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ANEXOS |
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- Historias de la emigraci贸n

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Con números en la espalda. Ha derramado la espuma de su cerveza al detenerse en el recuerdo de aquellos días de 1961 cuando asomó por la frontera marcado con un número en la espalda. “Como un saco de abono”. Vuelve a repetir la misma expresión del pasado: “Como un saco de abono”. No sabe si fue el 120 o el 123. ¿Y qué más da? Un número de expedición. Trece años de emigrante: Manuel Cobo Gámez, granadino, de Iznalloz. Iba de pueblo en pueblo vendiendo gallinas. Recovero que se llama. Profesión folklórica, inclusive. El propio Manuel se imagina todavía, muy pinturero, recorriendo cortijos. El recovero, como tantos otros, recuerda con mal sabor aquellos años de su biografía que le impulsaron a buscar trabajo fuera, a dejarse colocar un número en la espalda, y emprender un camino sin rumbo, que se agota y pierde con los años. “Cuando sales de tu país, te reconocen, no te miran las muelas como a los negros que llevaban de África a América, pero sí te ven con lupa. Al llegar a Alemania te revisan de nuevo. Al pasar el tiempo, más de uno ha muerto, o estás inútil, vuelves a tu país hecho trizas”. Manuel trabajará en la República Federal hasta no sabe cuándo. Jadeado de otros españoles, de nuevos emigrantes para Europa, que irán ocupando los puestos más sucios, los más peligrosos, los peor pagados. Al recovero, compra y vende gallinas, pregonando por los pueblos de Andalucía, como figura legendaria, se le ha ido de la cabeza volver a su oficio de coplas. Trece años de emigrante. De gastarbeiter que, pese a ser expresión literal muy digna de “obrero invitado”, se emplea con toda la fuerza despectiva dirigida al trabajador molesto. Victoriano, emigrante cacereño de los pies a la cabeza, se ha retrasado tanto a la cita que tenemos programada con él y sus compañeros de habitación que llegamos a preocuparnos. A las tres horas, el veterano gastarbeiter apareció con la columna vertebral doblada algo más que de costumbre y con ganas de echarse a dormir. Quince horas de trabajo. “El capataz nos dijo que había que levantar dos metros más de muro. Y manos a la obra ¡Qué le vamos a hacer!”. Esa noche, Consuelo, el más joven de los tres colegas españoles, prepara unos “spaghettis” exquisitos. Cenamos en aquella habitación con literas (…) Consuelo ha cumplido doce años de gastarbeiter. Dos años antes de salir de España logró en las clases nocturnas para adultos borrarse de la lista de analfabetos de Peal del Becerro. De pequeño no había conocido otra cosa que el duro trabajo en los oficios del campo andaluz. Su voluntad de hierro le hizo arrastrar con la familia a Frankfurt. Le nacieron dos hijos. Los tres niños siguientes llegaron en el pueblo. Ella estaba en Peal y él en Frankfurt. Se veían de tarde en tarde. Los hijos iban naciendo nueve meses después de las vacaciones del cabeza de familia. “A partir de ese momento, la vida en Alemania comenzó a hacérseme más dura. No tenía otra alternativa que echar años hasta conseguir un porvenir. Los hijos han crecido en el pueblo alimentados con el dinero de los giros. El cariño se va perdiendo. Es mucha separación. Cuando voy me paso el día con caramelos en la mano para lograr traerlos cerca”. Primero se compra un piso. Después, tierras. Veinte fanegas de olivos. Más tarde, para estudiar dos horas –de tres a cinco– cursos de fontanero por correspondencia. Después del estudio, al trabajo: ocho horas de jornada más cuatro o cinco de horas extras en la construcción bajo la lluvia, la nieve y, a veces, catorce grados bajo cero. Por la tarde, a lavar trapos, preparar la cena y a tumbarse agotado en una litera. Ha conseguido su título con mil sacrificios. El regreso, sabe Dios cuándo, lo devolverá a España con toda la carrera de emigrante consumido en el trabajo, desarraigado de la familia y apenado por el futuro que se construye gota a gota. “Remesa andaluces cruza la frontera Stop”. Holanda ha hecho otro pedido de quinientos trabajadores a España para emplearlos en los altos hornos de Beverwijk. «URGE REMESA DE EMIGRANTES...», dirá