“Tuvimos en Granada dos hombres honrados, el licenciado Alonso del Castillo y Miguel de Luna [...]; sabían de lengua como los orientales. Se dice que eran de nación moriscos y tan sospechosos en la fe que hubo uno de ellos, Luna, que mandó le enterrasen fuera del lugar, en una ermita, por ser tierra virgen, siguiendo en esto el uso de los moros. Se les hace injuria, por cierto, ya que no es así. Todos los conocimos en estimación y reputación de buenos cristianos católicos. [...] Castillo era hombre de bien, de más edad, aprobado, y en todas las rebeliones de los moriscos de Granada sirvió siempre a Su Majestad y le dejaron como fiel vecino en el Reino de Granada, aunque fueron sacados otros, los demás del reino. Y era intérprete de Su Majestad y de la Inquisición. Nunca se halló contra él cosa que no fuese de católico cristiano. Murió con los sacramentos, y, estando muriendo en la cama, estaba cantando el credo; comulgó y recibió el Santísimo Sacramento por viático. Decía a todos: “Esto que he recibido es el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo; esta es la verdad, lo demás es mentira”. Hizo testamento; enterróse con sacrificios y misas de ánima en la parroquia de San Miguel” Testimonio de Pedro de Castro, fundador del colegio seminario del Sacromonte, arzobispo de Sevilla, fallecido en 1623 D. Canabelas De El morisco granadino Alonso del Castillo. |