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ALMERÃA, PROVINCIA DE

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Se sitúa al este de Andalucía con una extensión de 8.774 km 2  y una población en el 2002 de 546.498 h., es decir, el 10 y el 7,3% andaluz, respectivamente. Cuenta con 103 municipios, que se distribuyen en siete comarcas: la de la capital, el Poniente, el Levante, Los Vélez, Almanzora, Campo de Tabernas, Nacimiento y Alpujarra.

Historia. Esta provincia se crea en 1833 por segregación del antiguo Reino de Granada, heredero territorial del estado nazarí, sin que aparezcan antecedentes en las divisiones que a mediados del XVIII se empiezan a estudiar como estructuras administrativas o intendencias al estilo francés. Hay que remontarse al califato de Córdoba para encontrar una circunscripción algo parecida en esta parte de Andalucía, la kora de Pechina, que abarcaba la zona central y meridional de la actual provincia, esto es, desde la Sierra de Filabres; mientras la parte norte pertenecía a las koras de Jaén o Granada y el suroeste no abarcaba en realidad las Alpujarras propiamente dichas. Más próxima a la provincia actual parece ser la kora  del reino nazarí que permanece hasta casi principios del siglo XVI.

Límites. Esa frontera norte es prácticamente la de hoy con Murcia, sin que existan grandes elementos geográficos de diferenciación, si bien coincide aproximadamente con la divisoria de aguas entre las cuencas del Segura y el Almanzora. No obstante, al oeste la separación es mayor entre la comarca almeriense de los Vélez y el Valle del Guadalentín, sobre todo en la ocupación del suelo, el poblamiento y la economía, algo que se aprecia a simple vista cuando se traspasa el límite circulando por autovía. La mayor parte de la provincia tiene fachada al mar Mediterráneo en algo más de 200 km. y al oeste las lindes con Granada suelen ser artificiales, especialmente en las depresiones y valles, porque en las zonas montañosas a veces marcan las cumbres y, en cualquier caso, la artificialidad repercute menos en áreas poco habitadas, excepto en las Alpujarras * .

Así, el pasillo (en realidad glacis de acumulación o llanura amesetada de poco declive) entre las sierras de María y Las Estancias es igual al este de la granadina de Cúllar que al oeste de la almeriense de Chirivel; y la pequeña elevación del Contadero apenas se aprecia en la A-92. Más al sur ciertamente la cabecera del Almanzora está reconocida en la divisoria, pero históricamente, y aún hoy, algunos pueblos (Serón y Tíjola, sobre todo) se incluyen a muchos efectos en la comarca de Baza. Algo similar ocurre en el valle del Nacimiento (Fiñana, Abla) y, desde luego, lo más grave es la separación de las Alpujarras *  en dos provincias, cuando forman una unidad natural, histórica y paisajista.

Paisajes. Lo indicado antes apunta unas estructuras transversales en las que se van sucediendo montañas y valles; muy claramente al oeste y menos hacia oriente, en que van diluyéndose en la zona litoral, aunque las estribaciones montañosas también llegan al mar en forma de acantilados, más altos en la costa de Gata con rocas volcánicas. Destacan tres grandes llanuras litorales, cuya explicación se halla fundamentalmente en la acumulación de depósitos aluviales recientes y actuales, de ríos y ramblas. Al norte, una amplia extensión en el bajo Almanzora, ríos Antas y Aguas. Al sur, el valle y llanura del Andarax, que se prolonga al este por el Campo de Níjar (ramblas de Artal y Morales). Y al oeste, la plataforma (de acumulación y neotectónica costera) del Campo de Dalías al pie de la Sierra de Gádor, donde se asienta la agricultura bajo plásticos de la comarca del Poniente * .

