inicio quiénes somos normas de uso abreviaturas contacto
Andalucía Cultura

BÚSQUEDA DE TÉRMINOS



Acceso a búsqueda avanzada

TÉRMINOS VISITADOS  


TÉRMINOS RECIENTES

AGENDA CULTURAL
   Bodas de Sangre: Programación en Jaén
   Taller de creatividad dinamizado por Yanua para celebrar el Día Internacional del Libro Infantil
   Taller de fin de semana: Fotografía + Ciencia: fotografiando lo imposible



CON LA COLABORACIÓN DE



 
TÉRMINO
- ALMERÃA, PROVINCIA DE
  ANEXOS
 
  • Los paisajes de Almería  Expandir
  • Las características geológicas y topográficas, las formas de terreno abarrancadas, el clima seco y de fuerte insolación y la vegetación esteparia son características de los paisajes almerienses, que han llamado la atención de muchos viajeros. La sucesión transversal de montañas y valles, atenuada hacia el este hasta desaparecer, no es más que el borde oriental de las sierras béticas, originadas en los grandes movimientos alpinos del Mioceno (hace más de 20 millones de años), que pliegan materiales calizos (depositados en una antiguo mar situado más al norte del actual Mediterráneo) e involucran rocas más antiguas (cuarcitas, pizarras, mármoles…) del macizo bético-rifeño. Son de norte a sur las sierras de María (2.045 metros), las Estancias, los Filabres, Sierra Nevada (2.600 metros en esta parte) y las depresiones y valles de Chirivel, Almanzora y Nacimiento. En las cercanías del mar, las de Gádor-Alhamilla, unidad ésta que se rompe por una fosa tectónica recorrida por el Andarax, al igual que entre Gádor y la Contraviesa (ya en Granada) por el valle del Adra.
        Estas estructuras vienen a ser una versión de las andaluzas en general desde Sierra Morena a la costa y explican un poblamiento de pueblos pequeños de origen andalusí en los valles (propiciadores de caminos y carreteras, autovías ahora) en las laderas bajas. Y es que estamos en un espacio cuya aridez aconseja los asentamientos en esas especies de oasis que forman ríos y ramblas en un paisaje norteafricano.

        Efectivamente, la parte central y oriental almeriense se incluye en un clima mediterráneo subdesértico con puntos de verdaderos desiertos, pues en Cabo de Gata las precipitaciones anuales están en torno a los 170 litros por metro cuadrado, de los que casi el 60% caen entre octubre y enero, muchas veces por las denominadas gotas frías, y sólo el 13% entre mayo y septiembre, siendo inexistentes en julio y agosto. Y es que la circulación atmosférica general en Andalucía va de oeste a este y cuando llegan borrascas (no siempre, debido a la latitud, a diferencia de la Cornisa cantábrica, o incluso de la Meseta) descargan antes de llegar a Almería. Pues los vientos húmedos han atravesado el murallón de Sierra Nevada, donde puede llover en barlovento u oeste,  bajando el aire seco al este o sotavento.