el telegrama del solicitante. «REMESA ANDALUCES CRUZA LA FRONTERA STOP. REMESA CANARIOS LISTA STOP», contestará el gobierno español. Hay pedidos para las fábricas, las industrias contaminantes, las minas, los restaurantes, hoteles, servicios de limpieza. Pedidos para las vendimias. España ha ido facturando desde los años cincuenta de sus reservas de mano de obra en Andalucía, Galicia, Extremadura, Castilla, Canarias... Destino: Francia, Alemania, Suiza, Holanda, Bélgica... Además de abastecer el consumo interior: País Vasco, Cataluña, Madrid… En los altos hornos de Beverwijk, la fábrica más dura de Holanda, sólo trabajan extranjeros, dos mil quinientos, de los que mil setecientos son españoles, casi todos andaluces, seguidos de gallegos y canarios. Hay en Holanda veinte mil españoles, ciento ochenta mil turcos, cincuenta mil marroquíes, veinte mil yugoslavos, cinco mil portugueses... Ochenta mil trabajadores clandestinos. Cuando entro en el aeropuerto de Amsterdam, pasaporte color verde, español, me pasan a la reserva, junto con otros dos españoles, un portugués, dos marroquíes, una japonesa, que lleva un lagarto disecado, tres muchachos de color. Hasta este momento somos sospechosamente trabajadores clandestinos. Existe una vigilancia severa. El viajero de los países pobres tiene que justificar detalladamente su visita. A no ser que la mercancía humana, procedente de los países subdesarrollados, llegue debidamente precintada, en paquetes, en pedidos de mil, quinientos, con contrato y revisión médica al día. Blas Infante (hijo), emigrante en Ámsterdam. “Espera un momento, que me queda una mesa, ¿eh?”. Y espero con un tinto en la barra. Luis BIas Infante trabaja en el restaurante Iberia de Amsterdam, entre cuatro paredes. ¿Cómo es que Blas no está en Andalucía, como Luisa, María de los Ángeles y Alegría, sus hermanas? Porque al único hijo varón del padre de la Patria Andaluza le tocó también la amarga suerte de coger hace dieciocho años el pasaporte de la emigración. ¡Qué lejos quedan Coria y Puebla del Río! Y ahora que los críos han aprendido a cantar el himno de Andalucía y en los balcones de los pueblos luce la verdiblanca. –Ya estoy listo, ¿nos vamos? Salimos por la noche fría de Amsterdam. –Ves... tantos canales, qué bonitos son... Ésa es la libertad que tenemos, encauzada, dirigida de acá para allá. Yo quiero ser más libre... –y me pregunta con la nostalgia a flor de piel–. ¿Cómo está Andalucía? ¿Cómo están mis hermanas? ¡Qué buena gente...! ¡Qué buena...! ¡Taxi...! (…) BIas no ha perdido el acento sevillano de Triana. De cuando era estudiante de Derecho y colgó los libros, trabajó, toreó y embarcó en un tren de segunda, como todos los andaluces jóvenes lanzados a este exilio. –Nunca me han hecho una entrevista, ¿eh? Nunca. Porque, ¿qué interés puedo yo tener? Ninguno, hombre, ninguno. Yo soy un trabajador más de los veinte mil españoles que estamos en Holanda... Bueno, ¿qué tomamos? Y si dices algo de mí, que sea la realidad. Que soy un trabajador, ¿eh? Un trabajador que lucha, que tiene sus ideas, que piensa en Andalucía, como todos los que estamos aquí. (…) Al día siguiente, en la casa, con su compañera Mariana, que es holandesa, reanudamos la charla. Blas relee El Complot de Tablada. Y se acuerda de Durruti. De su padre habla tímidamente, con una tristeza lejana. Casares, la guerra, Sevilla, Coria, La Puebla, la Isleta del arroz, Luisa María de los Ángeles y Alegría… ¡Qué buena gente…! –¿Qué me decías de tu padre? –Mi padre era un idealista. –Eso es cierto. –Demasiado bueno, ¿no? Se sacrificó mucho. Ahora es cuando su ejemplo está dando resultado; nunca es tarde; pero quizá debía haberlo dado mucho antes. El trauma de la guerra civil lo partió todo, hasta lo poquito que había. –¿Y vosotros, en la familia, percibíais que su mensaje llegaría a despertar en Andalucía? –Sí, en muchos momentos lo habíamos pensado. –¿Cuándo te diste tú cuenta? –A mí me metieron en un colegio de jesuitas en Sevilla. En aquella época, con ese personal, ¿qué ideas podía tener uno? Pero, cuando salí de los jesuitas, sí. Yo me desperté en otro colegio particular y en el instituto. (…) –¿Cómo fue llegar tú a Amsterdam? —Me apunté en la emigración, en Sevilla, en la