En los paisajes almerienses, destacan las condiciones áridas, incluso subdesérticas de buena parte de la provincia y la fuerte insolación, que dan lugar a unos paisajes de escaso bosque mediterráneo en las montañas; y en las partes bajas, matorral, estepa, con espartizal y especies xerófitas espinosas adaptadas a la sequía. Las formas de terreno abarrancadas, de torcales a veces, introduce originalidad en los paisajes, que se asemejan a los vecinos del norte de África, con vegas de ríos y ramblas a modo de oasis. Pero también esas condiciones climáticas, negativas en principio, pasan a ser un factor determinante de la nueva agricultura.

Economía.  En efecto, el "mar de plástico" del Poniente y otras comarcas de Almería proveen nada menos que la mitad de la producción de hortalizas de Andalucía (en torno a los cinco millones de toneladas anuales en el primer bienio del siglo XXI), de las que los tomates suponen casi la tercera parte y alcanzan el 60% de la producción andaluza, que se sitúa en esa misma fecha por 1.300.000 toneladas. En otros cultivos con menos peso, la aportación almeriense es incluso mayor (casi el 80% de los pimientos o 65% de la sandía). Destacan también los cítricos (más de 200.000 toneladas.), sobre todo en el Almanzora, y la uva de mesa (10.000 toneladas) en las Alpujarras, equivalentes al 18% y 17%, respectivamente, de Andalucía; en cambio los porcentajes respecto a la comunidad autónoma son bajos en cereales y aceite. Y es que el espacio cultivado más allá de plásticos y vegas es escaso y poco productivo; la tercera parte del suelo es agrario y de él la cuarta parte de regadío, mientras en Andalucía esas cifras son 47% y 15%; y, como resultado del mencionado clima, la tercera parte del terreno almeriense es de erial y estepas, lo que ocupa el 14 % en todo el territorio andaluz.

La agricultura supone casi la cuarta parte del VAB (valor añadido bruto), mientras el sector industrial apenas llega al diez y no es un componente espacial importante, destacando la del mármol en el valle medio del Almanzora (Macael, Olula, Fines, Zurgena), lo que hace subir la extracción de minerales no metálicos a la cuarta parte del total andaluz y al 17% la fabricación de esos artículos, en la que cada vez se utilizan mejor tecnología y se consigue ampliar sus mercados por todo el mundo.

La minería (de explotación casi colonial, como el resto de la minería andaluza) es una parte importante de la economía tradicional almeriense, aunque mejora poco las condiciones de vida de sus habitantes. Su riqueza deriva de unos materiales muy antiguos metamorfizados (de la era primaria, hace 600 millones de años), que formaban el borde norte de la placa africana (que choca con la europea formando el territorio andaluz) en el denominado zócalo Bético-rifeño por hallarse a ambos lados del Estrecho y Mar de Alborán. Es importante la extracción de hierro (sierras de Almagrera, Alhamilla, Cabrera, Filabres) y plomo (Almagrera y Gádor), además de otros aprovechamientos (cobre, plata, wolframio), sobre todo el famoso oro nativo de Rodalquilar.

Por lo demás, el consumo neto de energía está un poco por debajo (6,9%) del porcentaje de población, y las distintas ramas de la industria no difieren mucho de la media andaluza (alimenticias, textil, confección, madera y metálicas). El turismo es una actividad en auge, que está haciendo crecer varios núcleos costeros, especialmente Roquetas del Mar y Aguadulce, y explica un porcentaje de hostelería y restaurantes similar al de Granada (algo más del 6% del VAB).

La economía almeriense experimenta una fuerte transformación desde hace unas décadas en que se trataba de un territorio marginal y marginado. Así el PIB, o producto interior bruto, supera la media andaluza en los últimos años, erigiéndose en el primer lugar de las provincias de nuestra comunidad. Algunos indicadores considerados de desarrollo y bienestar se asemejan a la media andaluza (número de profesores de enseñanza media, por ejemplo), pero muchos están por encima (kilómetros de carreteras, autovías por habitantes, parque de vehículos), mientras se detecta algún déficit, como en personal sanitario. Conviene remarcar para acabar este apartado que esta evolución económica conlleva también ciertos problemas ambientales (como el agotamiento de acuíferos, sobre todo en el Campo de Dalías) y sociales, especialmente en núcleos de rápido crecimiento como El Ejido.

