En la mitad del camino de Antequera a Archidona hay un monte muy áspero que se llama la Peña de los Enamorados por lo ocurrido a dos amantes, que el uno era un cristiano de Antequera y la otra una mora de Archidona, que habiendo estado escondidos muchos días en aquel monte, hallados al fin y no pudiendo escapar, antes de verse separados y vivir el uno sin el otro determinaron morir juntos y subiéndose al más alto peñasco del monte, después de muchas lágrimas y lamentos por su adversa suerte, viendo ya cerca a los que los perseguían, abrazados estrechamente y juntos sus rostros se arrojaron de la cumbre y dejaron su nombre a aquella montaña.
Andrea Navaggero De Viaje por España |
Como parece sugerir el topónimo, Antequera es una ciudad antigua, situada en el corazón de Andalucía y bien comunicada con Sevilla, Córdoba, Granada, Málaga y Algeciras. En la historia propia ha desempeñado un importante papel y, después de la Constitución de Andújar de 1835, fue sede donde se redactó la Constitución para los Cantones Andaluces en 1883. Y también hace un par de décadas la comarca que encabeza esta ciudad se convierte en algo simbólico con la primera declaración de Reforma Agraria. Recordemos que en Andalucía ha existido tradicionalmente una estructura de propiedad en parte latifundista, cuyo origen se establece en la conquista castellana, y que ha dado lugar a numerosas luchas sociales. Los estudios de Pascual Carrión en los años treinta del siglo pasado señalaban casi 6.000 contribuyentes (cuando la población total era de 4.600.000) poseedores de más de 250 ha con un total superior a los cuatro millones de ha (casi la mitad de la superficie andaluza). La Guerra Civil cortó el proceso de reforma agraria republicana y en la Transición de los años setenta resurge, aunque algo atenuado, el asunto; hasta que el entonces presidente Escuredo llevó a cabo en 1984 la Ley de Reforma Agraria de Andalucía*, cuyas características se verán en la voz correspondiente. Sólo apuntar ahora que se basaba en actuaciones comarcales procurando la utilización del recurso tierra con impuestos en caso de desaprovechamientos, y excepcionalmente expropiaciones. Y precisamente el primer Decreto de actuación (16/X/85) fue el de la Comarca de Antequera, donde el IARA (Instituto Andaluz de Reforma Agraria, ya desaparecido, como la misma reforma) llegó a catalogar las tierras comarcales con casi las tres cuartas partes no afectadas (inferiores a 50, 300 o 750 ha en regadío, secano y monte, respectivamente) y exentas (por alcanzar el 80% del óptimo); el 22% sometidas a impuesto de infrautilización y planes forzosos de mejora; y el 3,6% declaradas de arrendamiento forzoso por no llegar al 25% del óptimo comarcal. Poco después el proceso se interrumpió, pero conviene recordarlo para la historia de esta ciudad y su comarca.
Gabriel Cano |