Plaza de España. –¿Apuntado? –Vine por emigración. –¿Con contrato? —Con contrato en la Ford, como montador de tractores. Puse que era tractorista porque era lo único técnico que sabía hacer. Yo lo único que sabía era montarme en tractor y moverlo p’alante y p’atrás. –¿Venía entonces mucha gente? —Con mi expedición llegamos cien personas. Cuarenta veníamos a la Ford, y el resto traía contrato para la Philips de Rotterdam. En la Plaza de España de Sevilla nos dieron ochenta pesetas a cada uno y nos montaron en el tren. Cuando llegamos a Madrid nos metieron en el hotel Ronda y nos volvieron a dar ciento cincuenta pesetas. De Madrid a París, y de París a Amsterdam. Por cierto, que en Bruselas nos dijeron: «¡No se puede bajar nadie!» Un lío se formó... Íbamos, como van los emigrantes, cantando, o cada uno pensando en sus problemas. Después, de los que iban a Rotterdam se bajaron tres, que ya no podían. Y se perdieron. Hubo que buscarlos. Eso era un drama para todos. Entonces, la emigración vivía muy unida. Te hablo de 1963. Todos nos reuníamos después los sábados y domingos. Nos prestábamos dinero, tomábamos copas… –¿Dónde vivíais? –Se vivía en pensiones. Eso era criminal. Si te tocaba con más emigrantes, te daban una habitación para seis en literas… –¡Jo! –Y para ducharnos y eso teníamos que ir a las duchas públicas. Yo encontré pronto otro sitio, cuando conocí a Mariana. La gente ha estado muy engañada con la emigración. ‘To’ el que llegaba a España con un coche y se paseaba por el pueblo, daba una imagen falsa de los sufrimientos del emigrante. En el pueblo, el que menos dice que es director de una fábrica o que gana tantos miles de florines. En aquellos años, la gente se venía sin papeles. Los ponían como esclavos a fregar suelos. Si las horas de trabajo que echa aquí un emigrante, las pudiera desarrollar en España... Llegaban muchos creyendo que esto era un paraíso para ganar dinero. Aquí, como en todas partes, hay que trabajar mucho. Y muchos problemas, sobre todo el idioma, la soledad... En mi caso es distinto porque trabajo en un gremio, el de hostelería, en el que conoces más gente. Ahora, normalmente, el que trabaja en una fábrica está más solo. Los hay que ganan mucho y otros que ganan muy poco, pero lo normal serán unos dos mil quinientos florines al mes. Y eso echando horas, limpiando suelos y cosas parecidas. La casa te cuesta doscientos florines. Después, tienes que ponerle el agua, la luz, el teléfono, la comida... Unos florines para tabaco, otros para una copita, ¿y qué te queda para ahorrar? –Hay quien ahorra para comprar piso, o tierra, o mantener allí una familia... –Ésos es que aquí no viven. No pueden vivir. No pueden salir a la calle. –O sea que la gente que ha ahorrado... –A base de muchísimos sacrificios. –¿Cuántas horas trabajabais vosotros al llegar en 1963? –Pues mira, yo cuando vine terminaba en la Ford a las cinco de la tarde, luego me iba a fregar suelos hasta las diez y media; y además, los sábados y domingos me iba a los hoteles también a fregar suelos. Aquí hay gente que ha ahorrado mucho dinero a base de no parar de trabajar, de no salir, de no tomarse nunca una copa. –¿Cómo vives tú aquí? –Yo vivo sin molestar a nadie. Vivo mi vida, ¿sabes? –¿Y has pensado alguna vez en volver? –Pues, sí... Me gustaría. –¿Volver definitivamente? –¿Para quedarme? No sé... Yo soy una persona poco estable. Lo mismo estoy aquí, que allí, que mañana me dicen: «mira, en el Congo hay...». Y me voy. Hombre, es lógico que me gustaría volver; a mí y a cualquiera. Pero sin sentar base. Me gustaría más andar mirando y viendo posibilidades. La libertad es muy grande. –Y allí, ahora, cuando empieza a reconocerse la figura de tu padre, ¿no te hubiera gustado estar en Andalucía y participar de ese reconocimiento –La gente me iba a mirar como hijo de papá... Muchos podrían decir, «¡mira, éste vuelve ahora que...!» Yo no tengo méritos. –¿Por qué no? –No, no los tengo. Yo soy un simple trabajador. –¿Y todavía sigues pensando así? ¿O es que crees que es mucha responsabilidad ser hijo de BIas Infante en la Andalucía de 1980? –Yo no le tengo miedo a la responsabilidad. Yo pienso que ésta es mi postura, que responde a una moral mía particular (…) –¿Has