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TÉRMINO
- GRANADA, FRAY LUIS DE
  ANEXOS
 
  • Antología de Fray Luis de Granada  Expandir
  • Libro de la naturaleza, capítulo II

    (...) ¿Qué es, Señor, todo este mundo visible sino un espejo que pusisteis delante de nuestros ojos para que en él contemplásemos vuestra hermosura? Porque es cierto que, así como en el cielo Vos seréis espejo en  que veamos las criaturas, así en este destierro ellas nos son espejo para que conozcamos a Vos. Pues según esto, ¿qué es todo este mundo visible sino un grande y maravilloso libro que Vos, Señor, escribisteis y ofrecisteis a los ojos de todas las naciones del mundo, así de griegos como de bárbaros, así de sabios como de ignorantes, para que en él estudiasen todos, y conociesen quien Vos érades? ¿Qué serán luego todas las criaturas deste mundo tan hermosas y tan acabadas, sino como unas letras quebradas e iluminadas, que declaran bien el primor y la sabiduría de su Hacedor, testigos de su nobleza, espejos de su hermosura, anunciadoras de sus glorias, despertadoras de nuestra pereza, estímulos de nuestro amor y condenadoras de nuestra ingratitud? Y porque vuestras imperfecciones, Señor, eran infinitas y no podía haber una sola criatura que las representase todas, fue necesario crearse muchas, para que así, a pedazos, cada una por su parte nos declarase algo dellas. Desta manera las criaturas hermosas predican vuestra hermosura, las fuertes vuestra fortaleza, las grandes vuestra grandeza, las artificiosas vuestra sabiduría, las resplandecientes vuestra claridad, las dulces vuestra suavidad, las bien ordenadas y proveídas vuestra maravillosa providencia (...) ¿Quién no se deleitará de la música tan acordada de tantas y tan dulces voces, que por tantas diferencias de tonos nos predican la grandeza de vuestra gloria?

    (...) También tiene otra cosa la mar, la cual como criatura tan principal, nos presenta por una parte la mansedumbre y por otra la indignación e ira del Criador. Porque, ¿qué cosa más mansa que el mar cuando está quieto y libre de los vientos, que solemos llamar mar de donas, o cuando con un aire templado blandamente se increspa, y envía sus mansas olas hacia las riveras, sucediendo unas a otras con un dulce ruido, y siguiendo el alcance las unas de las otras hasta quebrarse en la playa? En ésta, nos representa la blandura y mansedumbre del Criador para con los buenos. Mas cuando es combatido de recios vientos, y levanta sus temerosas ondas hasta las nubes con lo cual levanta y abala los pobres navegantes, azotando poderosamente los costados de las grandes naos (cuando los hombres  están puestos en mortal tristeza, las fuerzas y las vidas ya rendidas); entonces nos declara el furor de la ira divina y la grandeza del poder que tales tempestades pueden levantar y sosegar cuando a El le place.


    Introducción al símbolo de la fe


    (...) Pues la hermosura del cielo, ¿quién la explicará? ¡Cuán agradable es en medio del verano en una noche serena ver la luna llena y tan clara que encubre con su claridad las de todas las estrellas! !Cuánto más huelgan las que caminan de noche en el estío con esta lumbrera, que con la del sol, aunque sea mayor. Más estando ella ausente, ¿qué cosa tan hermosa y que más descubre la omnipotencia y hermosura del Creador, que el cielo estrellado con tanta variedad y muchedumbre de hermosísimas estrellas, unas más grandes y resplandecientes, y otras pequeñas y otras de mediana grandeza, las cuales nadie puede contar si sólo Aquel que las crió? Más la costumbre de ver esto tantas veces nos quita la admiración de tan grande hermosura y el motivo que ella nos da para alabar aquel soberano pintor que así supo hermosear aquella tan grande bóveda del cielo.
    Si un niño naciese en una cárcel, y creciese en ella hasta la edad de vienticinco años sin ver más que lo que estaba dentro de aquellas paredes, y fuese hombre de entendimiento, la primera vez que salido de aquella oscuridad viese el cielo estrellado en una noche serena, ciertamente no podría este dejar de espantarse de tan grande ornamento y hermosura y de tan grande número de estrellas que volviera a cualquier parte que volviese los ojos o hacia Oriente, o Occidente, o la banda del norte, o del mediodía, ni podrá de decir: “¿Quién pudo criar tan grande número de lumbreras y lámparas para dar al mundo? ¿Quién pudo pintar una tan grande pradería con tantas diferencias de flores, sino algún hermosísimo Hacedor?”

