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ANEXOS |
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- Yacimientos arqueológicos

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La comarca de Andújar ha estado poblada desde la Prehistoria Antigua hasta la actualidad, lo que ha generado un rico patrimonio arqueológico que ha servido para articular explicaciones del pasado aún antes del establecimiento de la arqueología científica, como sucedió con el episodio de los santos de Arjona (->véase Arqueología). Desde un punto de vista paisajístico y geográfico pueden distinguirse tres zonas bien diferenciadas y articuladas: el Valle del Guadalquivir, las campiñas y la Sierra Morena, hecho que ha influenciado en la distribución de la población a lo largo de la historia. Así, las evidencias arqueológicas conocidas del poblamiento paleolítico se localizan en las terrazas del Guadalquivir, con una distribución de asentamientos en las márgenes del río que responde a un modelo de explotación del territorio que requiere de una gran movilidad y una alta predecibilidad de los recursos explotados, en el que el curso de agua sirve como vía de comunicación entre las concentraciones de recursos cinegéticos y vegetales; como parece indicar el yacimiento del Paleolítico Inferior de Arroyo Escobar (Andújar). El posterior desarrollo de una economía basada en las actividades agropecuarias supuso una limitación a la movilidad de las poblaciones y la progresiva sedentarización de las mismas. El Valle deviene en la zona más poblada de la comarca como consecuencia del aprovechamiento de sus recursos hídricos y edáficos en la producción agrícola. En este momento se produce un aumento en el número de asentamientos y éstos se distribuyen de forma regular a lo largo de la Vega. En el Neolítico Final, los poblados están constituidos por una serie de cabañas parcialmente excavadas en el suelo y superestructura realizada con materiales efímeros, un ejemplo de los cuales fue localizado en la Plaza de Armas de Sevilleja (Espeluy). La Edad del Cobre supone una inflexión en el patrón de asentamiento de la comarca; a partir de ahora, la Sierra Morena (Loma de Atocha, Los Santos en Andújar) es intensamente poblada y se consolida la ocupación del Valle y de las Campiñas (Cerro de la Coronilla, Cazalilla), estableciéndose un sistema socioeconómico que integra la explotación de los recursos de las tres áreas. En la Sierra se busca además de sus potencialidades agropecuarias su riqueza minera. La reducción del número de yacimientos pertenecientes a esta época habla de una sedentarización completa de la población. Esto es especialmente evidente en el Valle, donde el asentamiento de Los Villares de Andújar se convierte en el centro jerárquico de la zona. En el Calcolítico Final, Los Villares, Las Tiesas (Espeluy) y las Aragonesas (Marmolejo), situados en vados del río se constituyen en los lugares a partir de los cuales se relacionan las poblaciones de la Campiñas y la Vega con los poblados metalúrgicos de la Sierra. Esta compleja organización del territorio y de su explotación ha hecho que algunos autores propongan para este momento el inicio del Estado en la comarca. En la Edad del Bronce tienen lugar profundos cambios en el patrón de asentamiento. Así, junto a la permanencia del asentamiento de Los Villares se inicia la ocupación de otros en la desembocadura de los afluentes de la margen derecha del Guadalquivir que funcionan como lugares de interacción entre las comunidades metalúrgicas de la Sierra y las agrícolas del Valle. En época romana se potencia Los Villares como núcleo desde el cual ejercer el dominio político de la zona, en consonancia con lo cual se convirtió en un importante centro alfarero que proveía de vajilla de lujo (sigillata) a la Bética y el Norte de África. En época medieval la comarca fue un área muy significativa dentro de la kora de Jaén, con importantes núcleos de población como los de Andújar y Arjona. [J. A. A. M.] |
- El complejo alfarero de los Villares

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El centro de producción de terra sigillata hispánica de Los Villares de Andújar se encuentra en una zona conocida por el hallazgo de restos arqueológicos que deben identificarse con la antigua ciudad romana de Isturgi, a unos 5 km. al este de Andújar. Dado a conocer en 1971, tres investigadores han desarrollado sus correspondientes proyectos: Manuel Sotomayor Muro desde 1971 a 1979; Mercedes Roca Roumens de 1979 a 1994 y María Isabel Fernández García desde 1995. En estos años se constata que estamos ante un importante complejo alfarero que elaboraba distintas producciones cerámicas: la considerada como de “lujo o semilujo” denominada terra sigillata hispánica, junto a la cerámica de paredes finas, lucernas (lámparas), cerámica común romana (de cocina y vajilla de mesa), cerámica de tradición ibérica, y otras menos documentadas (barniz rojo pompeyano, ánforas, etc.). El análisis de las producciones, en especial de la terra sigillata hispánica, permite el seguimiento de tres generaciones de alfareros isturgitanos (épocas julio-claudia, flavia y siglo II). La importancia de este complejo alfarero radica en que, junto con el centro de producción de terra sigillata sudgálica de La Graufesenque (Millau, Francia), es el único que proporciona fechas de producción de entre el conjunto de talleres que funcionó a lo largo y ancho del Imperio Romano. Estas instalaciones alfareras movían un variado y extenso volumen de productos, cuya salida al mercado exigía un gran esfuerzo de planificación, en el que no faltó la creación de sucursales en las actuales provincias de Málaga y Granada orientadas al comercio local y regional. Esto indica la importancia del papel de Los Villares en las estructuras de producción y comercialización de sigillata en la Bética y en el norte de África. Posiblemente a ello contribuyera su inmejorable situación junto al Guadalquivir, cuya navegabilidad permitiría el envío de los productos hasta Corduba (Córdoba), donde se embarcarían en navíos de mayor tonelaje como carga complementaria en el comercio a larga distancia. La vía terrestre se utilizaría para la comercialización con áreas alejadas de la ruta fluvial y con aquéllas relativamente próximas a los alfares, como parece confirmar la amplia difusión de sus productos en la Bética y otras zonas peninsulares.
M.Isabel Fernández García |
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