El tabaco gordo es una planta del sur de España (Atropa baetica), cuyo nombre genérico proviene del griego Atropos, nombre de una de las Parcas. Difiere de la especie común (Atropa belladonna) por los tallos y las hojas, más gruesas y sostenidas por un rabillo más largo. De flores levantadas, con la corola anchamente abiertas, a manera de embudo de tubo corto; de color amarillento-verdoso, surge en el verano o en el otoño temprano. Es descubierta, en 1845, por Mauricio Willkomm en el Barranco Agrio, de la almeriense Sierra María. En su obra Illustrationes... la describe con detalle, y cuatro o cinco años más tarde la hallaron Huter, Porta y Rigo. Debe su nombre vulgar a que lo fumaban los pastores andaluces y los árabes descubrieron que se mejoraban sus cualidades intelectivas al comer gallinas que habían sido alimentadas con esta planta. En el fruto y las semillas contiene atropina y otros alcaloides; en las hojas hay también piridinas, asparragina y otros. Los síntomas de intoxicación aparecen en el hombre una media hora después de la ingestión: dilatación de pupila, náuseas, vómitos, vértigos, temblores, taquicardias, y otros. La muerte sobreviene por parálisis respiratoria y cardíaca. Entre los animales, los terneros y los caballos son los más sensibles; el conejo y la gallina la soportan bastante bien. Se han citado casos de intoxicación de personas que habían comido conejos que anteriormente la habían ingerido. En medicina popular se usa como antídoto potente contra intoxicaciones provocadas por hongos, y también como antiespasmódica, narcótica, analgésica etcétera. Vive en laderas y lugares rocosos y umbríos de las sierras béticas. En Málaga ha sido citada en la serranía de Ronda, en el Torcal de Antequera y en la Peña de los Enamorados. Gros la encuentra en las cumbres de la sierra de la Nieve. Se ha citado de otras sierras béticas: Castril, La Sagra, Cabrilla; y del Atlas rifeño, en donde la descubre Maire en 1921. De las solanáceas venenosas se obtienen los alcaloides mas temibles, como la famosa belladona, los beleños, estramonios, higueras del infierno y la más famosa quizás y no menos temible: el tabaco, cuyo alcaloide la nicotina, probadamente tóxico, puede matar en segundos a una mariposa zygena, con solo pinchar su tórax con un alfiler untado en dicho veneno.
Bernardino León |