A Carmen Romero
No definen sus formaciones sotabancos ni pináculos; no abarcan en la cal lo estricto. Se deliberan en sí mismos como inducidos por las tejas: última escoda antes de un cielo que los conmina a ser más ágiles. Surgen ya recorridos; burlan, en el carril del friso, un ralo jaramago que no se atiene al disoluto canon jurídico. Manchas enfoscan mapas húmedos; arqueología y aporía en el mental plano de arranque. El recorrido se convierte ahora en recta y gruesa faja, por donde asoman como hebras de leve gasa las cornisas: ramal que los dispersa y hunde hasta los dovelajes bajos. ¿Enuncian un patrón, se rinden al propio desarrollo entero? ¿Saltan a otro despliegue, logran cualquier formulación de esquema y se entreabren, pugnan, muerden el escuadrón de las barandas? Ya sólo apuntan a un exceso, a una fébril idea métrica. Ya sólo tienen una insólita meta radial: equivocarse.
Vicente Núñez De Mío Amor. |