pensado alguna vez en aquello que escribió tu padre sobre los andaluces, obligados a emigrar a otras tierras...? –Que se hizo realidad en su hijo, ¿no? –La emigración es algo muy triste. Cada uno de nosotros ha emigrado por unas circunstancias. ¡Aquí se ha dado cada caso...! Y ejemplos de gente extraordinaria, que venía sin ninguna formación y a base de fuerza de voluntad llegaban incluso a sacarse el título de mecánico en holandés. La cuadrilla nuestra hacía muchas horas de trabajo y no teníamos tiempo de pensar en prepararnos para ascender. Vivíamos. (…) –¿Y piensas jubilarte aquí? –Aquí, cuando llegamos, todos decíamos que dos años más, que tres y luego al pueblo. Pero el destino de muchos emigrantes es seguir hasta la jubilación. ¿Qué hacemos allí ahora? Quedarnos paraos y pensar otra vez en emigrar. Eso le ha pasado a muchos. –Y en cierto modo al hacerte ese planteamiento, tú has ido dejando de ser andaluz para hacerte cada día más holandés. –¡No! ¡Qué va, hombre! Yo me he hecho ese planteamiento porque soy trabajador. Yo tengo muy buenas amistades en Holanda. Yo, ya notas mi acento... Siempre andaluz. Yo tengo mis ideas socialistas e internacionalistas y esta sociedad holandesa es muy burguesa, ¿sabes? –Tú, siempre andaluz... –Andalucía, por sí, para España y la humanidad, como nos dice nuestro himno. Pero yo no soy fanático de región o de patria. Yo detesto el centralismo. Lo único importante que yo sé, es que el obrero tiene que pensar en que por encima de todo es obrero y luchar para que su clase, por lo menos (…).
[Luis Blas Infante murió en Ámsterdam en 1998]
Antonio Ramos Espejo De Andalucía: Campo de Trabajo y Represión (1978) y Pasaporte Andaluz (1981). |
- Cinco siglos de emigraci贸n

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Para Andalucía, la emigración, en su concepto actual, puede considerarse que comienza con el Descubrimiento de América, que en gran medida será explorada por andaluces, sobre todo del valle del Guadalquivir, que marchan a las nuevas tierras con la esperanza de mejorar su situación y en el caso de religiosos con el de evangelizar. Esa emigración desde Sevilla, Huelva y puertos gaditanos es especialmente intensa en el primer siglo, el XVI, cuando son andaluces casi la mitad de los españoles que marchan al Nuevo Mundo y sigue siendo relevante, aunque ya en menor cuantía, hasta la emancipación de la actual América Latina. Cuando llega la independencia hay en esos países unos 3,5 millones de personas de origen español, y puede afirmarse que alrededor de los 1,3 millones son de procedencia andaluza. A partir de entonces, inicios del siglo XIX, la emigración se plantea de otra forma, y serán las comunidades del Cantábrico –Galicia, Asturias, Cantabria- y Castilla y León– las que aportan los mayores contingentes. Andalucía, hasta mediados del siglo XIX, se mantiene incluso como polo de atracción para las comunidades norteñas. Desde entonces, con una legislación contradictoria a veces pero más permisiva, se inicia una emigración que en la Andalucía oriental se dirige sobre todo a la Argelia francesa y en el caso de la occidental hacia América, con factores concretos, como la crisis de la viticultura por las plagas de filoxera hacia 1880 o la desindustrialización de algunas comarcas, como Málaga, y sobre todo la penosa situación del campo andaluz, que favorecen el éxodo. Cadiz se convierte desde mediado el XIX en el gran puerto de embarque hacia América de todo el sur peninsular. En las dos últimas dácadas del XIX emigran hacia América entre 10.000 y 15.000 andaluces cada año. Cifra que se intensifica entrado el siglo XX y que lanza en los años previos a la I Guerra Mundial hasta las 40.000 personas al año, para decrecer tras la crisis del 29. En el XIX la provincia más emigrante será, con mucho Almería –más de 100.000 emigrantes en las dos últimas décadas, la mitad por sí sola de Andalucia, en tanto ofrecen muy escasa emigración Jaén y Córdoba. Entre 1911 y 1935, hasta las vísperas de la Guerra Civil, emigran 272.000 andaluces, con claro predominio de la Andalucía litoral sobre la interior. De los emigrantes, alrededor de dos tercios son hombres y un tercio mujeres. Ahora el destino principal es Argentina.
