| En el corazón del recinto de la Alhambra, a pocos metros de los palacios nazaríes, se levanta este edificio de porte aristocrático que conserva el lujo y el refinamiento de una época dorada, la "belle époque" granadina. El caminante que remonte la Cuesta de Gomérez, atravesando la puerta de las Granadas, y opte por continuar su ascensión por el camino que sube a Torres Bermejas "castillo situado en la colina del Mauror, opuesta a la Alhambra", discurrirá entre árboles, fuentes, acequias y cascadas que susurran a su oído las palabras de Lorca en su conferencia "Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre", una evocación de los jardines de los cármenes granadinos, los de Doña Rosita la soltera, y que sirve para apreciar lo que el poeta llama "la estética de lo diminutivo", cuya expresión más perfecta se encuentra al final del trayecto, donde se elevan el Auditorio Manuel de Falla, el Carmen de los Mártires y el hotel Alhambra Palace, que ofrece una espléndida panorámica de las Cumbres de Sierra Nevada y de la verde llanura de la Vega, de esa Granada que "suspira por el mar".
Es don Julio Quesada Cañaveral y Piédrola, duque de San Pedro Galatino y conde de Benalúa de las Villas, quien emprende la construcción de este edificio en la conocida como "Peña Partida" a principios del siglo XX, en un momento en el que las grandes familias de la vieja y decadente nobleza europea, los prósperos financieros, empresarios e industriales que surgen en los países más desarrollados y los nuevos millonarios norteamericanos se entregan alegremente a disfrutar de los progresos de la civilización material y de un sentido abiertamente hedonista de la vida. Los encargados de acometer este proyecto son el arquitecto Modesto Cendoya y el maestro de obras Juan Ávila Segovia. Antonio Corral López, excelente biógrafo del duque, relata cómo con motivo de una visita regia a Granada, Alfonso XIII supervisa en compañía de Julio Benalúa "como es comúnmente conocido el aristócrata granadino" la marcha de los trabajos: "Don Alfonso llegó en automóvil a las Vistillas, y allí, en un motor del tranvía de cremallera de la Alhambra "línea recientemente inaugurada por el animoso empresario don Nicolás Escoriaza y Fabio, vizconde de Escoriaza" subieron hasta el hotel que el duque tiene en construcción. Su Majestad examinó lo que se estaba haciendo y subió hasta el último piso". Más tarde, el 1 de enero de 1910, el monarca honra con su presencia la inauguración de un hotel a tono con el creciente atractivo turístico de la ciudad. Allí, frente al carmen de Manuel de Falla, en sus 136 habitaciones, de las que 11 son suites , se hospedan destacadas personalidades del mundo de las letras, las artes o las ciencias, y el mencionado compositor gaditano y su amigo Federico García Lorca montan en su teatro algunas de sus obras. Entre 1936 y 1939 el edificio pasa a ser un hospital, en cuya terraza se coloca una gran cruz roja. Hogaño, este hotel de cuatro estrellas permite rememorar una época en la que era posible vivir en la Alhambra, hasta donde llegaron afamados pintores, poetas y viajeros románticos, dejando tras de sí un legado esplendoroso de gran riqueza plástica y literaria sobre el último bastión del Islam en España, el reino nazarí de Granada.[ Javier Vidal Vega ]
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