La Biología contemporánea sigue estando caracterizada por dos enfoques generales: “Uno considera la vida un fenómeno global, holista y dinámico. Otro lo ve como fenómeno local, reduccionista y computable. Cuesta pensar simultáneamente de dos maneras tan distintas y esta discusión no podrá resolverse fácilmente” (J. Maynard Smith, 2000). En la actualidad se están haciendo intentos por amalgamar la sempiterna ¿dicotomía? integrismo/reduccionismo en un “reduccionismo jerárquico”. Se puede afirmar, parafraseando a S. Gupta (2000), que los biólogos de hoy siguen siendo víctimas de la verdad. La tarea prioritaria de la biología del futuro consistirá en el desarrollo y terminación de una teoría unificada de la vida. Tan ambicioso y apasionante programa se logrará cuando se completen los Proyectos Oma (oma: totalidad) en curso (Epigenoma, Metaboloma y Fisioma), que ocupan los holones intermedios de la jerarquía biológica, y se definan, desarrollen y completen los equivalentes a los extremos, relacionados con los orígenes (biogénesis) y límites (aún no se ha creado el término apropiado) de la vida. No es casual que estos extremos estén vinculados a los procesos selectivos. Deberá precisarse la serie selección cinética (química), selección natural (darwiniana) y selección cultural (lamarckiana). Para ello será necesario un maridaje más íntimo (sólo hay una Ciencia) entre Física y Biología. Es probable que todo lo requerido sea el desarrollo de la Biología de Sistemas. Una teoría de gran unificación de la Biología permitirá explicar en términos físicos y químicos cómo se puede construir complejidad, propósito e inteligencia a partir del gas y el polvo caóticos de una nebulosa galáctica. Manuel Martínez Luquez Romero |