Es tarde ya para decir palabras, es tarde ya para mudar los ríos. Es muy tarde. Mirándose a la luna, la noche se desnuda de su noche.
Todas las primaveras se han dejado últimas golondrinas disecadas sobre viejas repisas. Ya no vuelve ninguna, de su vuelo arrepentida.
Qué tarde es ya para sembrar poemas y aguardar su blancura ni su fruto. Ya es tarde, sí, para gritar estrellas que el cielo entre su luz nos arrebata.
Ya es tarde. Siempre es tarde, aunque la dicha ponga banderas de color y antorchas, y una lírica marcha nos aclame al llegar nuestro tren, mientras sentados nos esperan, abriendo sus preguntas, todos los que, si alegres, no comprenden que nunca hay estación cuando es tarde.
Elena Martín Vivaldi. De Cumplida soledad (1954-1958). |