Una de las instituciones culturales más prestigiosas y antiguas de la ciudad de Córdoba y de Andalucía fue fundada el 11 de noviembre de 1810 por el canónigo de la Santa Catedral cordobesa M. Mª de Arjona que sería, igualmente, su primer director. La Real Academia de Córdoba tiene su matriz en la sección literaria de la Real Sociedad Económica Cordobesa de Amigos del País que había sido creada al calor de los “aires ilustrados” en junio de 1779, en pleno reinado de Carlos III. El reglamento de esta institución, asimismo redactado por M. Mª de Arjona, siguiendo el de la Económica de Madrid, fue aprobado por el Consejo Real en 1806 agrupándose los socios en secciones llamadas de población, educación, agricultura, artes y oficios, comercio, recursos, ejecución de proyectos y literaria. RENACIMIENTO LITERARIO. Según nos cuenta Ortí Belmonte, al invasor francés que ocupa la ciudad en enero de 1810 no le resultaba muy simpática ni la institución, ni sus actividades culturales por lo que éstas se redujeron sensiblemente. Sólo, dentro de la sección literaria, funcionaba la cátedra de Historia animada por el propio M. Mª de Arjona. Los testimonios de Ramírez de las Casa Deza acerca del tesón del canónigo Arjona, como de las dificultades habidas con las autoridades francesas son bastante elocuentes; junto a M. Mª. de Arjona también desarrollaron importantes actividades en el seno de la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País el presbítero Menéndez, los catedráticos del Real Colegio de la Asunción Monroy, Noriega, Valdés y, de entre todos ellos, surgiría la idea de fundar una Academia de Bellas Letras. De esta forma sus primeros socios (Garrido, Valdés Verdiguier, Pozo, Vázquez, Benítez, Borjano, Cañuelo, Monroy, Moreno, Meléndez, Entrenas y J. de Morales que actúa de secretario) atienden el discurso fundacional de Arjona, aprobándose a continuación los Estatutos de la nueva institución por el prefecto Badía. En ellos se contemplan los cargos (presidente, censor y secretario) mantenidos hasta la actualidad, pasando estos socios a la nueva consideración de académicos. La divisa de la Academia sería un busto de Séneca con el lema Renascentur quae iam cecidere y el fin la búsqueda de renacimiento de los estudios literarios en Córdoba que no atravesaban por un buen momento. Otros distinguidos académicos de la primera etapa fueron el barón de Karvinsky, el subprefecto José de la Concha y el médico Luis Jourdain. En una de sus primeras sesiones, en febrero de 1810 la Academia toma el acuerdo de extender su acción a otros ámbitos del estudio, con lo que se hace necesario un cambio de nombre, pasando a llamarse desde ese momento Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Letras agrupándose sus miembros, para un mejor funcionamiento y desarrollo de las actividades, en secciones. Según nos cuentan sus primeros estudiosos, entre las primeras actividades científicas de la Academia, podemos citar la creación de una cátedra de francés, diversos estudios de carácter agrario, el proyecto de una Historia de Córdoba, así como un conjunto de informes muy variados (enseñanza de la lengua latina, establecimiento de un Liceo, generalización de las vacunas, aplicación del pararrayos, sobre manuales de aritmética, etc.) que son claramente ejemplificadores del “espíritu cultural” que se desarrolla en la ciudad durante la ocupación francesa. Desde el punto de vista de su funcionamiento interno, en alguna de las primeras sesiones se establecería la existencia de siete secciones a las que pronto se dota de sus respectivos reglamentos y a su vez, a cada una de ellas, se adscribirían una serie de cátedras, ocupando, precisamente, M. Mª de Arjona la de Historia hasta el 2 de junio de 1812. En sus primeras sesiones y hasta el inicio de la etapa absolutista del reinado de Fernando VII predominan los estudios de carácter literario, jurídico político e histórico sin que, desde luego, falten los de