Antonio Checa |
- La emigraci贸n andaluza en la Europa comunitaria

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La producción identitaria no es ajena a las finalidades prácticas perseguidas, en este caso la aceptación de los inmigrantes como grupo y no solamente como individuos. A través de la nueva identidad elaborada, los inmigrantes buscan ser reconocidos como actores legítimos del contexto de residencia, en primer lugar el espacio local de la ciudad. Se trata en última instancia de la reivindicación de la plena ciudadanía, independientemente de la pertenencia nacional”, señala Claudio Bolzman, en la revista Migraciones (1997). Dentro de este abanico de respuestas, mucho más amplio en la práctica que en la teoría, los sujetos sociales van definiendo sus pautas de actuación en la medida en que se van configurando los marcos para la negociación. En ese sentido, es evidente que la constitución de un espacio social europeo que otorga a los comunitarios una serie de derechos comunes de ciudadanía, entre los que destacan el derecho a la libre circulación y, aunque con importantes restricciones en la práctica, al trabajo en cualquier país de la UE, ha repercutido positivamente en la integración de los emigrantes provenientes de la Europa mediterránea. El problema es que paralelamente a esta integración se ha ido produciendo un cierre de fronteras y un endurecimiento de las políticas migratorias en una línea que cruza desde los acuerdos de Schengen hasta los de Tampere, y que refuerza las nuevas fronteras entre el “nosotros” comunitario y el “ellos” extracomunitario. En el apartado sobre el asociacionismo hemos visto como, al mismo tiempo que se apuesta por la reproducción de la identidad étnica, los andaluces refuerzan también sus vínculos con el resto de los emigrantes españoles, pero también con los “europeos”, lo que se traduce en un extrañamiento de la inmigración no europea de origen, pese a que muchos de estos inmigrantes lleven largo tiempo en los países de destino y hayan atravesado por situaciones muy parecidas a las que experimentaron los inmigrantes españoles o italianos, ya que todos tenían en común la dificultad de acceso a la ciudadanía debido a la identificación existente entre ésta y la nacionalidad. Christiane Stallaert nos muestra claramente cómo en Bruselas los inmigrantes de origen europeo son discriminados positivamente por las escuelas flamencas en su estrategia encaminada al mayor incremento de los estudiantes en esta lengua. En general, toda una serie de datos nos indican que los antiguos inmigrantes del norte mediterráneo, que en los años sesenta eran considerados como no asimilables, experimentan un proceso de ascenso social en las zonas de destino, a la que no son ajenas en absoluto las actuales políticas migratorias comunitarias. Otro factor que incide positivamente en la mayor integración de los inmigrantes españoles y andaluces tiene que ver con los trabajos desempeñados por las mujeres: en un contexto de envejecimiento de la población, las tareas del cuidado de ancianos han experimentado un incremento del prestigio social que corre paralelo a la mayor demanda de estas actividades. En este aspecto, el factor étnico incide como un elemento decisivo en el grado de confianza en las relaciones trabajadora/empleadores. Esto no significa que un trabajo tan importante en nuestras sociedades esté valorado en sus justos términos, aquí, el factor género sigue siendo decisivo a la hora de valorar el prestigio social de la actividad . Por otra parte, la jerarquización étnica que corre paralela a la segmentación de los mercados de trabajo no deja de ser un arma de doble filo: si por un lado beneficia a unos colectivos, este beneficio no se realiza en términos de equiparación social, sino en perjuicio de otros grupos étnicos. Factores como la religión o determinados rasgos fenotípicos son empleados en esta jerarquización. Aunque el fenómeno está lejos de ser nuevo, sí que adquiere proporciones alarmantes en un contexto de incremento de la segmentación y desregulación de los mercados de trabajo que caracteriza a las sociedades de la glocalización. Sobre los inmigrantes andaluces, como en general sobre el conjunto de los inmigrantes de la Europa mediterránea y sobre la ciudadanía de los países de destino, recae la responsabilidad de sacar ventajas de la nueva situación de privilegio, o, por el contrario, denunciar los intereses económicos y políticos que se esconden detrás de la visión de una diferencia desigualmente construida. El futuro de una Europa realmente plural es una tarea de todos, y la experiencia de discriminación debe formar parte de una memoria histórica que ayude a alejar a los fantasmas de la xenofobia y a denunciar las situaciones de racismo que, desgraciadamente, forman parte de la vida cotidiana de tantas localidades europeas.
