Toda la comarca del Andévalo ha destacado por su riqueza en recursos minerales, muchos de ellos explotados desde la Prehistoria. Son muy abundantes los materiales arqueológicos pertenecientes a las distintas etapas del Paleolítico. Pero será con la introducción de la producción agropecuaria cuando se desarrolle el poblamiento. Las altas potencialidades productivas y los importantes acuíferos superficiales favorecerían que las comunidades neolíticas se establecieran en estas tierras. Así, se han registrado cerca de cincuenta yacimientos arqueológicos al aire libre fechados en el V y el IV milenios a.C., que dan fe de la notable complejidad de estas comunidades. La inmediata Edad del Cobre dejará más huella, documentándose no sólo asentamientos y necrópolis, sino también explotaciones de afloramientos de rocas silíceas y volcánicas y de minerales de cobre. Entre los poblados destaca La Zarcita* (Santa Bárbara de Casa), entre los lugares de enterramiento las necrópolis dolménicas de El Pozuelo* (Zalamea la Real), los tholoi de La Zarcita, y Los Gabrieles (Valverde del Camino), y entre las explotaciones metalúrgicas, Cabezo Juré (Alosno). El Bronce Pleno parece coincidir con un decaimiento de la actividad minera, pero resurge en el Bronce Final, momento en el que se incrementa la explotación de la plata y cuando la comarca entra a formar parte de la órbita de los pueblos que habitan el Mediterráneo oriental. También, algunos mitos se situarán aquí, en los confines de la ecumene. Tartessos* y Tharsis* se difuminan y confunden al albur de la distancia: un reto para historiadores y arqueólogos. [J. M. J. A.] |