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TÉRMINO
- ABENCERRAJE
  ANEXOS
 
  • Abencerrajes y Zegríes  Expandir
  • Los caballeros del juego se fueron a aderezar, y uno tardó mucho que al son de militares trompetas entró el valeroso Muza con su cuadrilla, con tanta bizarría, gala y gentileza, que no había, más que ver. Toda la librea era blanca y azul con girones y bandas pajizas,plumas encarnadas y blancas, con mucha argentería de oro; por divisa en las adargas un salvaje, que con un bastón deshacía un mundo. Esta divisa era de los bravos Abencerrajes muy usada, con una letra a los pies del salvaje, que decía así:

    Abencerrajes levanten
    hoy sus plumas hasta el cielo.
    pues las famas en el suelo
    con la fortuna combaten.

    De esta forma entró el granadino Muza muy gallardo y bizarro con toda su cuadrilla, que eran treinta Abencerrajes, todos caballeros de mucho valor. En entrando, hicieron todos un concertado caracol, escaramuceando unos con otros, y al cabo pusieron cada uno en su puesto. Luego el bando de los Zegríes entró gallardo, y no menos vistoso que los Abencerrajes: su librea era verde y morada, cuarteada de color hojaldre muy vistosa. Venían en yeguas bravas muy ligeras: los pendones de las lanzas eran verdes y morados; si los Abencerrajes hicieron buena entrada y caracol vistoso, no la hicieron menos los bravos Zegríes. Traían por divisa en las adargas unos alfanjes sangrientos con una letra que decía así:

    Alá no quiere que al cielo
    hoy suba ninguna pluma,
    sino que se hunda y suma
    con el acero en el suelo.

    Habiendo hecho su caracol muy gallardamente, tomaron su puesto, y al punto los dos bandos se apercibieron de cañas para el juego. El rey, que ya tenía vistas las letras y divisas de los caballeros, entendió por ellas el rencor que tenían; y porque no resultase algún escándalo en tiempo de tantos regocijos y fiestas, luego se quitó de los miradores, y acompañado de todos los grandes de su corte bajó a la plaza antes que se comenzasen las cañas, que no fue poco importante su asistencia. Puesto a un lado mandó que jugasen, y al son de los añafiles y chirimías se comenzaron a jugar las cañas, hechas cuatro cuadrillas. Las cañas se jugaron sin haber desconcierto alguno, aunque lo hubiera muy
    grande si el rey no descendiera a la plaza; porque los Zegríes venían de mano armado contra los Abencerrajes, los cuales, escarmentados de la pasada, estaban apercibidos para lo que se ofreciera; pero con la presencia del rey, que estaba con ellos, no ejecutaron su intento los Zegríes. Habiendo visto los moros de los bandos contrarios al rey, estuvieron con mucha concordia, y se acabaron las fiestas de aquel día sin pesadumbre y con mucho gusto, que no fue pequeño misterio.

    Ginés Pérez de Hita
    De Guerras civiles en Granada.
  • Los abencerrajes  Expandir
  • Entre los musulmanes españoles existió una profunda división marcada por la diferencia de linaje entre los de origen oriental y los procedentes del África Occidental. Entre los primeros, los árabes se consideraban la raza más pura por ser descendientes de los compatriotas del Profeta, los primeros en alzar el estandarte del Islam; entre los otros, los más belicosos y de mayor poder eran las tribus bereberes del Monte Atlas y del desierto del Sahara, conocidos comúnmente como moros, que sometieron a las tribus costeras, fundaron la ciudad de Marruecos y durante largo tiempo se disputaron con las razas orientales el control de la España musulmana. Entre las razas orientales los Abencerrajes ostentaban un rasgo distinguido, enorgulleciéndose de ser árabes puros, descendientes de los Beni Sarrach, una de las tribus que fueron Ansares o Compañeros del Profeta. Los Abencerrajes florecieron durante algún tiempo en Córdoba; pero probablemente se trasladaron a Granada tras la caída del Califato Occidental; fue allí donde alcanzaron su histórica y romántica celebridad, estando al frente de los espléndidos caballeros que dieron lustre a la corte de la Alhambra.
    Muley Abul Hasan se había casado, en su juventud, con su prima Aixa la Horra, hija de su tío, el desgraciado sultán Muhamed el Zurdo. Tuvo con ella dos hijos, el mayor de los cuales era Boabdil, presunto heredero del trono. Por desgracia, ya de edad avanzada tomó otra esposa,
    Isabel de Solís, una joven y bella cautiva cristiana más conocida por su nombre árabe de Soraya; con ella tuvo otros dos hijos. En palacio se formaron dos bandos debido a la rivalidad de las dos sultanas, ambas ansiosas de asegurar para sus hijos la sucesión al trono. Soraya contaba con el apoyo del visir Abul Cacim Venegas, su hermano Reduan Venegas y sus numerosas conexiones, en parte por simpatía hacia ella que era, como ellos, de origen cristiano, y en parte porque veía que era la favorita del ya senil monarca. Los Abencerrajes, por el contrario,
    se agruparon alrededor de la sultana Aixa; en parte por oposición hereditaria a la familia Venegas, pero fundamentalmente, sin duda, por su profundo sentimiento de fidelidad hacia ella como hija que era de Muhamed Alhayzari, el antiguo benefactor de la familia.

