De Ronda vengo lo mío buscando: la flor del pueblo la flor de mayo, verde, blanca y verde
Ay, qué bonica verla en el aire, quitando penas, quitando hambres, verde, blanca y verde.
Amo mi tierra, lucho por ella. Mi esperanza es su bandera verde, blanca y verde
¡Qué alegres cantan las golondrinas! Tierra sin amor, tierra de espigas, verde, blanca y verde.
Cómo relucen las amapolas de Andalucía trabajadora, verde, blanca y verde.
Amo mi tierra, lucho por ella. Mi esperanza es su bandera verde, blanca y verde.
Carlos Cano De A duras penas |
Mientras vivió, doña Angustias García Parias guardó celosamente el patrimonio que Blas Infante había dejado a Andalucía en la casa de Villa Alegría. Conservó la bandera, guardada en una cómoda, el himno, el escudo, la biblioteca... “Un señor de Coria nos dijo que mi padre tenía una cinta de bandera, en la que firmaban los que venían por la casa y que él mismo la había firmado. Esa bandera no la hemos encontrado. Se ve que mi madre la quitaría de en medio para que no se vieran los nombres, para protegerlos. Y el escudo estaba en la puerta. Mi madre nunca lo quiso quitar porque decía que, como son tan bestias, ni sabían lo que era”, recuerda Luisa, que tras la muerte de su madre asumió la responsabilidad de convertirse en guardiana de la casa familiar. En ese inmueble (muchos años después se convertiría en patrimonio de Andalucía) crecieron los cuatro hermanos: Luisa, María de los Ángeles, Luis Blas y Alegría. Ellos fueron los que sufrieron directamente la pérdida de su padre, el dolor silencioso de su madre y las represalias del régimen. Carlos Cano, que había visto por primera vez la bandera andaluza en un piso de emigrantes de Barcelona, conoció después el relato de los hechos cuando Luisa, con un ritual íntimo, sacó del arcón la bandera de Andalucía. Aquello no era un trapo. Aquella era la representación de un pueblo, la primera bandera, diseñada por Blas Infante, siguiendo los cánones de la historia. Después tuvo en sus manos la partitura con la música y la letra del Himno de Andalucía. (Años después, Luisa vuelve a sacar la bandera del arcón para que su hermana María de los Ángeles la entregue a los niños que la pasearán por las calles de Sevilla durante la manifestación del Día de Andalucía del 4 de diciembre de 1977). El cantautor granadino no pudo resistir la tentación. Como agua del cielo, cala en el cantaor una lluvia de energías liberadoras. Señas de identidad clandestinas, prohibidas, como si la conciencia de un pueblo, de cualquier pueblo, pero que coincide que se trata del pueblo más universal y antiguo de España, se pudiera mantener oculta en un trastero o condenada a cárcel perpetua. No se podía cantar esa hermosura de himno ni enarbolar la bandera del mástil del palacete de Coria, ni de los ayuntamientos, de las casas de vecinos, ni por Corpus ni por ferias ni por Navidad. Se compromete entonces, hasta tanto se pueda cantar libremente el auténtico himno de Andalucía a componer una canción con la que comunicar al pueblo andaluz cuanto le provocan los hechos que está viviendo. La inspiración le llega con la conciencia. La inspiración surge de un proceso de rebeldía. Luego se produce el acto íntimo de creación en un rincón de su estudio granadino, persiguiendo desesperadamente, una y otra vez, ese instante de genialidad, los primeros compases de una canción. Surge la canción ‘Verde y blanca’. El que busca encuentra. Carlos crea un tesoro. Ha dado con las vitaminas que necesita un pueblo en un momento crucial de su historia. El juglar toma la palabra por su cuenta y riesgo. Con el ligero bagaje de una guitarra, el hijo del fusilado, que se fue de Granada a la emigración, que conoció las penalidades del camino, albañil con las manos encallecidas, camarero en Marbella, pone el alma de pueblo en pueblo con la canción que se convierte en himno de transición. Es ya de dominio público, aunque poca gente lo sabe, que hay una bandera andaluza; pero es Carlos el que sale a desplegarla como enseña de denuncia. Su ‘Verde y blanca’ es una bandera de libertad. Sin desfallecer, el soñador granadino va y viene a Ronda, y no se cansará de hacer ese viaje de esperanza hasta que pueda cantarse libremente la Bandera del Himno de Andalucía.
ANTONIO RAMOS ESPEJO |