Los burros de raza cordobesa o andaluza son por lo común animales bellos: presentan una alzada considerable, con 160 centímetros los machos y 150 las hembras, cuello musculoso, cruz alta y enjuta, grupa redondeada y tronco fornido, cilíndrico y potente. Tiene el pelaje fino, suave y corto y los más entendidos los llamarían rucios para aclarar que presentan un pelaje tordo claro. Sus antecedentes, que no son otros que los burros salvajes de Somalia (equus asinus somalensis), llegaron a Andalucía hace unos 3.000 años traídos por los pobladores que llegaban al sur de la Península y desde entonces jugaron un papel incuestionable en casi todos los aspectos de la vida hasta hace apenas unas décadas, en la roturación y labrado de los campos, en los desplazamientos humanos para las distancias medias y largas y para el comercio y el contrabando de mercancías mediante largas recuas y reatas que cruzaban los polvorientos caminos de la vieja Andalucía. Muy pronto ha olvidado la memoria mecanizada los favores de estos animales dóciles, mansos, tranquilos y apacibles, de gran fuerza y más resistencia, de aguda inteligencia pese a que a que se haya tomado su humildad por simpleza, y se ha olvidado hasta tal punto de que hoy el burro andaluz está en tan grave peligro de extinción que se corre el riesgo de perder uno de los patrimonios genéticos más importantes de Andalucía. Para ello en 1989 se fundó en Rute, impulsada por Pascual Rovira, la Asociación para la Defensa del Burro, un organismo que se encarga de rescatar a los pollinos abandonados por sus dueños y colmarlos de cuidados en la reserva y centro de cría de borricos establecidos para tal fin. Desde entonces, Adebo ha adoptado a más de cien animales, de los cuales cincuenta viven en la reserva y otro medio centenar han sido apadrinados, y cuenta con unos cuarenta ejemplares genéticamente puros que se encargan de las gustosas labores de reproducción de su propia especie. Casi todos ellos llevan en la grupa un pasado de trabajo y reclusión, como la del burrito ‘Mandela’, que ahora rebuzna feliz después de ser liberado tras cinco años encerrado en un establo con la puerta tapiada, y su causa colectiva ha cobrado tanta resonancia que son muchos los personajes de las artes y las letras que los han apadrinado, tales como Camilo José Cela, Alberti o Antonio Gala. Además, los burros de Adebo cuentan con una intervención en un espectáculo teatral de la Fura del Baus y una aparición estelar en un documental que la National Geographic, el Hollywood de los cuadrúpedos, rodó sobre Andalucía. Todo ello tomando siempre como referencia al burro más famoso y célebre de la literatura, el esponjoso Platero, creado por Juan Ramón Jiménez, premio Nobel según la academia sueca y Arriero Mayor a título póstumo según la Adebo de Rute. Pablo Santiago Chiquero |