        La misma ciudad de Almería recibe unos escasos 230 milímetros, Níjar casi 300 y algo similar Albox en el Almanzora. Hay que irse a las cabeceras de los valles, a los altiplanos o las montañas para ver aumentar algo esas cifras; por ejemplo, 423 en Chirivel, 400 en Serón o 415 en Bacares (éste ya a 1.213 m. de altitud). La fuerte insolación y la abundancia de días anticiclónicos despejados, notas características del clima andaluz en general, se acusan más en esta parte oriental y por eso se instala en el Calar Alto uno de los observatorios astronómicos de importancia mundial. Las temperaturas son así algo más altas que las correspondientes a la latitud y en la mayor parte del territorio llano o bajo se alcanzan o superan los 18ºC de media anual (la más frecuente en Andalucía), como Almería, Pulpí, Berja, Gata (18,2ºC) o los casi 19ºC de Albox. Las medias de los meses veraniegos se sitúan alrededor de los 26ºC en la costa y de 28ºC en los valles (las temperaturas en determinadas horas del día pueden rozar los 40º). Mientras el invierno es muy suave con medias de enero de 12ºC (Almería) o 14ºC (Cuevas de Almanzora), todo ello según datos de Capel Molina (1990).
        No es de extrañar, pues, la escasez de vegetación, que en las partes bajas es francamente esteparia (esparto, palmito, retama…) y en la montaña, de tipo mediterráneo inestable (encinas, tomillo, romero…). Los espacios protegidos son por lo tanto aquí más necesarios, si cabe, y existen los parques naturales de Sierra Nevada* , Sierra de María* y Cabo de Gata-Níjar* ; más los Parajes naturales de Sierra Alhamilla* , Punta Entinas* , Desierto de Tabernas* , Karst en Yesos de Sorbas* y la Reserva Natural de la laguna de Adra* . Sin embargo, este clima tiene un gran atractivo turístico y hace unas décadas justificaba el rodaje de películas en un paisaje similar al Oeste americano (Campo de Tabernas, de yesos y arcillas con erosión fluvial de barrancos o badlands sin apenas vegetación) y hoy explica mucho de la nueva agricultura, sustentada principalmente con aguas subterráneas, extraídas en algunos casos de manera excesiva para el equilibrio de los acuíferos.

    Gabriel Cano
  • Almería contemporánea: entre el atraso y la modernización  Expandir
  • Almería adquiere definitivamente carta de naturaleza provincial con la división de España en provincias, realizada por Javier de Burgos Olmo en el Real Decreto de 30 de noviembre de 1833. Pese a ser una de las provincias españolas más olvidadas por los poderes centrales, convivieron en su territorio rasgos de atraso y claros intentos de modernización durante los últimos 200 años. Entre los primeros cabe señalar la agricultura tradicional, el aislamiento, el analfabetismo, la emigración, el rentismo, el caciquismo y el cunerismo político. Entre los de modernización se encuentran la integración de la economía en los mercados internacionales, el cosmopolitismo, la consolidación de una cultura liberal-progresista, la presencia temprana de una corriente democrática republicana, la apertura en ideas y la tolerancia propias de ciudades y provincias de mar.

        Los rasgos de atraso y los intentos de modernización del pasado han dado paso en los últimos 30 años, coincidiendo con la democracia restaurada, a un espectacular crecimiento y desarrollo que abarca todos los aspectos de la vida económica, social y política. Estamos ante una de las provincias que daba los índices más bajos de renta per cápita de España en los años cincuenta y hoy es una de las provincias andaluzas mejor situadas en renta y en bienestar social. La estructura productiva de la provincia (2001) ha conseguido que la aportación al Producto Interior Bruto (PIB) nacional esté próxima al 1% y que el PIB per cápita supere el 80% respecto a la media nacional. Estamos ante lo que se ha dado en llamar el milagro almeriense de las últimas décadas en las que la economía provincial ha ido recortando año tras año sus diferencias con los indicadores macroeconómicos nacionales una vez alcanzado el liderazgo a escala regional. Desde 1995 mantiene un ritmo de crecimiento estable por encima de la media andaluza y nacional.

        El análisis de algunos de esos rasgos de atraso e intentos de modernización ayuda a comprender la historia contemporánea de la provincia y a valorar con mayor dimensión el salto espectacular experimentado en el momento presente. Se puede afirmar que los almerienses han sabido coger del pasado los aspectos modernizadores, aprender de sus fracasos, romper por fin el aislamiento y desechar el arcaísmo de los años difíciles de la edad contemporánea.

        Provincia agrícola.
    La provincia de Almería ha sido durante los dos últimos siglos un territorio, cuya actividad ha estado centrada en los sectores agrario y minero. Sus habitantes estuvieron dedicados a la agricultura, ganadería y minería. Los crecimientos espectaculares de la población entre 1820 y 1860 o entre 1900 y 1910 coincidieron con el apogeo de la minería del plomo o el esplendor de la agricultura parralera y la minería del hierro, respectivamente. La catástrofe demográfica a partir de 1914, agudizada entre 1920 y 1930, con una fortísima sangría migratoria, acompañó al declive o la ruina de los dos principales sectores exportadores. El crecimiento espectacular de la población durante las tres últimas décadas del siglo XX se produce con el fortísimo desarrollo económico y social de la provincia. Los almerienses de hoy viven fundamentalmente de la nueva agricultura de exportación, de la industria del mármol, del turismo y de los servicios.

