inicio quiénes somos normas de uso abreviaturas contacto
Andaluca Cultura

BÚSQUEDA DE TÉRMINOS



Acceso a búsqueda avanzada

TÉRMINOS VISITADOS  


TÉRMINOS RECIENTES

AGENDA CULTURAL
   Bodas de Sangre: Programación en Jaén
   Taller de creatividad dinamizado por Yanua para celebrar el Día Internacional del Libro Infantil
   Taller de fin de semana: Fotografía + Ciencia: fotografiando lo imposible



CON LA COLABORACIÓN DE



 
TÉRMINO
- GRANADA, COMARCA DE
  ANEXOS
 
  • La ciudad y la Vega  Expandir
  •     Son tan frecuentes los signos de la expansión urbana sobre el espacio rural de la Vega, que ya no puede entenderse su identidad sin contar sus relaciones con la capital granadina. Los lazos han sido estrechos siempre, sólo que sus manifestaciones son hoy diferentes a los de la sociedad de base agraria.
        En la sociedad tradicional, las relaciones entre la Vega y la ciudad de Granada tuvieron como punto de confluencia una misma comunidad de intereses: la actividad agraria. Gran parte de ella se organizaba desde la ciudad. No únicamente porque en ella vivían muchos, y los mayores, de sus propietarios. Sino además, porque desde ella se difundían las innovaciones y se encauzaban las iniciativas. Aunque entonces eran nítidos los límites entre el espacio rural y el espacio urbano, sus relaciones económicas eran estrechas. Los intereses de la agricultura afectaban el desenvolvimiento de la ciudad, que experimentó con la Vega el auge agrario de las primeras décadas de siglo, del que quedó huella sensible en el urbanismo granadino.
        La industria azucarera. Y es que fue especialmente intensa la trabazón de intereses, burgueses y campesinos, que se produjo con la revolución remolachera y el establecimiento de la industria azucarera. Con esta industria de base agraria, y el enriquecimiento general, se intensificaron las relaciones funcionales de la comarca y su capital. La red de tranvías materializó la polarización, por la ciudad, del espacio de la Vega en tiempos previos a la era automovilística. En su trazado radial enlazaron Granada a todos los vértices de la llanura, ensartando en su paso pueblos, que pasaron a ser los más vinculados a la ciudad, y fábricas azucareras. La relación campo y ciudad se fue perfilando como una simbiosis de intereses mutuos. Y hubo en ellos una referencia común, la riqueza de la Vega.
        Tales relaciones propias de la capital rectora del espacio rural y de su actividad agrícola, acorde a aquella sociedad de base agraria, se han ido transformando desde los años sesenta y ya con intensidad en las últimas décadas. En el nuevo sistema productivo, la fuerza económica emana de la ciudad, y el espacio de la Vega se va viendo transformado según la intensidad de esta irradicación urbana.
        La transformación del paisaje. En el paisaje se encuentra testimonios continuos de las transformaciones operadas. Granada, como ciudad central del sistema urbano de la Vega, mantiene y acrecienta su papel jerárquico, pero la monofuncionalidad agraria de la comarca comienza a desaparecer, dando paso a una multiplicidad de usos del suelo y de ocupación de sus gentes. Así, ni la agricultura es ya la actividad económica básica en algunos municipios de la comarca ni, en consecuencia, los campesinos forman la masa de sus efectivos poblacionales.
        Estos cambios son la secuela del crecimiento económico de las últimas décadas y el proceso de exurbanización de una serie de actividades y funciones que se van desplazando desde Granada a los municipio que la circundan.
        En los comienzos de 1969 se concede un Polo de desarrollo Industrial a granada, una de cuyas manifestaciones fue la construcción del polígono industrial Juncaril, enclavado en tierras de los municipios de Albolote y Peligros, con una superficie ligeramente superior a 200 hectáreas. Este polígono, junto al inmediato de La Unidad, concede a esta zona casi el monopolio del suelo industrial de la comarca, incluido el espacio urbano, nucleado así en torno a la carretera nacional 323 Bailén-Motril. Esta nueva función productiva, en las cercanías de la capital, está en la base del fuerte crecimiento que han experimentado los pequeños núcleos de población próximos: Peligros ha pasado de 3.992 habitantes en 1970 a 6.094 en 1991, y Maracena, entre las mismas fechas, de 7.451 a 12.844 habitantes. Ello se traduce, en el espacio, en un acelerado proceso de edificación que ha tomado por eje el de la carretera nacional, proceso con tendencia a celerarse merced a la mayor accesibilidad que hoy proporciona esta vía.