Población.  La evolución demográfica es un buen indicador de la economía, que se ve afectada a finales del XIX y principios del XX por dos hechos: la ruina de la vid por la invasión de la filoxera y el abandono de gran parte de las minas. Así el censo de 1930 arrojaba casi el 8% de Andalucía (cuando la extensión es del 10%; aunque, recordemos, con bastantes tierras áridas), pero las fuertes emigraciones desde mediados del siglo XX (sobre todo en la década de los sesenta, principalmente a Cataluña) hace que ese porcentaje descienda en torno al 6% hacia 1970. Hoy se recupera contando con cerca de 550.000 h., el 7,3% de la población andaluza. El crecimiento vegetativo (diferencia entre las tasas de natalidad y mortalidad) es el más alto de Andalucía, y explica índices de vejez relativamente bajos (13,8 es el porcentaje del censo mayor de 65 años, mientras la media andaluza es de 14,4).

Y, de acuerdo con la caracterización económica señalada, mantiene una tasa de activos superior en casi dos puntos a la media de la comunidad autónoma (52,3% sobre la población de 16 y más años) y una clasificación por sectores que casi iguala el porcentaje de servicios (58 y 59%, respectivamente, de Almería y Andalucía) y construcción, mientras hay seis puntos más en los activo agrarios almerienses (18,5%) y cuatro menos en la industria (6,5%). La distribución espacial de la población tampoco difiere de las pautas andaluzas, aunque de forma más polarizada, con fuerte concentración en la capital provincial y la costa, además de algunas zonas interiores de regadío.

Ciudades y comarcas. En efecto, la ciudad de Almería registra algo más del 30% de la población provincial y su comarca o área metropolitana * el 40%. Si añadimos a la capital El Ejido y Roquetas contabilizamos casi la mitad del censo provincial y, nada menos, que los dos tercios se suman entre las comarcas de la capital y el Poniente * , que son, sin duda, las zonas más pobladas y expansivas (no sin problemas sociales y medioambientales, como se ha dicho), destacando, además de los núcleos citados, Adra, Aguadulce y Berja. Le sigue en importancia la Comarca del Levante * (regadíos, agricultura bajo plástico, turismo") con unos 60.000 h. y ya las del interior (Los Vélez * , Almanzora * , Campo de Tabernas * y Alpujarra * ) apenas suman cien mil.

El poblamiento almeriense presenta una mayor polarización que la media andaluza con más población residente en núcleos pequeños (la tercera parte en municipios menores de 10.000 h., frente al 24% andaluz) y menos en ciudades medias (en núcleos entre 10-50.000 viven respectivamente el 24 y 29%). Así las cabeceras de las comarcas de Campo de Tabernas (Tabernas) y Alpujarra (Canjáyar, aunque en cierto modo también actúa como tal Berja) son pueblos de poco censo, mientras Vélez Rubio y Albox no alcanzan los 10.000; y el Levante se caracteriza por una indefinición de cabeceras (Huércal Overa, casi 15.000, Vera o Cuevas de Almanzora).

Muchos de estos núcleos cuentan con vías rápidas: la autonómica A-92 (en los Vélez y enlace con la capital por el Valle del Nacimiento), Autovía del Mediterráneo, desde el norte de la provincia hasta la capital y continuación por el litoral, pero sólo hasta Adra. Y éste es un déficit infraestructural muy claro: la falta de continuidad por la costa mediterránea andaluza de una vía rápida. También serían necesarios, para potenciar precisamente el Arco Mediterráneo, enlaces ferroviarios, un medio de comunicación y transporte que en la provincia sólo existe entre Guadix y Almería, una vez que Renfe deja sin circulación el tendido que unía Baza y Granada a Lorca y Murcia por el Valle del Almanzora, cuya carretera precisa también ser mejorada.[ Gabriel Cano ]

 

 
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