        Durante los últimos 200 años el espacio almeriense se va integrando en el mercado internacional, reorientando su oferta productiva en función de la demanda exterior. Junto a una agricultura tradicional mediterránea, sustentada en una estructura de la propiedad, que combinaba minifundio y latifundio y mucha mano de obra empobrecida, surgió en el pasado una agricultura de comercialización en determinadas zonas litorales o cercanas a la costa que integró a la economía almeriense en los mercados internacionales (Andrés Sánchez Picón, La integración de la economía almeriense en el mercado mundial (1778-1936), 1992). Con la comercialización de la barrilla (1778-1850), el esparto (1861-1921), la uva de Almería (1831-1948) pasaron por los puertos almerienses de Garrucha, Adra y Almería vapores de todas partes del mundo, especialmente de Inglaterra y de los Estados Unidos de América. El cultivo de la uva de embarque supuso para los pueblos del Valle del Andarax y de la comarca del Poniente (Berja y Dalías) una etapa de esplendor y para el puerto de Almería un fortísimo dinamismo económico en torno al cual se desarrolló un pujante comercio y una burguesía mercantil (Spencer y Roda, González Egea, Romero, Verdejo, López Guillén) que capitalizó la vida social y política de los años de la Restauración y contribuyó al proceso urbanizador de la ciudad moderna. La economía almeriense estuvo supeditada a los vaivenes de la demanda de la economía internacional y sufrió con ella las secuelas económicas y sociales de los momentos de crisis y el crecimiento en las etapas de prosperidad. El cierre del mercado norteamericano para la uva almeriense en 1924 fue un serio aviso del cambio de tendencia en la penetración de los mercados internacionales, que vendría a confirmar las restricciones al libre comercio derivadas de la depresión de los años treinta del siglo pasado.

        De aquellos ciclos exportadores del pasado, de sus debilidades y de sus experiencias ha resurgido con fuerza la vocación exportadora de la provincia en las tres últimas décadas del siglo XX, especialmente en las comarcas de Poniente y Levante. El grueso actual de las exportaciones está concentrado en el sector de frutas y hortalizas (86% en 2001), haciendo de la agricultura almeriense de productos de extratempranos uno de los sectores más prósperos de la economía andaluza. El resto de sectores tienen una menor presencia, destacando entre ellos el de la piedra natural (mármol) con un 5,5% del total y una facturación de 70 millones de euros.

        Provincia minera.
    Durante todo el siglo XIX y gran parte del XX, Almería fue una provincia minera. La liberalización de las minas del plomo de Sierra de Gádor a principios del siglo XIX revolucionó el mercado mundial. El plomo elaborado por sus fábricas inundó el mercado internacional provocando la caída de los precios del metal. Ínfimas explotaciones mineras contrastaban con la instalación de suntuosas fundiciones (San Andrés) en los alrededores de Adra, dotadas de todos los adelantos metalúrgicos –máquinas de vapor– y un estimable nivel de mecanización, símbolo de la primera Revolución Industrial. Burgueses emprendedores de Málaga (Agustín Heredia) y Almería se dieron cita en la explotación de las minas y la instalación de las fábricas de fundición en la zona del poniente y en la capital almeriense. Cuando los pozos mineros de Sierra de Gádor dieron signos de agotamiento, se descubrió un riquísimo filón de galena en el barranco del Jaroso de Sierra Almagrera (Cuevas) a finales de los años treinta (1838), que volvió a convulsionar el mercado del plomo, produjo una auténtica “fiebre minera” e hizo posible que se abrieran fábricas de fundición en el distrito de Garrucha y Cuevas de Almanzora (Villaricos y Herrerías), que convirtieron a la provincia de Almería en la primera productora de plomo de toda España a mediados del siglo XIX.

