Los judíos vivían apartados del conjunto del vecindario en las localidades donde se asentaban, formando barrios particulares a los que se daba el nombre de aljamas. Las más importantes de Andalucía fueron las de Córdoba, Sevilla, Lucena, Granada y Jerez. Gran importancia, pero de menor entidad, tienen también las de Málaga, Alcalá de Guadaíra, Baza, Carmona y Écija. Lo que no excluye a muchas otras localidades andaluzas que tienen entre sus barrios una aljama. La aljama de Córdoba tuvo una notable extensión y en ella ejercieron su magisterio y actividad personalidades como Maimónides. La sinagoga –actualmente declarada monumento de interés nacional– es construida en 1315, cuando la ciudad estaba ya bajo dominio cristiano. Cuando se produce la expulsión de 1492, la sinagoga fue convertida en hospital para atender a los aquejados de hidrofobia y más tarde fue la sede de la cofradía de los zapateros. A pesar de las vicisitudes por las que ha pasado conserva en la actualidad importantes elementos originales, tanto de su estructura como de sus elementos decorativos. Otra de las grandes aljamas judías fue la de Lucena, cuya importancia fue tal que en algún momento fue considerada uno de los referentes más importantes del judaísmo no sólo para Andalucía, sino para todo el Occidente europeo. El famoso viajero y geógrafo árabe El Idrisi afirmaba que “allí los judíos eran más ricos que en ningún otro lugar sometido al Islam”. El rabino mayor era la máxima autoridad de la ciudad y su poder era tal que solamente estaba sometido a la autoridad del califa. El esplendor de la aljama lucentina desaparece con la llegada de los almohades, que con su actitud rigorista atacaron todo lo que consideraban alejado de las máximas coránicas. A los judíos de Lucena se les impone un tributo tan elevado que a mediados del siglo XII la ciudad se había despoblado. Allí florecieron algunas de las más importantes escuelas talmúdicas, que contaron con relevantes personalidades como el rabino Josef al-Fassí. Desde la llegada de los musulmanes –que les liberaron de buena parte de la opresión a que los someten los visigodos– hasta la expulsión de 1492, los judíos destacaron en numerosos campos del saber y las aljamas fueron verdaderos centros de cultura y riqueza. Se ejercitaron en actividades como la economía, la astrología –entonces consideraba una ciencia superior–, las matemáticas, la música, la medicina o la filosofía. Muchos de ellos fueron consejeros de los califas y después de la disolución del califato desempeñan relevantes papeles en las cortes de los reinos de taifas. Sin embargo, no se ven libres de persecuciones. Las sufren en Córdoba durante los estertores del califato y en la Granada de la segunda mitad del siglo XI. Durante la época de los reinos de taifas se produce uno de los momentos de mayor esplendor de la cultura judía en Andalucía. Sus sabios vuelven a preocuparse del estudio de la lengua hebrea y se profundiza en los estudios de la torá. Con la llegada de los cristianos a las tierras del Valle del Guadalquivir la situación de las aljamas judías se mueve entre la protección que les dispensan los monarcas –vieron en ellos no sólo una importantes fuente de ingresos a través de los onerosos tributos a los que las aljamas habían de hacer frente, sino en muchos casos uno extraordinarios colaboradores en el campo de la administración y las finanzas– y los ataques cada vez más frecuentes que se desencadenaban contra ellos, considerados por la masa de la población cristina como el pueblo deicida. En numerosas ocasiones las calamidades que azotaban a la población encontraron en las comunidades judías un chivo expiatorio en el que se descargaba la ira de la población. Con frecuencia las matanzas de judíos se producían en los momentos en que había un cierto vacío de poder, tras la muerte de un monarca que les había dispensado su protección o en los momentos, siempre difíciles, de las minoría de edad. Particularmente duros fueron los ataques a las judería de 1391, que comienzan en Sevilla y acaban por extenderse a toda la España cristiana. A finales del siglo XIV la judería de Sevilla es una de las más florecientes y más pobladas. Se calcula en 20.000 el número de sus habitantes que eran atendidos en sus necesidades religiosas en diferentes sinagogas –23 señalaba alguna fuente de la época, aunque probablemente se trate de un exageración– y desarrollaban una actividad floreciente. En 1391, Ferrán Martínez, arcediano de Écija –dignidad del cabildo catedralicio sevillano–, aprovechando el vacío de poder que había en la ciudad –había muerto el rey y también el arzobispo– lanza una campaña contra la comunidad hebrea de la ciudad que desemboca en un terrible matanza el 6 de junio, que causa 4.000 víctimas. Es sólo el inicio. Muy poco después era asaltada la aljama de Córdoba, donde morían 2.000 personas, y las matanzas y saqueos se extienden a todos las aljamas andaluzas, cuyo habitantes sufren en mayor o menor medida los desmanes de una multitud exaltada. Muchos judíos abandonan sus hogares y buscan refugio en el reino de Granada, gobernado por los nazaritas. Hasta la expulsión de 1492 no soplan buenos vientos para las aljamas andaluzas, cuyos habitantes ven como de forma intermitente se producen ataques, saqueos y violencia contra sus personas y pertenencias. En 1479, como paso previo a la expulsión definitiva, se instaura el tribunal del Santo Oficio destinado a descubrir a los llamados falsos conversos porque, según una opinión muy extendida, muchos judíos para escapar a los ataques de los cristianos se habían convertido al cristianismo, aunque su conversión era sólo en apariencia. -> véase Hebraísmo en Andalucía.
J.C.P. |