la Belleza. Es cierto que esta tarea es hoy bien fácil: basta remitir a la lectura del libro Guerra en España. Aquéllos que pensaban que Juan Ramón se encerró en sí ante la mayor tragedia que los hombres de su tiempo vivieron estaban equivocados. Si las declaraciones que hasta ahora conocíamos sobre su amor al pueblo y a la democracia, sobre su fidelidad a la República, eran ya incontestables, este aluvión de textos recogidos bajo el signo único y conflictivo de una España en lucha nos obliga a contemplar con respeto y admiración al poeta moguereño. Juan Ramón, ante el doloroso espectáculo de la guerra reafirma su independencia, profundiza en el papel del poeta en la hora presente, y extrema la dialéctica de realidad e idealidad. Pero, como hombre, se permite el gesto espontáneo de trazar a lápiz bajo una foto de Franco y sus generales: “Los defensores de la ‘Civilización cristiana occidental’. Chulería y taberna. La chulapona y los bajos. Coro”. No puede evitar, a pesar de su ideal rechazo de toda fuerza física y de toda violencia, escribir bajo una foto del ejército de Franco: “El rebaño con resorte”, mientras bajo una foto parecida de los gudaris por la capital vizcaína saliendo hacia los frentes exclamaba: “¡Qué hermoso!”. Nunca dudó Antonio Machado del talante de Juan Ramón, y las palabras de don Antonio, escritas en Valencia el 12 de septiembre de 1937, cuando daba ya la guerra por perdida, son, ciertamente, y por voluntad del propio Juan Ramón, el mejor de los prólogos posibles a la Guerra en España: “Siempre pensé –afirma Machado– que Juan Ramón Jiménez, en España o fuera de España, allí donde se encontrase, estaría con nosotros, con los amantes del pueblo español, del lado de nuestra gloriosa República: y deseaba –porque nunca faltan malsines que gustan de enturbiar la opinión sobre la conducta de los excelentes– que esta convicción mía ganase la conciencia de todos [...]. Bien hizo el Servicio Español de Información en publicar hace ya muchos días, las palabras de nuestro gran lírico a su llegada a América”. Y concluye: “Mucho alienta escuchar las voces de los buenos –su claro timbre español–, en los momentos más trágicos, que han de ser también los más fecundos, de esta magnífica soledad española”. Juan Ramón, sinceramente dolorido ante la certeza del desgarro fatal de la guerra, proclama su fe en el pueblo: “El destino de un país está siempre en su pueblo; corre natural y libre con su pueblo, por debajo y por encima de toda intromisión. Por debajo y por encima. Lo otro, lo entremetido propio o ajeno es lo artificial, lo aparente, lo falso; es lo ‘contradiós’, como dice mi pueblo andaluz. España, el pueblo de España deshará, estoy seguro, la apariencia, el artificio y la falsía estraños o contrarios en su corazón –naturaleza y destino– entre su honda y alta verdad”. “Con mi pueblo siempre” titula Juan Ramón un fragmento que sintetiza cuanto repite una y otra vez estos años: “Soy hombre libre, lo fui siempre y estoy seguro de seguir siéndolo hasta el fin, a menos que una enfermedad de conciencia, no lo permita mi destino, me invalide. Nunca he querido encadenarme a ningún partido político, aunque tenga mi lógica preferencia, porque los partidos suelen imponer complicación y volubilidad y yo quiero ser claro y seguido idealista. Pero siempre también, desde mi primera juventud, fui un enamorado partidario del pueblo, de mi pueblo, en quien mis ideales tomaron forma y sentido. En la propia fuente única del pueblo y en su esquisita selección tradicional –nadie más fino ni más delicado que el pueblo español para inventar y escojer– aprendí a elevarme. Si yo soy individualista como buen andaluz, y como buen español quiero ser exacto, es por comprensión de mi pueblo. Yo no exalté nunca lo menos popular de mi pueblo, lo que mi pueblo aprende y copia tristemente de la vulgaridad de nuestras clases, sino lo más sensitivo y lo más noble, lo más natural de su corazón y de su cabeza. Y hoy más que nunca, testigo palpitante de su vida y su muerte, estoy convencido de que el pueblo es la mejor parte, la semilla pura y la verdadera esperanza de España. Es necesario estar ciego o querer estarlo para no verlo así. Afirmo muy alto, una vez más, que admiro apasionada o serenamente, según el instante, a mi pueblo maravilloso; que soy popularero por libertad, por sentido común, por honradez y por amor”. Podemos preguntarnos: ¿Cuál es esa “lógica preferencia” política a la que alude Juan Ramón? Creemos encontrar una respuesta clara en este fragmento en el que su íntimo sentido de libertad se traduce ahora en desacuerdo con los dirigentes republicanos durante la guerra: “Los políticos republicanos de la última República española que hoy siguen intentando vanamente una represalia no están capacitados para volver a gobernar, puesto que si desperdiciaron una ocasión mucho más favorable que la actual, ¿qué harían ahora? Si Besteiro no hubiese muerto, podría haber sido la cabeza de un intento nuevo. Una monarquía española es ahora una hipocresía incubada por la gran hipócrita Inglaterra para su conveniencia particular; es necesario estar muerto en vida para no comprender que asistimos al comienzo de una nueva época del mundo y que las monarquías no son de esta época”. Juan Ramón, finalmente, afirma que la mejor solución para España sería un gobierno democrático; defiende la evolución sobre la revolución entendida como imposición violenta –“todo lo que sea política retrógrada significa el camino hacia la revolución violenta”–; piensa que nuestra época debe estar marcada por el sentido colectivista y federativo.