    Washington Irving
    De Cuentos de la Alhambra.
  • El Abencerraje en la literatura  Expandir
  • El Abencerraje y los romances que le siguieron como brillante estela poética fueron tan sólo una parte de un conjunto histórico y cultural muy complejo. Una de las ediciones de la novela aparece dedicada a la familia de un modesto señor aragonés, cuyas tierras eran lugares de moriscos y también emparentado (o por lo menos, se le atribuía) con familia de conversos; y de las otras versiones se sospecha su relación con medios conversos. Al lado de estos indicios hallamos el Abencerraje y sus romances entre las obras apreciadas por Cervantes, autor que interpreta tan profundamente el espíritu español, y estas mismas obras fueron conocidas por Lope, un genio tan inquieto y movedizo, pero ortodoxo en todas sus manifestaciones con alguna proyección ideológica, ambos autores acomodaron el contenido literario de estas obras a su creación, sin rebozo, sintiéndose situados en la línea de la hidalguía española. Hemos visto también que en el auge de la novela y del romancero morisco del Abencerraje intervinieron todas las clases sociales y el conjunto de los Reinos españoles cuyos límites políticos aún subsistían bajo la unidad de la Monarquía de los Austria. Se trata, pues, de un asunto español en el que vencidos y vencedores de cualquier
    Reino participaban de alguna manera y aun en posiciones contradictorias; la diversidad de los lugares en que se editan las versiones de la novela y los libros que contienen romances es grande. La realidad de esta España compleja aparece con toda su evidencia activa. Todos a una pudieron solazarse con las aventuras de los moros y fingirse moros en el plano literario, y los que lo eran (moriscos) podían sentir su condición genealógica como la última pavesa de un esplendor apagado, pero aún con fuerzas, para cantar y revolverse contra la nación común si llegaba el caso.
    Pasó la moda morisca, pero la creación poética a que dio lugar hubo de tener sus consecuencias. No en vano se repite una y otra vez el nombre de Abindarráez, el valiente galán abencerraje, de Jarifa, la hermosa mora, y sus accidentados amores resueltos con buen por el capitán de la frontera Rodrigo de Narváez. El pueblo español, por obra de los poetas de todas clases, cultos y vulgares, tradicionalistas e innovadores, en pliegos sueltos y en romanceros, en libros muy diversos, recordaría siempre a la pareja mora y a su protector. La cuestión
    llegó a casos extremos; así en una novela de María de Zayas se cuentan los excesos a que se llega en el uso del título de don, y un personaje
    dice: “Oí llamar a una perrilla de falda doña Jarifa…” No puede llegarse a más y a menos: las perrillas falderas de las damas reciben el nombre
    de la enamorada mora, hasta tal punto ha penetrado dentro del hogar la fama del personaje literario.
    Siglos después uno de nuestros primeros folkloristas del siglo XIX, Emilio Lafuente, recogió una copla popular en la que el enamorado se
    queja de que su amor ande revolviendo en su linaje, y salta entonces el nombre de los abencerrajes como el de una familia de prestigio:

    Me han dicho que andas haciendo
    Pesquisas en mi linaje
    ¡Como si tú descendieras
    de algunos abencerrajes!

    Por causa de la gracia poética de su concepción, los personajes del Abencerraje, el ambiente de la frontera y su prolongación en Granada, la
    espiritualidad que la obra pone de manifiesto, aseguraron para el libro la cabeza del género literario morisco en la literatura europea. Dentro de España la aventura contada sirvió como un motivo más para constituir el crisol de España como entidad nacional patente; si Narváez vale como modelo de la virtud de un capitán español, su antagonista ha de considerarse como uno de los moros que guerrean “como personas de España”. Balbi de Correggio, autor en Italia de un poema épico con la trama, considera ésta como propia de España:

    …que creo que en España,
    muy sonada
    para siempre será, muy
    celebrada.

    En efecto, dentro de España, asegurándose en el testimonio de su folklore más diverso, la aventura literaria de ambos, cristiano y moro, se radica en una Andalucía que se convierte así en una parte de esta España en donde ocurren hechos de una naturaleza romántica que rompen los moldes de las habituales consideraciones políticas; estas gentes de la frontera traspasadas de literatura lograron que triunfase la paz y la amistad en medio de la guerra y de la discordia. Armonizan así los paisajes de fondo y las gentes, su representación literaria y sus canciones. Algo sutil e imponderable queda en el aire que aún persiste: como un aroma de jazmines que se ha metido en la entraña de un patio andaluz.
    Granados, Albéniz y Falla supieron interpretar la escondida armonía espiritual que conmueve la vieja novela y los romances del Abencerraje. 


    FRANCISCO LÓPEZ ESTRADA
    Texto de ‘El abencerraje (novela y romancero)’
 
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