        Muchos de aquellos emprendedores de la aventura de las minas y la industrialización eran a su vez defensores de una España de libertades individuales en la que se respetaran las opiniones, se pudieran publicar libremente periódicos y libros, se secularizara el Estado y el poder emanara de la soberanía nacional, es decir de la nación de ciudadanos. Hombres como Ramón Orozco Gérez*, por mencionar a uno de ellos, fue uno de los principales mineros y terratenientes de la provincia, presidente del Partido Progresista y de la Junta Provincial Revolucionaria de 1868, que impulsó la democracia en Almería, a la vez que los revolucionarios septembrinos del 68 lo hacían en toda España. Familias como los Anglada, con sus hijos Juan y Jacinto, los Soler, Llanos, Abellán Peñuela y Cumella, entre otras, formaban parte de esa burguesía emprendedora y liberal-democrática, que había hecho fortuna, se había identificado con el Estado liberal y no quería vivir bajo el oscurantismo del Antiguo Régimen, ni bajo la dominación de monarcas absolutos, ni al amparo del grito de “¡Vivan las caenas!”, con que serviles y absolutistas pretendían dominar a España.

        Del esplendor minero del plomo (1818-1884) se pasó a finales del siglo XIX a lo que ha venido en llamarse la edad del hierro almeriense (1900-1914), caracterizada así porque los cotos mineros estuvieron arrendados a compañías extranjeras y el subsuelo almeriense quedó mayoritariamente en manos del capital extranjero. Almería llegó  a ser la segunda provincia española exportadora de hierro, después de Vizcaya, pero aquellos emprendedores burgueses de los años centrales del siglo XIX, convertidos en muchos casos en compradores de tierras desamortizadas y riqueza mobiliaria, desaparecieron de la actividad económica directa y sus hijos se convirtieron a su vez en rentistas en lo económico y conservadores en lo político. El más rancio caciquismo se instaló en la provincia. Son los años de la larga noche de la Restauración, que invadió la escena política almeriense de diputados cuneros, que nada tenían que ver con Almería, hasta el punto de que el propio conde de Romanones llegó a decir que “Almería era la provincia más cunera de España”. Durante el periodo que se abre con la Primera Guerra Mundial (1914-1930) se produjo un auténtico colapso en los sectores productivos almerienses.

        Han tenido que pasar muchas décadas para que otros emprendedores, en este caso pequeños campesinos, procedentes en muchos casos de la Alpujarra granadina, reiniciaran el camino trazado en el siglo XIX y colocaran a la agricultura almeriense en el referente de Europa. Unos campesinos, cuyos padres y abuelos en su inmensa mayoría analfabetos, hubieron de tomar el camino de la emigración cuando esta tierra no les daba para sostener a sus familias.

            Emigración. Otro de los rasgos que ha caracterizado a la Almería contemporánea es la emigración. La evolución de la demografía de los siglos XIX y XX pone de relieve que han salido tantos almerienses de la provincia como habitantes quedaron. Se puede decir que si no hubieran tenido que tomar el camino de la emigración, la provincia de Almería tendría el doble de población. Pequeños campesinos, braceros y jornaleros pobres hubieron de buscar primero en Argelia (siglo XIX), en la Argentina (primer tercio del siglo XX) y más tarde en Cataluña y Europa lo que su tierra no les daba: pan y trabajo. La Almería de hoy no es tierra de emigración sino de inmigración. Los almerienses iniciaron su camino al norte de África para trabajar en los atochales argelinos de igual manera que hoy vienen muchos de los norteafricanos a España: en patera. En aquellos momentos no estaba aún regulada la salida de España y la entrada en Orán e hicieron lo mismo que hoy tristemente hacen miles de inmigrantes: arriesgar su vida en el paso del Mediterráneo. Entonces el Mediterráneo no constituía un muro ni una frontera como hoy. El Mediterráneo era un mar que unía pueblos y necesidades. El norte de África, especialmente la zona del Oranesado, dio acogida a muchos braceros almerienses, que iban a cortar esparto en aquellas tierras, punto además de acogida para centenares de refugiados políticos liberales, republicanos, socialistas, anarquistas y comunistas almerienses que hubieron de salir de España a lo largo del siglo XIX y XX y especialmente en 1939 al finalizar la Guerra Civil española.

