No creo en la biografía del poeta. Un poeta puede ser director de la Biblioteca Nacional y profesor de literatura inglesa en Argentina; oscuro profesor de francés en el Instituto de Soria; corredor de comercio e intérprete en Atenas. Puede ser homosexual o no. Padre de familia o no. Millonario o no. Alcohólico o no. Ministro o no. Pero ha de ser poeta. Su biografía es su poesía, al menos de una manera esencial. ‘Mi historia, algunos casos que recordar no quiero’, dijo Antonio Machado. ¿Es que esos casos son menos dignos de ser recordados que los de cualquier otro hijo de vecino? ¿Por qué el poeta llama casos –dándole así un matiz circunstancial– a los aconteceres de su historia individual? Porque son contemplados como anécdotas en una vida donde la poesía ocupa el lugar central.”» No quise ser torero, militar ni abogado. / Y, como nada quise, en nada me he quedado. / Al fin, frente a mi sueño, las ruinas, los escombros / nunca más me dejaron alzar firmes los hombros. / Ahora ya no espero, ni pienso, ni creo en nada / sino en esa oscura ave que ha de venir al alba. / Y, cuando yo me aleje por la esquina del tiempo, / habrá siempre algún mirlo silbando de contento.
Fernando Ortiz |