Tantos días pierdas de enero, tantos días pierde el ajero. El ajo es muy venturero en el precio. Tiene la ventaja que para la escasez de agua, junio, ya está fuera; pero son muy trabajaos y luego hay que enristrarlos. La tierra se prepara echando un poco de estiércol, no mucho, y al mancajarlo amoníaco. Se ara muy bien ará y se siembra a reguera. Se empieza a regar desde que muestra la falta, desde abril. Entrando mayo no se pueden mancajar, porque se pierden. Cuando se pasa de colorcillo ya está para arrancarlo. Se arranca y se pone en una habitación y lo dao es enristrarlo bien, cada bracillo lleva 16 pares, que luego se une a otro de 16 pares y eso es una ristra. Recién arrancaos pesan mucho, pero luego merman, casi la mitad. Todo lo que está colgado merma mucho por el aire. Aquí se usa el año entero, en casi todas las comidas: sopas, migas, ensaladilla de cebolla, crudos con el cocido o con el tocino: la cabeza de ajo que echan al estofao se echa entera y se le llama la perdiz. Pero cuando más se gasta es en las matanzas. Sólo con pan no se ha comido aquí, pan y cebolla, sí.
Pío Navarro De Tratadillo de agricultura popular, 1981 (Las Alpujarras). |