Según se desprende de las palabras del primer biógrafo de Cristóbal Colón, su hijo Hernando (“Tanto menos conocido y cierto quiso que fuera su origen y su patria”), la leyenda y la bruma que siguen rodeando la figura del Almirante bien pudo ser algo premeditado por él mismo. Pero al rayar el siglo XXI, los avances de la ciencia pueden acabar con los enigmas y las disputas entre Sevilla y Santo Domingo acerca de la patria definitiva de los huesos colombinos. La eficaz alianza entre las investigaciones antropológicas del historiador sevillano Marcial Castro y los análisis genéticos de los supuestos restos de Colón que dirige José Antonio Lorente, director del Laboratorio de Investigación Genética de la Universidad de Granada, afrontan a partir de 2002 el ambicioso proyecto de desafiar a unos enigmas que vienen desde hace cinco siglos. El origen de las confusiones sobre el paradero de los restos del descubridor se remontan al siglo XVI, cuando la viuda de Colón envía sus restos desde Sevilla a Santo Domingo, siguiendo los deseos de su marido de ser enterrado en América. Cuando en 1795 la Corona española cede la isla a Francia, el sarcófago colombino es trasladado a La Habana, lugar desde el que en 1898, al perder España la colonia de Cuba, son nuevamente trasladados a la catedral Sevilla. La tesis dominicana mantiene que en 1795 no fueron los restos colombinos los que salen de la isla, sino que, por equivocación, salieron los de otra persona. Así, en el lugar donde según esta tesis permanecieron los restos del almirante se levanta el hoy conocido Faro de Colón. Es al arrancar el siglo XXI cuando quiere ponerse fin a esta discordia, que supone la existencia de dos tumbas para un mismo cadáver. Con la ayuda de la tecnología genética, en la que se van a utilizar los últimos avances –los mismos que se han aplicado para la identificación de víctimas del 11-S–, un ambicioso proyecto promovido por el historiador Marcial Castro y financiado por Discovery Channel tratará de dictaminar el paradero real de los huesos de Colón. Para ello el equipo de José Antonio Lorente analiza los restos de Hernando y Diego Colón y los compara con los restos depositados en Sevilla y en República Dominicana. Pero aún falta, a mediados de 2005 –fecha de edición de este tomo– el permiso de las autoridades dominicanas para extraer muestras. El enigma continúa. Jesús Chacón |