    (...) Las ricas portadas, los zaquimíes de marfil, las mesas de arrayán cortadas a tijera (...) las violetas moradas, los blandos lirios, las resplandecientes rosas (...) las clavellinas, los claveles, las azucenas y alhelíes, las matas de albahaca (...) el laurel, el arrayán, el ciprés, los cedros olorosos, los álamos y la yedra que viste de verdura las paredes de los jardines y las sirve de paños de armar (...) Verás la llanura de los campos tendidos por largos espacios, y los montes que se levantan en lo alto de sus collados cubiertos de nieve; y la caída de los ríos que, nacidos de una fuente, corren de Oriente a Occidente, y verás las arboledas que en lo alto de los collados se están meneando, y los grandes bosques con sus animales y cantos de aves que en ellos resuenan.
  • Tres obras cumbre del Siglo de Oro  Expandir
  • El libro de la oración y meditación, dedicado a los hijos de la marquesa de Priego, fray Lorenzo, dominico, y el padre Antonio, jesuita, caló profundamente en una España inquieta y preocupada por la oración mental. Es el manual más importante de oración que produjo la España del siglo XVI y el más leído: “lo leen príncipes, reyes y santos; lo ojean con manos inquietas los estudiantes de la Universidad y lo meditan los viejos hidalgos junto a la chimenea de sus torres y casas solariegas”. Fray Luis ofrece en este  Libro de la oración una guía práctica que enseña metodológicamente cómo orar, dónde orar, cuándo y por cuánto tiempo, en qué postura y por qué orar. Con este sentido práctico, el libro se convirtió en una auténtica guía para principiantes, religiosos y seglares. El libro de la oración y meditación manifiesta un matiz renacentista por su confianza en el hombre y su capacidad, pero, a la vez, la obra está marcada por un espíritu netamente dominicano, deudor de lo medieval que exalta la condición humana en función de la potencia divina, y no en sí misma.
        Memorial de la vida cristiana. En el prólogo del libro, como suele fray Luis, se indica el objetivo del escrito: “[...] muchos años ha tengo deseado ver: algún particular libro que tratase de formar un perfecto cristiano, y que fuese una suma de todo lo que pertenece a la profesión de esta vida celestial [...]”. Fray Luis concibe este libro como un medio extraordinario para ayudar al cristiano en orden a actualizar, en su propia vida, la llamada que el Señor le hace a vivir en la plenitud de la comunión con Él. Todo hombre está llamado a la perfección. Se trata de dejar actuar a Dios en nosotros, si bien son también necesarios los medios que dispone la Iglesia, incluyendo el ministerio sacerdotal. La Iglesia ayuda y guía al cristiano en el proceso del crecimiento espiritual, en el que tiene un rol absolutamente preponderante el Espíritu de Dios. La colaboración entre la gracia interior y la Iglesia es decisiva para lograr el equilibrio deseado en el proceso de la maduración cristiana. La obra está dividida en siete tratados –“siete jornadas”– y editada en dos tomos. En el primero se incluyen cuatro tratados de doctrina y en el segundo los tratados de ejercicios de oración y amor de Dios.
        Introducción del Símbolo de la Fe. Obra escrita a los ochenta años, es un gran tratado de sabiduría en el que se ve reflejado su espíritu de predicador y catequista. Expone los fundamentos de la fe, que en aquel momento –no olvidemos que estamos en pleno siglo XVI y, por tanto, viviendo en un ámbito en el que las discusiones teológicas están al orden del día– tiene una connotación concreta: combatir la herejía. Fray Luis vuelve a mostrar su gran capacidad como pensador y escritor. Su maestría se pone de manifiesto a la hora de tocar las cuestiones fundamentales de la fe con la delicadeza que le caracteriza, sin mostrar estridencias o violencias innecesarias e infructuosas con los que ni sienten ni piensan como él. En este sentido, a la hora de hilar su discurso no se sitúa al lado de la polémica y del ataque frontal hiriente, sino, más bien, apuesta por la afirmación ideológica positiva. Esta posición, o manera de actuar positiva, lleva a fray Luis a silenciar la postura de aquellos que sustentaban argumentos que la Inquisición tenía por “erróneos”, e incluso no nombra explícitamente a las corrientes heréticas.
        Valoración. Los escritos de fray Luis son el reflejo de un hombre profundamente cristiano, preocupado por vivir su fe y transmitirla con un espíritu evangélico. Dotado de  una gran sensibilidad,  poseedor de una vasta formación humanística, filosófica y teológica, sus escritos son fruto de la reflexión anterior a él y de lo que en su época aparecía como nuevo. Su eclecticismo serio y profundo lo conjuga con una buena dosis de mesura que le hacen aparecer como un escritor equilibrado, prudente, que huye de extremismos. El conjunto de su obra es eminentemente doctrinal. La figura de fray Luis, “universal predicador de toda la cristiandad”, interesa desde muchos puntos de vista: por las circunstancias que fueron configurando su vida y las relaciones que mantuvo con sus contemporáneos –hermanos de Orden, reyes, obispos, santos, etc.–, por el contenido de sus escritos que tanto eco encontraron en la sociedad del dieciséis y en los siglos siguientes, por su labor como predicador,  por los oficios que desempeñó en la Orden, etc. Todo su quehacer y toda su persona poseen un valor relevante en el conjunto de la historia del cristianismo, de la espiritualidad y de la literatura. Relevancia que no sólo la hemos de justificar desde la óptica de las capacidades individuales de fray Luis, sino que además hemos de explicarla, junto con su significación, por vivir el seguimiento de Cristo según Santo Domingo de Guzmán. La espiritualidad de fray Luis es una espiritualidad de predicador, de vida dominicana al estilo de Santo Domingo.
        La palabra hablada y la palabra escrita, avaladas por una vida ejemplar, fueron las herramientas que el padre Granada manejó para dar gloria a Dios y transmitir a los hombres el mensaje de la salvación traída por Jesús. Fray Luis fue un predicador itinerante. Andalucía, Extremadura y Portugal fueron su marco referencial, su campo de itinerancia. Entre sus oyentes hallamos toda clase de personas: “mujeres de carpinteros”, nobles, clérigos, prelados, cardenales y reyes. Su dedicación a predicar el Evangelio fue tan plena que renunció a una cátedra universitaria en Valladolid, ofrecida por su amigo fray Bartolomé de Carranza. Intentó pasar al Nuevo mundo como misionero, pero el provincial le manda quedarse en Córdoba, en el convento de Scala-Coeli fundado por san Álvaro de Córdoba, donde se había reformado la Orden en Andalucía. Predicador incansable, alentó la acción evangelizadora misionera, formando sacerdotes y animando la Universidad pastoral, al estilo de la creada por el padre maestro Ávila en Baeza. Fray Luis perpetuó su predicación a través de sus escritos. El entusiasmo y el apoyo que prestaron en su tiempo a la obra de fray Luis el cardenal Borromeo, el arzobispo Ribera y Francisco de Sales, entre otros, son buena prueba del interés que suscitó este granadino universal.

