Los sucesos de la aldea gaditana fueron recogidos inmediatamente por la prensa. Tanto la local y la sevillana, como la editada en Madrid. El número de muertos y las circunstancias en las que se habían producido causaron un fuerte impacto en la opinión pública. Las primeras reacciones se dividieron entre el estupor, el apoyo a la actuación gubernamental y la impresión de que la matanza había sido inevitable por el propio desarrollo de los hechos. No en vano cuatro miembros de las fuerzas de orden público habían muerto. En cualquier caso estaba claro que “había noticia”. Así lo vio la dirección del periódico madrileño El Sol que, utilizando el avión, un medio poco frecuente entonces, desplazó a Casas Viejas a su reportero estrella, Vicente Gutiérrez de Miguel. La tarde del día 12, cuando los médicos todavía estaban terminando las autopsias de los cadáveres en el cementerio, llegó quien se consideraba modelo de objetividad y profesionalidad y representante de una cabecera que podía alardear de ser la más importante del país. Sin embargo Gutiérrez de Miguel sólo se informó en las fuerzas vivas del pueblo: el alcalde, el médico, el cura y el maestro. No se acercó a los grupos de mujeres que permanecían silenciosas en las puertas de sus chozas ni intentó entrevistarse con algunos de las decenas de habitantes que habían huído al campo. De esta forma, el relato de los hechos que aparecieron en el respetado diario describió los primeros pasos de la insurrección, la llegada de la Guardia de Asalto y la supuesta batalla que había tenido lugar en torno a la casa de “Seisdedos”. Es decir, que el avispado periodista Gutiérrez se marchó sin enterarse de lo que realmente había ocurrido. Tampoco las páginas de la prensa gaditana o sevillana fueron más explícitas. Los primeros reportajes de Diario de Cádiz tuvieron como fuente las declaraciones del Gobernador Civil Del Pozo y las de los guardias civiles heridos y hospitalizados en la capital. Hasta la tarde del día 12 no viajaron hasta Casas Viejas su director Federico Joly acompañado del periodista José López Estrella. Junto a ellos también iban reporteros y fotógrafos de los diarios sevillanos ABC y El Liberal. Sin embargo no llegaron al pueblo. Fueron advertidos por la Guardia Civil de que, poco antes, había sido tiroteado el coche del cartero y decidieron regresar. Hasta la mañana del 13 no entraron y se dirigieron al cementerio donde continuaban las autopsias. Como el periodista de El Sol, concluyeron, tras inspeccionar los restos de la choza, que lo que se había producido había sido una cruenta y desigual batalla. Hacia el mediodía abandonaron el lugar con la intención de llegar a tiempo para incluir sus artículos en la edición de tarde. Tres días más tarde otro periodista de la capital de la nación llegó a Casas Viejas. Se trataba de Antonio de la Villa, que aunaba a su condición de periodista de La Libertad la de diputado del Partido Republicano Radical-Socialista. Se desplazó con el encargo del ministro de la Gobernación Santiago Casares Quiroga de averiguar lo que realmente había ocurrido. Tampoco informó de que en la conducta de las fuerzas que habían reprimido la sublevación hubiera nada extraño. Quien primero describió la matanza tal como había ocurrido fue Miguel Pérez Cordón en las páginas del diario madrileño CNT. Cordón era un conocido militante sindicalista de la cercana población de Paterna de Rivera y colaboraba habitualmente en las páginas del periódico cenetista. Además había pasado parte de su infancia en la aldea y conocía a la mayoría de los protagonistas de los acontecimientos. Por las informaciones que recibió de compañeros y familiares conoció los detalles de lo ocurrido y la manera en la que habían sido asesinados los catorce campesinos sacados de sus casas por los guardias al amanecer del día 12. Informaciones que plasmó en un artículo, aparecido el día 18, titulado “Por el agro andaluz. ¡¡Casas Viejas!! Continúa la represión. Rasgos”. Era una crónica un tanto idealizada de lo ocurrido pero con gran fuerza de convicción.
José Luis Gutiérrez |