La leyenda de El laurel de la Zubia también viene a justificar desde la ficción el origen de esta devoción. La Reina Católica hizo colocar una tribuna sobre una de las puertas de la ciudad, con la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, en memoria de la que ella pasó al verse asediada por los moros en las proximidades de Granada. Para sacar a la Virgen procesionalmente debió pensarse en una imagen corpórea, que se pidió a Toledo. La tradición habla de dos mancebos misteriosos y de dos ancianos de Toledo, como protagonistas de la venida de la nueva imagen. Ésta es la que se conserva actualmente, que con el paso del tiempo ha sufrido una singular transformación, motivada por la piedad y los gustos de otras épocas. El resultado es extraordinario, ya que como imagen religiosa suscita profundos sentimientos de compasión y de veneración. Se trata de la escultura de una Dolorosa, de tamaño casi natural, que está de pie y tiene los brazos unidos al cuerpo y las manos cruzadas sobre el pecho. De la misma talla, viste una airosa túnica de color azulado bajo. Luego se la vistió de blanco y manto negro, detrás se le colocó una cruz y delante una mesa para depositar el cuerpo de su Hijo muerto y una media luna. De este modo semeja que la Virgen figura sentada y que el Redentor yace sobre sus rodillas. Después fueron muchos los mantos y coronas que, entre medallas, distinciones y preseas, recibió la Patrona.
Juan Larios |