    Antonio Larios Ramos
  • CRONOLOGÍA  Expandir
  • Formación:

    1504    Nace en Granada Luis de Sarriá. Quedó huérfano de padre a los cinco años y se crió de limosna.

    1512    Sirvió de paje a los hijos del Conde de Tendillas, vivió en la Alhambra y con ellos se inició en las humanidades.

    1523-1524 
       Toma el hábito de dominico en el convento de Santa Cruz la Real de Granada, donde hace su profesión religiosa el 15 de junio de 1525.

    1525-1529    Cursa estudios de Filosofía y principios de Teología en el Estudio General de su convento de Granada.

    1529-1533    Con beca de colegial va a estudiar a Valladolid, al Colegio de San Gregorio, centro dominicano de gran prestigio. Entonces cambia su apellido paterno por el de Granada, con el que será universalmente conocido.

    Etapa española

    1533-1534    Regresa a Granada y comienza sus predicaciones.

    1534    Se inscribe como misionero para Nueva España (México). Sus superiores se oponen a este proyecto previendo la importancia de su labor en España, y fray Luis no realiza el viaje.

    1534-1544    Es destinado a Córdoba. Restaura el convento dominicano de Escalaceli. Promueve la devoción popular a San Álvaro. Trata frecuentemente a San Juan de Ávila del que será amigo entrañable y confidente. Predica con gran elogio del pueblo. Rehusa ser nombrado profesor en el Colegio de San Gregorio de Valladolid. Estos años son para fray Luis de gran purificación interior y aprovechamiento espiritual. Inicia algunos tratados importantes de sus obras.

    1545    Es elegido prior del convento de Palma del Río.

    1546    La ciudad de Córdoba pide la vuelta de fray Luis.

    1548-1550    Es elegido prior del convento de Badajoz.

    Etapa portuguesa


    1550-1551    Pasa a Évora como consejero y predicador del arzobispo, el cardenal-infante don Enrique.

    1554    Libro de la oración y de la meditación.

    1556-1559 
       En 1556 es elegido provincial de Portugal. Entre ese año y 1557 realiza la primera redacción de la Guía de pecadores y el Manual de diversas oraciones y espirituales ejercicios. En 1558 recusa el arzobispado de Braga. Algunas de sus obras (Libro de la oración, Guía de pecadores y Manual de oraciones) son incluidas en el catálogo de Libros Prohibidos por la Inquisición. Sigue su producción con Apologética y catequesis: compendio de doctrina cristiana.

    1560-1567    Fija su residencia en el convento de Santo Domingo de Lisboa. En 1563 el Concilio de Trento revisa y aprueba los escritos de fray Luis. El papa Paulo IV confirma la aprobación. Memorial de la vida cristiana (1565). Texto definitivo de la Guía de pecadores (1567).

    1571-1578    Escribe su Collectanea philosophiae moralis (1571). En 1572 se editan en Amberes las obras de fray Luis (diez volúmenes). Entre 1574 y 1576 da a luz sus libros Adiciones al Memorial, Eclesiasticae Rethoricae sive de ratione concionandi libri sex y De tempore. Compone De sanctis (1578).

    1582-1589    Años particularmente densos por su abundante correspondencia y redacción de nuevas obras: Introducción del símbolo de la fe, Compendio de la Introducción, Breve tratado de la manera de proponer la doctrina cristiana a los nuevos fieles, Silva locorum communium y Doctrina espiritual. El 31 de diciembre de 1588, a las nueve de la noche, muere en el convento de Santo Domingo de Lisboa. Es enterrado el 1 de enero de 1589.

    1634    Traslado de sus restos al mausoleo actual en Lisboa.

    1986    2 de octubre. Comienza el proceso de canonización de fray Luis de Granada, en la Curia Patriarcal de Lisboa.
 
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