        Menos afectados en el establecimiento de nuevas actividades productivas, los municipios que bordean por el sur y este la ciudad, no han quedado a la zaga en esta expansión física y humana. Algún municipio de esta zona supera hoy los 10.000 habitantes (Armilla) o se aproxima a ellos (La Zubia). Pero en cualquier caso, el conjunto de estos pequeños términos ha aumentado su población, en los últimos veinte años, a un ritmo superior al de Granada, con crecimientos, en algunos de ellos (Cenes de la Vega, Ogíjares, Huétor Vega, Cájar...) realmente importantes en términos proporcionales. En todos estos casos, la causa ha venido de la mano de la oferta de suelo residencial al amparo de la proximidad de Granada, así como de un medio ambiente atractivo, al menos inicialmente. De este modo venimos asistiendo a la proliferación de toda una serie de urbanizaciones a lo largo de la cornisa que domina la Vega. Urbanizaciones que si, inicialmente, eran de segunda residencia, cada día son más residencia permanente, como resultado del encarecimiento del suelo urbano en Granada y la mayor accesibilidad de estos municipios, que la reciente y polémica circunvalación no hará más que reforzar.
        El hábitat de la Vega se ha transformado intensamente. A los pequeños pueblos aislados, con salpicadas casas de labor entre ellos, suceden un entramado de urbanizaciones que amenazan ser un continuo edificado especialmente extenso en el sureste de la Vega. Los contrastes morfológicos son agudos. En todos estos casos el núcleo originario se diferencia, con claridad, de los nuevos espacios construidos en donde dominan elementos y tipología arquitectónicas extrañas.
        Este crecimiento, tanto en el norte como en el sur, de los municipios de la periferia de Granada ha determinado una importante reducción del espacio cultivado. Como no podía ser de otro modo, el crecimiento físico de Granada y de los municipios de su entorno, ha provocado el cambio de los usos del suelo: de agrario, a industrial, residencial, o comercial, transformación en la que no se han visto excluidas las mejores tierras de regadío. En el conjunto de la Vega, la pérdida se aproxima a las 1.400 hectáreas de tierras regadas entre 1976 y 1990. El tema es preocupante, y la sensibilidad medio-ambiental debe corregir en este caso la tendencia de los intereses económicos de corto plazo.
        Diversificación social. La ruptura con el sistema tradicional de organización humana en la Vega no es únicamente paisajística. Es importante destacar que el crecimiento de los municipios de la periferia de Granada ha auspiciado una mayor heterogeneidad y diversidad social de sus poblaciones, y no es menos importante también que la interdependencia funcional entre la ciudad y los núcleos de su entorno ha adquirido unas grandes dimensiones. Transformación que cotidianamente se manifiesta en la movilidad de la población, en los lujos de transporte, fundamentalmente sur-norte y norte-sur, en los que se traducen la nueva distribución de las actividades y espacios residenciales.
        A partir de una antigua organización de bases agrarias, se contempla, en definitiva, el nacimiento de una nueva realidad territorial que se estructura de manera clara en torno a los ejes de comunicación y paulatinamente va luego rellenando sus intersticios, en la que lo rural y lo urbano se hace de difícil diferenciación. Metamorfosis no siempre bien dirigida ni ordenada, pero en cualquier caso, irreversible, y que exigirá en su gestión nuevas respuestas, por cuanto la interdependencia y multifuncionalidad del territorio ha provocado la quiebra de los límites administrativos tradiciones. Área metropolitana, mancomunidad, gerencia urbanística, etc., la figura debiera ser la propuesta por los municipios afectados, pero es evidente que el conjunto de las necesidades de los municipios del entorno de Granada (equipamientos, infraestructuras...) exigen una nueva entidad administrativa capaz de dar respuesta a la nueva realidad territorial naciente, y también de preservarla de un crecimiento descontrolado.

