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TÉRMINO
- ALCALÁ DE GUADAÍRA
  ANEXOS
 
  • Normalización ortográfica del topónimo Guadaíra  Expandir
  • Antonio Arjona Castro, Académico Numerario y Di­rec­tor del Instituto de Estudios Califales de la Real Aca­de­mia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, ex­pone lo siguiente:
    La población sevillana de Alcalá de Guadaíra era conocida en época musulmana como Qal’at Yabir (Chabir). Aunque Yabir (Chabir) parece que aquí va como nombre propio, no deja de ser curioso que Abi Yabir (Chabir) y Yabir ben Yabba (Chabi ben Chaba) sea “el pan”, según el Dic­cionario árabe-francés de a. Karmirski, y Alcalá de Gua­daíra era y es conocida como Alcalá de los Panaderos, se­gún figura en la obra de P. Madoz (1845-1859).
    La primera noticia histórica de Alcalá de Guadaíra es del año 1066 cuando Yahya ben Ali Hamud decide atacar Sevilla acampando en Qal’at Yabir, situada a ocho mi­llas de Sevilla, saliendo a su encuentro Ismail ben Mu­ham­mad ben Abbad, con orden de su padre, entablándose un du­ro combate en el que resultó derrotado Hamud.
    Posteriormente, en época almohade, se le cita cuando se reconstruye el acueducto romano (“los caños de Car­mo­na”) para llevar agua a la Albuhayra, desde la fuente de al-Gabal- cerca del castillo de Yabir (Chabir) en el año 1172. Aparece citada por Ibn Sa’id al-Magribí que le dedica un libro como un distrito de la kura de Sevilla en el siglo XII, resaltando la abundancia de fuentes y aves en sus prados.
    Respecto a su apelativo, el río Guadaíra aparece en Ibn Hayyan como Wadi Ayra o Wadi Ira; se trata de un vocablo preislámico que podría tener relación con el árabe gadir, “lago”, “laguna”.Qal’at Chabir pertenecía a la cora de Sevilla y al distrito o Iqlim al-Sahl. Sahele es castellanización del topónimo Sahl –llanura aluvial o marisma. Se refiere a las riberas del Guadaíra. Hay un pago en el Repartimiento de Sevilla cercano a dicha población, llamado Sahele.
    En el curso de este río, el Wadi Ira, se encontraban numerosas plantas medicinales como la albahaca hedionda (habaq muntin) según se describe en la obra botánica del sevillano Abu-I-Jayr señalando de paso el nombre  de numerosos lugares situados en sus orillas como la llamada Muela de los Banú Kinana y Muntfiq (que sería un “Mons fici”, “Mon­­te de la Higuera”, según Simone, y T.r. bil que según Elías Terés podría ser El Coronil (Sevilla), topónimo que figura en la obra histórica al-Muqtabis de Ibn Hayyán editada por M.M. Antuña, como Kurunil, grafía prácticamente idénti­ca si pensamos lo fácil que es confundir en árabe las letras T y K.
    En cuanto su apelativo Guadaira o Guadaíra, se refiere a un río que nace en término de Morón (Sevilla) y, después de regar a Alcalá de Guadaíra, desemboca en el Guadalquivir, aguas bajo la capital sevillana. Co­mún­mente, el nombre se escribe Guadaira, pero los naturales de la comarca pronuncian Guadaíra, como observó Félix Her­nández Giménez, hace medio siglo, precisando que ésta es la verdadera acentuación que le corresponde, y aún existe en Morón (en cuyo término nace el río) un barrio llamado Guaíra, donde se reitera el acento.
    Hemos de añadir, siguiendo a Elías Terés, que, en lo literario, también se registra la acentuación Guadaíra: en la elegía titulada “A la muerte de Ardelia”, compuesta por J.M. Vaca de Guzmán (siglo XVIII), figuran versos como “el claro Guadaíra…”, “Guadaíra asustado…”, donde el ritmo y escansión del heptasílabo piden ese acento; en un poema de don Alberto Lista aquel nombre sirve de consonante a “respira” y “gira”.
    Con la grafía Guadayra (el río) y Alcalá de Guadayra (la población) aparece frecuentemente en documentos cristianos medievales desde los días de su reconquista por San Fernando, tanto en relación con las Órdenes Militares de Caballería, por ejemplo en documentos de 1247, 1250 y 1279 como en el Repartimiento de Sevilla, en el que existen abundantes referencias.
    Por todo ello, considero adecuado el cambio ortográfico que se solicita para el topónimo Guadaíra, siendo este informe favorable a dicho cambio.