        Las respuestas de un emigrante a un redactor de La Crónica Meridional, recogidas el 22 de febrero de 1882 ilustran elocuentemente algunos de los aspectos desencadenantes de la emigración:

        “-¿Por qué iros a tierras extranjeras [....] cuando de varias puntas de España hacen ofertas de trabajo?
        -Es que, contestó, mientras aquí nos pagan de seis a ocho reales todo lo más, en África ganamos de 16 a 20 sin contar las ganancias de nuestra familia.
        -En Almería estáis al fin en vuestras casas donde siempre tendréis más amparo y protección que en país extranjero.
        -En nuestros pueblos estamos los pobres debajo de unos cuantos caciques, que echan sobre nosotros las principales cargas, como es el consumo, cada día más crecido.
        -Es que en África os podéis tropezar con tribus insurrectas como las de Bou-Amena.
        -Pues en España tenemos a los que, si no nos degüellan, nos matan de hambre, enriqueciéndose con los montes y con el despojo de los pueblos”.

        El panorama que ofrecía la ciudad de Almería los días anteriores a las dos salidas semanales de los vapores Victoria, Acuña y Numancia para Orán era el de grandes grupos de jornaleros y campesinos con sus mujeres e hijos circulando por las calles con líos de ropa y los utensilios o herramientas de sus oficios al hombro. Los emigrantes almerienses sufrieron las penalidades de una tierra inhóspita, la incomprensión de las tribus aborígenes y el abandono de las autoridades caciquiles españolas. El socialista andaluz Fernando Garrido escribía sobre esta situación después de unos tristes sucesos en los que murieron un centenar largo de almerienses en Saida (Orán), atacados por la tribus de Bounamena:

        “Los españoles que huyendo de una patria madrastra van a buscar el sustento a un país recién conquistado [....] se exponen a las terribles catástrofes de que han sido víctimas en Saida y otros puntos de la Argelia; ellos y todos los españoles, sus conciudadanos, no debemos quejarnos ni de los moros ni de los franceses, sino de los gobiernos españoles, que en lugar de garantizar las libertades y derechos de los ciudadanos, de fomentar riqueza pública por todos los medios que están a su alcance y difundir toda clase de conocimientos útiles y necesarios a la producción de la riqueza, esquilman a los pueblos con toda clase de contribuciones y gabelas más odiosas unas que otras, para sostener con holgura toda clase de parásitos improductivos y regalar 50 millones de pesetas a una teocracia insaciable [...] mientras los trabajadores útiles tienen que emigrar a miles a países extranjeros en busca de un salario que en su patria no encuentran”.
        Aquella emigración pasó a Argentina durante el primer tercio del siglo XX y después en los años sesenta y setenta, en pleno franquismo, a Cataluña y Alemania siguiendo el camino de tantos otros andaluces. Esa riada se cortó definitivamente en la década de los ochenta con la puesta en marcha de la agricultura bajo plásticos y se inició el retorno de los emigrantes. Más aún, determinadas comarcas almerienses, especialmente el Poniente y recientemente el Levante de la provincia, necesitan mano de obra de otras regiones de España y del norte de África para poder mantener su crecimiento y desarrollo. Con ello, Almería ha dejado de ser tierra de emigración para convertirse durante la última década en zona receptora de inmigrantes. Un nuevo escenario multicultural se ha creado en la provincia, que se afronta a veces con rápidos olvidos, incapaces de generar una mirada retrospectiva a nuestro pasado reciente, que permita recordar que en un día fuimos emigrantes.