Emma Martín Díaz |
- Emigraci贸n y retorno

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in duda alguna, en el espacio de tiempo que va desde mediados de la década de los cincuenta a mediados de la década de los setenta, se configuró lo que problablemente es, desde el punto de vista cuantitativo, el mayor proceso migratorio que jamás haya sufrido una región española a lo largo de toda su Historia. Es difícil precisar el número exacto de personas que abandonaron Andalucía, ya que las estadísticas de la época no eran particularmente rigurosas a la hora de controlar todas las personas que salieron. No obstante, se puede estimar en unos dos millones de personas las que en el plazo de algo menos de dos décadas se vieron obligados a marcharse de sus lugares de nacimiento en busca de unas mejores condiciones de vida. El destino de estos emigrantes fueron principalmente las áreas más industrializadas del Estado, Cataluña, País Vasco, Madrid o Valencia, y en Europa países como Alemania, Francia, Suiza o Bélgica. Sin embargo, esta oleada migratoria, de motivaciones económicas, se vio precedida de otra oleada anterior, la que se produjo tras la Guerra Civil y el período de represión franquista. Los andaluces de esta etapa escogieron como lugares de destino preferente los países de habla hispana del contienete americano y, en menor medida, Francia y el Benelux. Los países americanos ya contaban con una sólida tradición de recepción de población andaluza, desde el período de la colonización americana. Es así como podemos distinguir tres etapas características de los flujos de salida en función de las preferencias de destino y de las motivaciones que originaron esta salida. La llamada emigración histórica se extiende desde finales del siglo XVI hasta principios del siglo XX. Se trata de una emigración de colonización. La principal diferencia entre los sistemas coloniales modernos (España, Portugal y Reino Unido sobre el continente americano y Oceanía) y los sistemas coloniales contemporáneos ( Reino Unido y Francia sobre los continentes africano y asiático) es precisamente la importancia de la movilidad del factor humano en el primero de estos sistemas, frente al factor estratégico militar y comercial en el segundo de estos sistemas. El segundo tipo es una salida basada en el exilio: desde 1936 (Guerra Civil Española) hasta 1959 (Instituto de Migraciónes, Plan de Desarrollo). Se trata de una emigración fundamentada en motivos políticos e ideológicos. Si bien en primer lugar se dirigen a Francia y Benelux, la situación en Europa empuja de nuevo a importantes sectores de esta población hacia América. La tercera oleada migratoria, desarrollada entre 1959 y 1990, responde a motivaciones económicas: desde 1959 hasta 1990. Se dirigen fundamentalmente a las zonas de desarrollo industrial. En España, Cataluña, Pais Vasco, Madrid y Valencia. En Europa, el semicírculo que forman el Benelux-cuenca del Rhin–Costa Azul francesa. Situación de equilibrio. Desde 1990, Andalucía tiene una tasa de emigración y una tasa de inmigración similar, cercana a la media nacional. Gracias a los diferentes Censos de Población, podemos estimar que en la actualidad, más de un millón y medio de andaluces residen fuera de Andalucía. En general y conforme al Instituto de Estadística de Andalucía, el 90% de esta población andaluza en el exterior se corresponde al perfil tradicional de la emigración ocurrida antes de 1981 y el 10% restante corresponde a movimientos emigratorios posteriores a dicha fecha. En cuanto al perfil tradicional, se consolida el tipo de emigrante varón (70.2%), con edad entre 35 y 64 añós (78.11%), y preferentemente activo en los sectores de la industria, construcción y transportes. En cuanto al perfil posterior a 1990, no hay grandes diferencias entre sexos en la intensidad migratoria. Actualmente, hombres y mujeres emigran a partes iguales, aunque ligeramente por debajo las segundas. Las edades por debajo de los 44 años son las que presentan mayores tasas migratorias, siendo los jóvenes entre 25-35 años los que representan casi un tercio del total de emigrantes. Junto a esto, presentan cierto grado de infraeducación formal (28.83 Bachiller o superior, siendo en la población general esta tasa del 41%). Del total de andaluces y andaluzas residentes en el exterior, el 90% reside en países con un muy alto índice de desarrollo humano. Análisis del contexto histórico. Los andaluces en el exterior se encontraron inmersos en sociedades con diferentes culturas políticas y diferentes grados de experiencias democráticas. En España, se producían importantes reivindicaciones de valores democráticos y de participación, así como de reconocimiento de hechos diferenciales en base a criterios de identidad. Especialmente relevante fue la experiencia de los andaluces en Cataluña y Francia. En este país la asunción de la cultura democrática y republicana por parte de la población andaluza permite enlazar la tradición democrática española con la Transición democrática de finales de los setenta en el interior del país. En Cataluña las reivindicaciones andaluzas comenzaron en la participación muy activa en partidos políticos, sindicatos, movimientos vecinales y por viviendas dignas de barrios y ciudades periféricas