    Antonio Arjona Castro
    En 2002 el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra decide adoptar gráficamente la tilde en el nombre del río tras la recepción de este informe.
  • Romanticismo y realismo en la pintura alcareña  Expandir
  • Los parajes y rincones que se dibujan en la ribera del río Guadaíra constituyen no sólo un centro de atención para disfrutar de la naturaleza, sino que suponen, además, un estímulo creativo para pintores y literatos. Sobre todo, para aquellos artistas de finales del siglo XIX que, movidos por la corriente romántica de la época, encuentran en los escenarios naturales de esta localidad sevillana su particular locus amoenus y la fuente de inspiración para sus cuadros paisajísticos. La escuela pictórica alcalareña tiene, por tanto, sus orígenes en esta etapa, en la que una multitud de viajeros, llegados incluso de Francia e Inglaterra, se detiene a plasmar con exactitud lo que allí observan, como si de fotógrafos del lienzo se trataran. En ese aspecto realista radica el valor artístico legado por estos autores, que convierten sus obras en una interesante fuente documental, repleta de datos gráficos que vienen a informar del contexto histórico y social de la Alcalá decimonónica. Así, además de las escenas naturales de manantiales y cuevas aledañas al río, se refleja el fluir cotidiano de la vida en el pueblo –circundante aún en torno al castillo–, el progreso económico –divisado en la inauguración en 1873 de la línea de ferrocarril que conectaba con Sevilla– y el trabajo de sus gentes en los molinos harineros y las tahonas. Estos elementos son, pues, el acicate creativo para una serie de pintores coincidentes en una misma generación, de la que forman parte Gonzalo Bilbao, José Pinelo Llull, Ricardo López Cabrera, José Lafita Blanco o Emilio Sánchez Perrier, aún secundados actualmente en su labor pictórica realista.

    José Romero Portillo
  • Los paisajistas de Alcalá de Guadaíra  Expandir
  • Una vez cotejados y organizados, los datos y documentos pictóricos que poseemos nos permiten considerar la década de los años ochenta del siglo XIX como un período decisivo, tanto en lo que respecta al cultivo de experiencias paisajísticas, como de exploraciones de nuevas ideas. Estos años serán cruciales en la formación de ciertas claves respecto al paisajismo desarrollado en Alcalá; un paisajismo cada vez más centrado en la naturaleza y los encuadres sutiles y sugerentes de sus riberas, ahora con influencias evidentes de la escuela madrileña y el paisajismo francés de Barbizon, en estos años especialmente bajo la órbita ideológica de Corot, Rousseau o Millet.