        Aislamiento y cosmopolitismo. Éstas han sido las dos caras de la realidad almeriense a lo largo de los últimos siglos. Aislamiento del resto de España porque los gobiernos centralistas la tuvieron olvidada durante mucho tiempo y no emprendieron hasta muy tardíamente su conexión por carretera y ferrocarril con el resto de las provincias andaluzas y españolas. No deja de ser significativo que hasta finales del siglo XIX se llegaba a Almería en diligencia y los caminos más utilizados eran los surcos de las ramblas secas. Pedro Antonio de Alarcón en sus dos viajes a Almería, uno en 1854 y otro en 1861, relatados en Viajes por España, señalaba que cerca de la capital “hace ya casi medio siglo que se aburren en la inanición unos comienzos de carretera”, y añadía: “¡Almería está incomunicada por tierra con las adyacentes capitales de la provincia y con la capital del Reino, si hemos de entender por comunicación cualquiera vía directa por donde puedan marchar carruajes acelerados. En una palabra, para venir de Almería a Madrid hay que principiar por embarcarse el raro día que algún vapor tiene la bondad de tocar aquel puerto de paso para otra costa de España!”

        “Era la cenicienta de la casa” tal como la calificó José de Echegaray en un discurso de las Cortes democráticas de 1869 cuando, siendo ministro de Fomento, defendió el establecimiento del ferrocarril para Almería. Echegaray ilustraba su pretensión con frases como la siguiente:
        “La provincia de Almería es la más maltratada de todas las de España; la provincia de Almería es la víctima de este sistema que ha reinado en España; la provincia de Almería es, si se me permite la palabra, la cenicienta de la casa, que como la cenicienta de la fábula, nadie ha hecho caso, y está allí abandonada; y sin embargo Almería es una provincia que tiene grandes merecimientos, grandes riquezas y grandes elementos de vida. En la provincia de Almería no hay, no ya ferrocarril, esto permite lo vulgar de la frase, es una gollería para aquella provincia desgraciada: no hay ni siquiera carreteras, ni una sola carretera. Está aislada, con la mar en frente y la rambla detrás; no hay otra cosa en Almería. Yo no comprendo, no alcanzo, como si para las provincias hubiese sentimientos de enojo y de dignidad, cómo la provincia de Almería no se ha desgajado del sitio que ocupa en España, rompiendo por sus rugosas ramblas, y ha ido a estrellarse contra la costa de África, buscando allí más justicia de la que ha encontrado en la tan injusta madre que para ella ha sido España”.

        Romper el aislamiento ha sido la reivindicación constante que atravesó la historia de la Almería contemporánea hasta hace unos pocos años. Políticos y comisiones de notables, en las que se daban cita representantes de las instituciones locales, provinciales y culturales e incluso miembros de las sociedades obreras, reivindicaron a lo largo del último tercio del siglo XIX la instalación del ferrocarril. Éste llegó a finales del siglo, en 1899. Fue de los últimos que se estableció en España para conectar una provincia con Madrid. Las carreteras tardaron muchos años en construirse. La célebre Almería-Vilches, que buscaba la unión con la capital de España, tardó cerca de 70 años en su construcción definitiva. El aislamiento de la provincia por carretera no se ha resuelto hasta muy recientemente, con la democracia.

        Los almerienses estaban aislados con el resto de la geografía española, pero unidos con el extranjero a través del mar, el comercio y las ideas. Era una clara expresión de cosmopolitismo. A Almería llegaba antes la prensa de Londres que la de Madrid. Y no es de extrañar que las bibliotecas de aquella época, que nos han sido legadas, encontremos colecciones de periódicos ingleses, multitud de libros en francés de los más significativos escritores y políticos de la vecina nación.