a la capital. La entrada en la agenda política catalana de las reivindicaciones de los andaluces y andaluzas residentes en Cataluña se consolida con la participación de líderes de opinión y candidatos en las manifestaciones con motivo de la reivindicación de la autonomía plena en Cataluña, ya que estos ciudadanos ejercitarían su derecho al voto en aquella Comunidad. Y esto en cuanto a la participación en la transformación de la cultura política en Andalucía. En cuanto a la participación económica, es tradicional en el análisis de la estructura económica española de la Transición la consideración del efecto equilibrador sobre el déficit comercial de las remesas y transferencias netas de los emigrantes y de las divisas provenientes del turismo. Por otra parte, también se alude al papel de la emigración exterior como válvula de escape de la población activa que permite disminuir las tensiones en el mercado de trabajo español y mantener tasas de desempleo a niveles reducidos. Las tasas de desempleo de los años sesenta y setenta hubieran crecido entre un 0.6 y un 0.8 puntos en ausencia de estos movimientos. Así, se obtenían divisas con las que compensar el elevado déficit de la economía española ocasionado por la elevada propensión a la importación en pleno proceso de desarrollo. Por otro lado, la falta de competitividad de las exportaciones se compensaba con la moderación salarial que provocaba el movimiento de rotación de la parte de exceso de mano de obra. Sin embargo, hay un asunto que no ha trascendido tanto a la opinión pública andaluza y es el análisis de la captación del ahorro emigrante en estas décadas. El período 1960-1970 se caracterizó por la carencia de un marco jurídico específico, quizá debido a la escasa entidad de la red exterior del sistema bancario español. Hasta 1967 existió la prohibición de remunerar pasivos en moneda extranjera en el marco de una muy acentuada política de control de cambios. El período 1970-1985 se caracteriza por la existencia de la Cuenta de Ahorro Emigrante (CAE). La comprensión de esta realidad llevó a la sociedad andaluza valorar la importante red de asociaciones y colectivos andaluces en el exterior de Andalucía, que se vinieron a denominar Comunidades Andaluzas. Red de comunidades en el exterior. El Registro Oficial de Comunidades Andaluzas, dependiente de la Consejería de Gobernación, nos pude dar una visión general de las diferentes localizaciones y viveza del movimiento asociativo andaluz en el exterior. En definitiva, contamos con 370 comunidades andaluzas reconocidas oficialmente por la Junta de Andalucía. El 80% están asentadas en otras Comunidades Autónomas, destacando Cataluña, Valencia, Madrid, País Vasco y las Islas Baleares, con una actividad muy intensa en Aragón, Canarias y La Rioja. Existen 35 Comunidades Andaluzas en otros países europeos, destacando las asentadas en el sur de Francia y París, Bélgica y Holanda. Son muy activas las 17 Comunidades Andaluzas reconocidas en la República Argentina, las dos asentadas en Cuba y en Puerto Rico, así como las de Brasil, Colombia, Estados Unidos, México y Perú. La Comunidad Andaluza registrada más lejana es la registrada en Australia. El movimiento asociativo. El movimiento asociativo andaluz en el exterior tiene más antigüedad incluso que la propia conciencia colectiva y explícita de identidad en Andalucía. Si bien aparecen sociedades andaluzas en la etapa que en Andalucía se considera “del andalucismo histórico”, en el exterior estas sociedades se mantuvieron, desapareciendo los clubs y entidades andaluzas en Andalucia. Así, las primeras colectividades andaluzas aparecen en el Caribe a finales del siglo XIX (La Habana, 1885), seguidas de cerca por las del continente americano (Rosario en la República Argentina en 1915, Buenos Aires en la década de 1920-1930). El movimiento asociativo andaluz en el resto de Europa tiene su origen bien a finales de los cincuenta (sur de Francia), bien en los años sesenta y setenta (Benelux y Alemania), si bien en Alemania se encuentran diluidos en el movimiento asociativo general de españoles residentes en ese país, al igual que en el Reino Unido. En España, el movimiento asociativo andaluz tiene su origen en movimientos vecinales y sindicales clandestinos a finales de la década de los setenta, logrando pleno reconocimiento y consideración a lo largo de la década de los ochenta y consiguiendo finalmente el reconocimiento de la Administración Autonómica Andaluza en 1986. Sin duda, la más importante de las modificaciones estructurales producidas en los últimos años en el movimiento asociativo andaluz en el exterior es el producido en su base personal. El modelo migratorio andaluz se empieza a caracterizar a principios de los noventa por la compensación del flujo de inmigrantes que se registran hacia Andalucía. Las proyecciones sobre inmigración para el período 1998-2051 van siendo confirmadas en el tránsito hacia un modelo demográfico caracterizado por la inmigración, en la que cabe destacar el importante contingente de andaluces y andaluzas retornados. Considerando 1992 como año base, se produce un aumento del 117% del ritmo del flujo de retorno en una década. El ritmo de crecimiento de este flujo de retorno viene situándose en torno al 