    Carmen Ocaña Ocaña y Manuel Sáenz Lorite
    De ‘La Vega de Granada’, en Nuevos paseos por Granada y sus contornos.
  • La Vega, rumor de agua  Expandir
  • Desde la Torre la Vela, en el bastión defensivo de La Alhambra, se divisa con las brumas de otoño un paisaje abierto moteado de blanco, reducidos espacios verdosos que ahora son oro encendido al atardecer y una amplia llanura que tiene a un lado la pelada y temblorosa Sierra de Elvira y, al otro, los montes alomados que se pierden hacia la Sierra de Alhama y, en el centro, con la historia escrita en sus arcos, la ciudad de Santa Fe, capital de la vega granadina. Desde el torreón de la Vela ya supo Boabdil que perdía el reino de Granada y desde el campamento de Santa Fe ya sabían Fernando e Isabel que entrar en Granada era cuestión de fe. Y así fue. Las mesnadas cristianas desplazaron a las musulmanas en sus largas correrías por los vergeles de la vega granadina
        Antes, cuando el Genil era un río, una cinta de plata atravesaba como una herida blanca la vega, con las choperas a una y otra orilla. Ya hay menos alamedas, el río ya no es un peligro con sus riadas de los años cincuenta y si el poeta de Fuente Vaqueros abriera su tumba de sangre en el barranco de Víznar, no podría escribir “...y que yo me llevé al río”. Las mozas ya no se asoman a las aguas del Genil, ni hacen trenzas con los juncos mientras buscan el trébol de cuatro hojas. No se oye el croar de las ranas y los cangrejos desaparecieron; el agua que brotaba a borbotones en las norias casi es un sueño y hasta las bandadas de gorriones que asolaban como una plaga los trigales y se daban festivales en las higueras son ahora saltarines pajaritos, casi urbanos.
        La Vega, tal y como la conocimos, es historia. Quienes nacimos en estas tierras donde el rumor del agua acompañaba todos los atardeceres, los frutales se abrían cada verano para dar su fruto, con el maíz y el trigo de fiel compañero entre las acequias y las pozas en las que nos dimos los primeros baños tal y como venimos al mundo; con los silenciosos chozones secaderos de tabaco en el llano, mientras que las cebollas, apiladas en la haza, esperaban como agua de mayo a los comerciantes valencianos y los carros, tractores y hasta vagones cargaban la remolacha camino de las fábricas de azúcar cuyos esqueletos llenan ahora el paisaje, a orillas del Genil, entre Sante Fe y Granada.
        Tiempos aquellos sin más esperanza que la huida a la emigración o gratificantes intentos de socialización de la producción y de la vida como la emprendida por los Pastoreros, en Fuente Vaqueros y recordar una imagen, que hoy sólo queda en la memoria, de duros y difíciles años, con inviernos de heladas y carámbanos, con caminos de tierra donde el barro les llegaba a las cinchas de las bestias que tiraban de pesadas carros y cuando caía la noche estaba la obligada visita a la taberna para dormir el cansancio y a veces la desesperación con un vino peleón, casi siempre valdepeñas o jumilla. Los tiempos de las pelliza ya están en el olvido. La Vega es motor de un cambio, aunque sigue afrontando los serios problemas de producciones agrícolas marcadas por la Política Común Agraria (PAC), caso del tabaco y la remolacha. Nuevos productos como el espárrago, hortalizas y frutales se abren un difícil hueco en los mercados.
        El desarrollo urbanístico, la proliferación de industrias, el aeropuerto, las comunicaciones, y que una buena parte de la Vega se haya convertido en dormitorio de quienes trabajan en Granada e incluso se desplazan a las zonas turísticas para trabajar en la construcción, ha cambiado la fisonomía y la vida de la Vega. Pueblos como Chauchina, Fuente Vaqueros, Láchar, Valderubio, el Jau, Cijuela y su cabecera de comarca, Santa Fe, han fortalecido sus espectativas de futuro sin olvidar su pasado, su historia.

    Juan de Dios Mellado
 
ZONA DE USUARIOS
Usuario:
clave:
 

MUSEOS ANDALUCES
Almería
Museo de Almería
Cádiz
Museo de Cádiz
Córdoba
Museo arqueológico y etnológico
Granada
Museo de la Alhambra
Granada
Parque de las ciencias
Huelva
Museo de Huelva
Jaén
Museo de Jaén
Málaga
Museo Carmen Thyssen
Málaga
Museo de Málaga
Málaga
Museo Interactivo de la Música
Málaga
Museo Picasso Málaga
Sevilla
Centro Andaluz de arte contemporáneo
Sevilla
Museo Arqueológico


Andaluca Cultura
   Andalupedia © 2013 - Todos los derechos reservados      Señas de identidad      Aviso legal      Créditos  22 de enero de 2026