    Juan Fernández Lacomba
    De La escuela de Alcalá de Guadaíra y el paisajismo sevillano. 1800-1936.
  • Alcalá de los panaderos  Expandir
  • Alcalá de Guadaíra debe su origen y desarrollo pre­cisamente al afluente del Guadalquivir que le da nombre; y cuya abundancia de agua en otros tiempos de menos consumo y contaminación dio lugar, por un lado, al aprovisionamiento de Sevilla, me­dian­te los llamados Caños de Car­mo­na (que sólo tienen que ver con esa ciudad por la localización en la puerta y camino de tal denominación), y, por otro, a la instalación en época andalusí de una serie de molinos ha­rineros, que se aprovisionaban fundamentalmente del trigo de su fértil ve­ga; así surge y crece toda una in­dustria harinera, de fabricación de pan y de transporte a la capital, que ha hecho famosa a Alcalá. Esta ha gozado, por otra parte, de una cierta fama de salubridad, debida a la altitud y mejor aireación, aun­que la zona de los Alcores no ha contado tradicionalmente con tantas residencias es­ta­cionales como el Aljarafe, más  cer­cano al centro. Es decir, unos he­chos naturales, agua sobre to­do en es­te caso, explican mucho del pasado y el presente; véamos al­gunas noticias de hace 150 años.
    A mediados del XIX el Dic­cio­nario de Madoz denomina a este pueblo “Alcalá de Guadaíra o de los Panaderos” y ensalza la abundancia de agua, canalizada desde distintos manantiales a la llamada Mina, y conducida en parte a Sevilla por los Ca­ños de Carmona. Esos cauces mo­vían numerosos molinos (Aguila, Tabara, Asembrín, la Jara, Sa­vay­nela, Be­na­ja­rosa, Arrabal, y otros de resonancias árabes), destacando el de la Mina. Contaba con un pósito o almacén de 12.000 fanegas de trigo de capacidad, la producción de cereales era importante y la panadería, la ocupación segunda de la población (también era considerable la producción de aceitunas gordales, “la más gruesa de Europa”). Se cita una fá­brica de harina “como la de Aran­juez”, 150 ta­ho­nas y 30 molinos de pan, “de ex­trao­rdinaria blancura, que diariamente se conduce a Se­villa en cantidad aproximada de mil fanegas, (más de 200 alcalareños iban diariamente a vender pan a la capital); esto ha dado lugar para que se llame la villa Alcalá de los Pa­na­deros”.
    Cuenta asimismo Madoz que a causa de su altura y “el hallarse ar­diendo constantemente una multitud de hornos de pan” (también por la abundancia de agua que limpiaba el matadero “en cinco minutos”) era una villa saludable, (“que goza en An­da­lucía de una justa ce­le­bridad”), en la que apenas tuvo incidencia la epidemia de cólera de 1800, “que tantos es­tragos causó en Sevilla”.

    GABRIEL CANO
  • El castillo de Alcalá de Guadaíra   Expandir
  • El castillo de Alcalá de Guadaíra se alza sobre un cerro a orillas del río Guadaíra. Sobre sus orígenes hay diferentes teorías y se habla de una posible procedencia romana. La actual fortaleza es una construcción almohade, edificada sobre una obra árabe anterior. En 1244 se produjo la reconquista por las tropas cristianas. Con Fernando III el Santo se repararon sus muros y fosos. Con el tiempo pasó a ser de la Corona que lo convirtió en Cárcel real. Desde el siglo XVI decayó su influencia y hasta la guerra de la Independencia no recobró su función militar. Debido a su proximidad con Sevilla, a cuyo ayuntamiento pertenece, este castillo se convirtió en el principal punto defensivo de la zona.
    El castillo poseía foso y puente levadizo. Situado en la parte más alta, se compone de dos partes rectangulares y numerosas torres: once cuadrangulares y dos poligonales, incluidas una torre del homenaje y una torre albarrana. La muralla es otro de los aspectos defensivos más característicos de este amplio recinto. La barrera, destinada a la defensa, adquiere un aspecto zigzagueante ayudándose de los desniveles del terreno. Con este sistema se intenta evitar que entrantes y salientes quiten visibilidad. Los materiales utilizados en esta fortaleza sevillana son dos fundamentalmente: la piedra y el ladrillo. Los sistemas constructivos también son variados. Se usa el tapial con ladrillo y se refuerza con sillares en zonas visibles del edificio como los vanos, las puertas o, incluso, las esquinas. Fue declarado Monumento Nacional en 1924. Antes, muchos habitantes de la villa utilizaron sus materiales para la construcción de viviendas, ello y el abandono del recinto hizo resentirse al majestuoso conjunto defensivo.
 
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