carácter científico que, de esta manera, fundamentan la vocación general que manifiesta la Academia desde sus momentos fundacionales. Así, junto a trabajos como la Memoria sobre el mejor modo de hablar la lengua española, la Memoria sobre la medida del verso castellano, La sombra de Séneca, Plan para una historia filosófica de la poesía española o la Memoria sobre el modo de celebrar las Cortes con arreglo a las antiguas leyes de España, todos ellos debidos a la pluma del fundador de la Academia, podemos encontrar también trabajos como la Memoria físico económica sobre el tizón del trigo de J. Mariano Moreno Bejarano, Memoria en defensa del sistema Muskrembrock sobre la congelación del agua debido a R. Benítez, el Compendio para una Historia de la Matemática pura de Juan López Ochoa, la Memoria sobre las ventajas que ha adquirido la medicina con los progresos de la Química de Rafael Entrenas, la Memoria histórico política de la Agricultura de Elías Portocarrero, la Memoria sobre el estado de la medicina española de Luis Jourdain o, entre muchas otras, Memoria sobre la nobleza y utilidad de la Medicina de Juan de Montilla; es decir, en pocos meses la Academia de Córdoba se había convertido en un importante foco cultural en un difícil contexto político que, de todas formas, no dejaba de manifestar la profunda huella racionalizadora e ilustrada de la cultura francesa. TÍTULO REAL. Transcurrido poco más de un siglo de su fundación, mediante un Real Decreto de 9 de julio de 1915 le sería concedido a la Academia el título de Real, que desde ese momento ostenta; hasta ese momento sus directores han sido personalidades notorias de la vida cultural de la ciudad, siendo los primeros los siguientes: M. Mª de Arjona, J. Meléndez Fernández, Miguel de Alvear, Ramón Aguilar Fernández de Córdoba, Carlos Ramírez de Arellano, R. Fernández de Lara Pineda, Francisco De Borja Pavón, Teodomiro Ramírez de Arellano, Manuel Sandoval y Luis Valenzuela. Sus actuales estatutos fueron aprobados por el Ministerio de Educación el 10 de julio de 1962. La vida científica de la Academia se desarrolla coincidiendo con el curso ordinario desde octubre a junio, celebrándose sesiones ordinarias los jueves del periodo lectivo. La producción cultural de esta institución desde 1922 encuentra una vía importante en el Boletín, en el que se recogen no sólo los acontecimientos notorios en la trayectoria histórica y científica de la Academia, sino algunos otros que tienen que ver con los acontecimientos culturales o científicos relevantes que se desarrollan en la ciudad y la provincia, abordándose igualmente la edición de algunos trabajos por parte de la propia institución o en coedición con otras instancias de la ciudad (Diputación, Ayuntamiento, Universidad). La Academia mantiene un importante nivel de intercambio científico, normalmente a través del Boletín, con otras academias o instituciones culturales españolas e hispanoamericanas, perteneciendo además a diversas instancias como el CSIC al que se incorpora en 1947, al Instituto de España, al Instituto de Academias de Andalucía y a la Confederación Española de Centros de Estudios Locales. Entre sus actividades importantes podemos situar su impulso a conmemoraciones de tipo literario (Góngora), histórico (Gran Capitán) o político, en donde debemos reseñar su colaboración con la universidad en los actos del 25 aniversario de la Constitución Española de 1978. Actualmente se encuentra emplazada en un magnífico caserón de la calle de Ambrosio de Morales, contando con 33 académicos numerarios, siendo sus últimos directores R. Castejón Martínez de Arizala (1957/1980), J. Gómez Crespo (1980/1988), M. Peláez del Rosal (1988/1992), A. Aroca Lara (1992/2000) y J. Criado Costa en cuya junta directora se integran también M. José Porro Herrera (secretaria), J. Moreno Manzano (depositario), R. Hernando Luna (censor) y Antonio Arjona Castro (bibliotecario).
ANTONIO BARRAGÁN MORIANA |