8.3% anual. La trayectoria hacia el cambio en el modelo de retorno a lo largo de la última década esta siendo desde un retorno estacional (navidades/verano) hacia un modelo de retorno permanente. El retorno incide de manera directa sobre las administraciones locales, más cercanas a los ciudadanos en la prestación de servicios demandados por estos colectivos. En algunos municipios granadinos, por ejemplo, la población municipal residente en el extranjero puede sobrepasar el 20% de la población total del municipio. Es el caso de la Alpujarra de la Sierra (40%), Murtas (37%), Rubite (24%), Juviles (22%), La Tahá (21%), Bérchules y Cáñar (20%). Por otro lado, el logro político y cultural de los andaluces y andaluzas de segunda generación es precisamente este, la valoración de la identidad múltiple y la asociación a este discurso sobre la identidad de un plus de ciudadanía basado en la participación. El énfasis en el dónde –en el exterior de Andalucía– permite ver de forma más cercana a las otras personas y colectivos y facilita pensar de manera distinta cuestiones sobre la identidad. Pensar en la ubicación alienta una preocupación sobre las relaciones entre diversos tipos de identidades y, por lo tanto, sobre el desarrollo de estrategias basadas en afinidades y coaliciones con otros grupos identitarios. Además, gracias a las tecnologías de la información y de las comunicaciones son muchos los emigrantes de primera y segunda generación que mantienen estrechos vínculos con sus amigos y familia en Andalucía. Organización y Servicios. La planificación de los servicios públicos en atención a los andaluces y andaluzas en el exterior se realiza a través de cuatro entidades fundamentales: la Consejería de la Presidencia, que dirige un programa de comunidades andaluzas virtuales a través de internet y concede los nombramientos de Hijos Predilectos de Andalucía y las Medallas de Andalucía; la Consejería de Gobernación, a través de la Dirección General de Andaluces en el Exterior y el Consejo de Comunidades Andaluzas; la Consejería para la Igualdad y de Bienestar Social, de la que depende la Dirección General de Servicios Sociales e Inclusión, y, por último, la Consejería de Empleo, que controla la Dirección General de Trabajo y Seguridad Social y reserva un cupo de residencias de tiempo libre para las Comunidades Andaluzas. La coordinación de estas cuatro entidades permite ofrecer una amplia red de servios a los andaluces emigrados. Estos servicios pueden ser divididos en los siguientes apartados: Area de participación. Su principal instrumento de actuación es el llamado Consejo de Comunidades Andaluza, un órgano presidido por el presidente de la Junta de Andalucía y en el que está representada la comunidad emigrante a través de tres vocales de Cataluña, dos de Europa, dos de América, uno por Madrid y otro por el resto de España. El Consejo se reúne una vez por semestre en sesión plenaria a través de sesiones plenarias, comisión permanente y comisiones de trabajo. Este Consejo permite la celebración del V Congreso Mundial de Comunidades Andaluzas, el intercambio asociativo para jóvenes miembros de las Comunidades andaluzas y el fomento de la colaboración con las entidades andaluzas. Area de apoyo al retorno. En este área la Junta de Andalucía colabora con el Estado en la creación de la Oficina de Atención y Orientación al Retorno, institución que se encargará de dar informaicón a los andaluces que desean retornar (trámites previos y posteriores al retorno y plazas en residencias propias y concertadas para los mayores de 65 años que deseen volver). Asimismo, la Oficina administrará las subvenciones de la Junta de Andalucía para andaluces que desean retornar y para asociacionnes de emigrantes retornados. Área de Apoyo Social. Su objetivo es subvencionar una serie de programas que permitan la atención de los emigrantes residentes en el exterior. Se pretende ayudarles a preparar la jubilación, realizar actividades de promoción, integración social, fomento de la solidaridad, favorecer la autonomía personal y la permanencia en el entorno habitual y prestar asistencia, asesoramiento e información sobre el retorno de los emigrantes. De forma específica, se establece en 2002 el Plan Extraordinario de Ayuda Social a los Andaluces Residentes en la República Argentina. Área de Apoyo cultural. Este campo de trabajo permite el reparto de subvenciones para la promoción cultural de las comunidades andaluzas, ofrece apoyo en la conmemoración del Día de Andalucía, organiza exposiciones itinerantes, programa conferencias y gestiona visitas culturales a Andalucía de las comunidades andaluzas. Asimismo, otorga anualmente el Premio Comunidades Andaluzas. Área de Equipamientos. Sufraga subvenciones destinadas a la adquisión de equipos informativos y para sufragar el coste de la tarifa de conexión a internet durante un período de un año a las Comunidades andaluzas, lo que permite desarrollar la llamada Comunidad Virtual Andaluza. Área de Información. Se encarga de la distribución entre las comunidades de emigrantes de publicaciones, documentales, campañas informativas, memorias de actividades y orientación. También entrega Becas de Formación e Investigación. |
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