Manuel Ángel Vázquez Medel |
- Antología de Juan Ramón Jiménez

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¿Torre de marfil, etc.?
Mi “apartamiento”, mi “soledad sonora”, mi “silencio de oro” (que tanto se me ha echado en cara, y siempre del revés malévolo, y tanto me han metido conmigo en una supuesta “torre de marfil”, que siempre vi en un rincón de mi casa y nunca usé) no los aprendí de ninguna falsa aristocracia, sino de la única aristocracia verdadera y posible. Los aprendí desde niño, en mi Moguer, del hombre del campo, del carpintero, del albañil, del talabartero, del encalador, del alfarero, del herrero, que trabajaban solos casi siempre en lo suyo, con el cuerpo en el alma, y los domingos muchas veces como yo, los desiertos domingos interiores, por la verdad, la fe, la alegría de su lento y gustoso trabajo Diario. Yo era torrero de marfil, para ciertos algunos, porque no iba a los corros del café, de la revista, del casino, del teatro, de la casa de prostitución. No, no iba; no iba porque iba al campo y me paraba con el pastor, o la lavandera; al taller y hablaba con el impresor, el encuadernador, el grabador, el papelero; al hospital a ver al enfermo y la enfermera; a la plaza (mis queridas plazas de Moguer, de Sevilla, de Madrid, de donde fuera), en cuyos bancos conocí a tanta jente mejor, viejos, muchachas, niños, ociosos de tantos trabajos, y con tantas historias y tantos sueños.
Poesía pura
Vino, primero, pura, vestida de inocencia. Y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo de no sé qué ropajes. Y la fui odiando sin saberlo.
Llegó a ser una reina, fastuosa de tesoros… ¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
…Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica de su inocencia antigua. Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica y apareció desnuda toda… ¡Oh pasión de mi vida, poesía desnuda, mía para siempre!
De Eternidades.
Los críticos empezaron a decir, como siempre, las mayores tonterías sobre la pureza poética, en este caso confundiéndola con la castidad, la moralidad, etc. No, nada de eso. La poesía pura puede ser, decía yo, todo lo demás si es pura; puede ser casta o lasciva, puede venir del estiércol o del diamante. Lo puro en poesía no tiene nada que ver con la moralidad. Y, además, puede ser oscura o demoníaca. Poesía pura no es poesía casta, ni noble, ni química, ni aristocrática ni abstracta. Es poesía auténtica, poesía de calidad. Poesía que espresa de manera orijinal, aguda, rara, directa, viva en suma, un fenómeno espiritual o material, objetivo o subjetivo, corriente o estraño, feo o hermoso, alto o bajo, estenso o breve.
Azotea abierta
Sí, cuando yo empecé a poner al frente de mis libros “a la minoría siempre”, estaba pensando que la minoría se encuentra en todas partes, en el pueblo ‘cultivado’ por sí mismo, tanto o más que en el hombre ‘culturado’ en los libros de las ciudades. Me afirmé en mi idea luego que comprobé con mis propios versos, que jente del campo poco ‘instruida’ se interesaba en la poesía (...) Yo creo que en mi escritura poética, verso y prosa, está mi emoción dirijida instintivamente, es claro, a todos; que todos, niños, jente del pueblo y del campo, jente internacional puede encontrar lo suyo en ella y esto es para mí lo mejor de mi poesía (...) Y aunque tanto se ha dicho de mi torre de marfil, yo siempre me reí de ella y hace ya mucho tiempo que dije, como definición estética mía, ‘azotea abierta’. Alto y para todos.
Platero
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes, gualdas... Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal... Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel... Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: -Tien’asero... Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
De Platero y yo.