        Un puerto estratégico.
    El puerto de Almería era el auténtico pulmón de la ciudad. El aislamiento que la capital padecía por tierra hizo del puerto la entrada de gran parte de los abastecimientos y un excelente recibidor de los viajeros que la  visitaban. Por mar llegaron a la ciudad la reina Isabel II y los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII. Por el puerto entraron y salieron los obispos y hasta el mismo Pablo Iglesias en sus viajes a Almería procedente de Málaga. Por mar llegó el malagueño Rafael Salinas, impulsor del socialismo andaluz, e introdujo entre los barrileros almerienses las ideas del socialismo. Cuando los obreros portuarios de Matrícula Unida y de la Unión Terrestre lanzaban las huelgas en la carga o descarga de los buques a principios del siglo XX se paralizaba toda la actividad económica. Había una total dependencia del puerto. Almería era abierta, cosmopolita, avanzada políticamente. En ella, los liberales progresistas, demócratas y republicanos tuvieron un papel determinante en la configuración de sus señas de identidad. Son ciudades que se secularizaron tempranamente y dejaron de ser levíticas y conventuales para dar paso a una cultura política liberal-democrática, de rebeldía, que se expresó por ejemplo en los albores de liberalismo con la lucha por la libertad y la Constitución en las gestas de los coloraos (1824) en Almería o la del general Torrijos en Málaga, dejando en ambas ocasiones sus vidas un grupo de liberales a manos de los serviles absolutistas del tirano Fernando VII.

        “Son de ciudad de mar” se decía en las tertulias de las ciudades del interior al hacer referencia a familias acomodadas almerienses. El mar y el comercio de exportación habían abierto Almería a otras tierras europeas, constituyendo una ciudad donde sus capas burguesas habían adoptado costumbres inglesas e incluso se esforzaban por hablar francés e inglés.

        “No se crea [escribía Pedro Antonio de Alarcón] que, considerada socialmente, la ciudad que describo tiene algo de berberisca y antieuropea [...] Muy al contrario, es una de la poblaciones más cultas de España, lo cual proviene de que hace mucho tiempo se buscó la vida por el mar, a falta de comunicación terrestre con el mundo civilizado y entró en íntimas relaciones comerciales con Inglaterra, ni más ni menos que Cádiz y Málaga, a las cuales se parece mucho (especialmente a la última), en el orden intelectual y manual. Quiero decir con esto que las personas acomodadas de Almería viven un poco a la inglesa, piensan un poco en inglés, son tan corteses y formales como los más célebres comerciantes de la Gran Bretaña, y consideran indispensable tomar mucho té, mudarse de camisa todos los días, leerse de cabo a rabo un periódico, afeitarse cuando menos cada veinticuatro horas y hablar mejor o peor la lengua de Lord Byron”.

        El cosmopolitismo de ayer, la tolerancia de que hacían gala sus gentes, convierten a Almería en estos momentos en una provincia y una ciudad con una clara apuesta mediterránea con todo lo que significa de apertura, encuentro y hermanamiento con las gentes del norte y del sur del Mediterráneo. Uno de los grandes retos que tiene hoy planteado Almería es convertirse en la puerta de África, en el lugar de encuentro de las culturas del norte y del sur del Mediterráneo y de que ese mar, que tanto ha unido en la historia, no se convierta en un muro infranqueable entre los pueblos ribereños. Se están dando pasos en este sentido. La Universidad de Almería celebra frecuentemente encuentros de reflexión entre universitarios del Norte y del Sur. La ciudad de Almería es sede de los Juegos del Mediterráneo del 2005* , acontecimiento deportivo que la convierte en un foro impulsor de la paz y encuentro entre los países del Mediterráneo.

    Fernando Martínez López
 
ZONA DE USUARIOS
Usuario:
clave:
 

MUSEOS ANDALUCES
Almería
Museo de Almería
Cádiz
Museo de Cádiz
Córdoba
Museo arqueológico y etnológico
Granada
Museo de la Alhambra
Granada
Parque de las ciencias
Huelva
Museo de Huelva
Jaén
Museo de Jaén
Málaga
Museo Carmen Thyssen
Málaga
Museo de Málaga
Málaga
Museo Interactivo de la Música
Málaga
Museo Picasso Málaga
Sevilla
Centro Andaluz de arte contemporáneo
Sevilla
Museo Arqueológico


Andalucía Cultura
   Andalupedia © 2013 - Todos los derechos reservados      Señas de identidad      Aviso legal      Créditos  22 de enero de 2026