El amplio término de Alcalá de Gazules, casi medio millar de kilómetros cuadrados, es terreno pedregoso, no muy fértil, dominado por montañas –El Picacho, Toconeras, El Aljibe– y abundante en riachuelos, pero de un clima acreditado como muy sano. Allí fueron enviados en 1819 muchos de los soldados españoles que combatían en América a los criollos independentistas y que volvieron contagiados de fiebres amarillas; sus aguas son medicinales, aunque paradójicamente las más apreciadas sean las de Fuente Hedionda, que dicen devuelve su belleza a los cutis con afecciones. Gente bravía (Gazules significa en árabe aguerridos), sus habitantes rechazaron fieramente a los franceses, aunque luego éstos, en un descuido, incendiaran la población durante la Guerra de la Independencia. Después, a lo largo del XIX, esas sierras, vecinas de Gibraltar, fueron camino preferida por los contrabandistas en ruta desde el Peñón hacia las grandes ciudades andaluzas. También fue, como no, refugio de bandoleros. Luego, a contrabandistas y bandoleros sucedieron los cazadores, todavía hoy son montes frecuentados por ellos. De principios de ese siglo XIX data parece el denominado baile del gazpacho, que bailan en parejas hasta 12 personas y se acompaña de verdiales locales, que muestran sus peculiaridades respecto a los malagueños. |