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ANEXOS |
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- Linares, en su encrucijada

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Del esplendor de la minería del plomo sólo le queda a Linares un numeroso y disperso patrimonio arqueológico e industrial que mantiene todavía en pie chimeneas y cabrias de los pozos, salpicados por un paisaje donde la dehesa se impone al olivar. Una de estas cabrias, espectacular, se alza ahora sobre la rotonda del Polígono de Los Jarales para recibir a los visitantes que llegan a la ciudad desde la autovía Bailén-Granada. Con este gesto urbanístico, menor si se quiere, Linares retiene para la memoria cotidiana uno de los pasajes más intensos de su historia contemporánea, que la encumbró como ciudad industrial y la hundió a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo pasado en una profunda crisis económica y social. Desde entonces, la genética social linarense ha quedado marcada para siempre por una mezcla singular de voluntad y orgullo. Se rehizo pasando del mineral a las cuatro ruedas. Aquella vieja imagen del primer Land Rover saliendo por la puerta de la Metalúrgica de Santa Ana, en los primeros años cuarenta, ha sido sustituida por la de los modernos y poderosos Aníbal, en sus versiones civil y militar. Un reciente acuerdo de comercialización con la multinacional Iveco va a permitir comercializarlos en todo el mundo. Es el fruto del plan estratégico de Santana Motor, compañía heredera de la primitiva metalúrgica, en torno a la cual se está creando un grupo industrial diversificado, en el marco de un minucioso plan que busca la alianza de la producción con la investigación y el desarrollo. Pero antes, en la década de los años noventa del siglo pasado, la ciudad tuvo que rehacerse de nuevo tras la crisis de la factoría automovilística. Sufrió el segundo mazazo. La multinacional Suzuki dio el portazo y dejó abocada al cierre a Santana. Empujó la ciudadanía linarense; se rebeló y la Junta de Andalucía tomó las riendas de un enfermo terminal para ingresarlo en la unidad de cuidados intensivos. Hoy, ese enfermo ya está en planta, sigue fabricando vehículos todo terreno, pero también vagones de trenes y de metro, además de aerogeneradores. Es su plan de diversificación, explicitado en sendas alianzas con dos gigantes del sector como son CAF y Gamesa. Apuesta de futuro por el ferrocarril, sobre el que los planes de infraestructuras prevén un importante desarrollo; y por la energía eólica, con buenas expectativas para las próximas décadas. Ya se habla en estos primeros años del nuevo siglo de una Santana reinventada, de un Linares distinto, que mantiene su impronta industrial, pero que en paralelo se ha convertido en una ciudad terciaria, con los servicios y el comercio en pleno auge: no quiere depender de un solo pilar para sostenerse, porque ha aprendido que si se resquebraja su entramado social se desploma. Y en estos afanes andan ocupados sus habitantes y los gobernantes municipales, con el espíritu reivindicativo legado por esa sociedad del diecinueve, pujante con los buenos vientos de las minas y agitada y revuelta cuando se torció el rumbo de la prosperidad. La moderna cartografía de Linares esboza con trazo firme el diseño de la ciudad para el siglo XXI, con certezas y no pocas incertidumbres. La batalla no está ganada, pero los indicios son esperanzadores. La aventura compartida con las administraciones debe colocar en el plano un nuevo campus universitario tecnológico, que se ha peleado hasta en la calle con movilizaciones ciudadanas; también un centro logístico de transportes y los nuevos accesos por carretera, con el trazado de la autovía hacia el Levante; sus rondas de circunvalación; nuevas urbanizaciones; la ampliación de su campo público de golf a 18 hoyos; la promoción permanente de las ruinas de la esplendorosa Cástulo, centro ibero y romano de primera magnitud; y el último proyecto que se ha puesto en marcha para impulsar y dar valor a su patrimonio: la declaración del antiguo distrito minero de Linares, que abarca a varios municipios de la comarca, como Patrimonio de la Humanidad. Industria, comercio, servicios y patrimonio en su nueva hoja de ruta para ganarse el futuro bajo la atenta e imperturbable mirada de la estatua del minero que domina otra rotonda, la de la plaza Aníbal e Imilce. Historia a fin de cuentas.
Miguel Ortega |
- Linares flamenco

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Esta ciudad con sabor a mina y a landrover, pasa por ser uno de los principales ejes flamencos de Andalucía y, por ello, de la provincia de Jaén, junto a La Carolina. Alberto García Reyes atina al sugerir que “al igual que en Almería el cante llega a esta zona gracias al auge minero, por lo que su principal estilo es la taranta”, liderada por el Tonto Linares, la Niña de Linares (nacida en 1911 y que alternaría en Madrid con Manuel Vallejo y Pepe Marchena), el Niño de Linares –que fue de gira con Manuel Vallejo y Juan Varea con el espectáculo ‘Solera flamenca’ de 1947 y cuyo apodo heredó un cantaor actual— Basilio, El Cabrerillo, Gabriel Moreno y, actualmente, Carmen Linares”. También se dan en esta zona los cantes por temporeras, destacando la aceitunera. Uno de los más importantes representantes de su historia fue el cantaor de Andújar Rafael Romero El Gallina, pero también creadores más jóvenes como Pedro de Linares, nombre artístico de Pablo Pardo, que nació en Orán, en Argelia, de padres andaluces, pero que pasó a residir en esta ciudad desde muy niño. A dicha nómina, más allá del cante, hay que sumar la estela del bailaor cómico Pepe Linares, que Angelillo paseó por media España.
Juan José Téllez |
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