En la escultura de Berrocal es evidente la precisión, una precisión que es la esencia misma de la obra. Al igual que un cirujano o un matemático, Berrocal analiza las medidas y proporciones exactas de la idea formal que pretende plasmar en cada nuevo proyecto. Detalle a detalle, Berrocal se va sumergiendo en la labor de discernir y reunir los distintos componentes que acabarán siendo, al final, el resultado expresivo de su esfuerzo. En su escultura, tanto si se trata de obras monumentales, como son sus proyectos a gran escala de Madrid (Manolona 1992) y Sevilla (Doña Elvira, 1990), como si hablamos de sus múltiples como Micro María (1969-73), Berrocal no olvida nunca que cada detalle de la obra cuenta. Cualquier aspecto formal es fundamental: la elección del material, la apariencia de la superficie, la forma en que está montada la escultura… En todas sus obras, pequeñas o grandes, el montaje de la escultura es el resultado de la creación de unidades o elementos individuales que se funden separadamente como partes que al final habrán de encajar. El artista dibuja y proyecta con precisión los elementos, antes de darles una vida tridimensional. Para Berrocal, los aspectos técnicos de la escultura tienen un significado sensorial que no es sino una metáfora de la existencia en el tiempo y en el espacio. Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que sus esculturas hablan del misterio de la existencia y es en ese contexto, en el del montaje, donde Berrocal descubre y redescubre estas realidades una y otra vez. En este sentido, la precisión del arte de Berrocal es como un viaje por una realidad metafísica ignota en la que se explora, se investiga, se descompone y se vuelve a componer la esencia de la vida.
Robert c. Morgan De Berrocal: El misterio de la existencia. |