El viaje definitivo
... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron; y el pueblo se hará nuevo cada año; y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, mi espíritu errará, nostáljico...
Y yo me iré, y estaré solo, si hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido... y se quedarán los pájaros cantando.
De Poemas agrestes.
Cuando yo era el niñodiós
Cuando yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo, una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro. Cada casa era palacio y catedral cada templo; Estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo; y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro, alegres como las nubes, como los vientos, lijeros, creyendo que el horizonte era la raya del término.
Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo después del primer faltar, me pareció un cementerio. Las casas no eran palacios ni catedrales los templos y en todas partes reinaban la soledad y el silencio. Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto, con Concha la Mandadera, toda de negro con negro, que, bajo el tórrido sol y por la calle de Enmedio iba tirando doblada del niñodiós y su perro: el niño todo metido en hondo ensimismamiento, el perro considerándolo con aprobación y esmero.
¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodiós huyendo? ¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero! ¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo: ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero, morir siendo el niñodiós en mi Moguer, este pueblo!
De versión última de Nubes sobre Moguer recogida en Leyenda. |
- Andaluz universal

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Juan Ramón es el primer creador que se otorga a sí mismo el calificativo de “andaluz universal” –antes de que la expresión comenzara a ser un tópico algo gastado– como él mismo indica en el Recuerdo a José Ortega y Gasset, publicado en Clavileño en 1953: “Yo tenía conciencia de que era andaluz, no castellano, y ya consideraba un diletantismo inconcebible la exaltación de Castilla […] Mi idea instintiva de entonces y consciente de luego, era la exaltación de Andalucía a lo universal, en prosa, y en verso, a lo universal abstracto; y como creo que es verdad que el hábito hace al monje, yo me puse por nombre ‘el andaluz universal’ a ver si podía llenar de contenido mi continente”. Que llenó de contenido ese continente está fuera de toda duda, como lo está el hecho de que en su palabra poética haya quedado Andalucía permanentemente exaltada. Exaltada con la fuerza de quien canta lo que, de algún modo, pierde. Pero exaltada sin reduccionismos ni exclusivismos –recordemos, por ejemplo, su visión negativa de los regionalismos excluyentes: “qué cosa tan muerta, tan triste, tan pobre, el arte ostálgi, la literatura ostálgi. Llevad lo ostálgi a lo universal”–. Por ello, cuando Juan Ramón, “obligado desertor de Andalucía”, recapitula en Espacio todo lo vivido y todo lo ostálgi, vuelve al campo amarillo de la infancia y descubre las claves de su existencia –dulce como la luz es el amor– en una ciudad, Nueva ost, que “es igual que Moguer, es igual que Sevilla y que Madrid”. Este universalismo, ajeno a los nacionalismos excluyentes y a los patriotismos vacíos se expresa, formulado como pregunta, en el poema ‘Patria’: “¿De dónde es una hoja transparente de sol? (¿De dónde una frente que piensa, un corazón que ansía?) ¿De dónde es un raudal que canta?”. Y aunque Juan Ramón defiende, junto con las alas que hacen libres, las raíces que vinculan al hombre con su ámbito y con su tierra, proclama: “Raíces y alas, pero que las alas arraiguen y vuelen las raíces a continuas metamorfosis”. En justo equilibrio y reciprocidad afirma: “Universal, pero universal diferenciado. Si no, no”. Tal formulación, que puede parecer paradójica, constituye el corazón mismo de una identidad andaluza universalista y no excluyente. En cualquier caso, el rechazo de Juan Ramón hacia el centralismo españolista de Madrid no admite duda alguna: “España, no más Madrid […]. ¡España, Francia, países de absurdo centralismo intelectual y triste! Obligado desertor de Andalucía, por eso, y ostálgico habitante simultáneo de toda mi grande, hermosa, eterna España, detesto cada día nuestra ridícula necesidad madrileña. En mi movimiento interno, toda idea de capitalidad la relaciono siempre con una Sevilla posible o con una imposible generalidad”. Los textos que testimonian el intenso amor de Juan Ramón por Andalucía son numerosos, pero tal vez ninguno tan claro en su contundencia como estas palabras dirigidas a Isabelita García Lorca tras su viaje a Granada en julio de 1924: “Mi porvenir, como mi pasado, está en Andalucía y sólo en Andalucía. Los andaluces tenemos que quererla tanto que por nosotros se derrame en todo el mundo, no universalizándose ella –para tu hermano Federico el conmovedor–, sino andalucizando nosotros el mundo entero”. Por ello, Juan Ramón merece, con pleno derecho, ser considerado el “padre cultural” de la nueva Andalucía.
Manuel Ángel Vázquez Medel |
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