En Sandua aúlla el viento por los viejos tejados, por los muros ruinosos y la negra veleta. El avellano esfuma su contorno en la niebla y el torrente ensordece los valles desolados.
Los nogales sacuden sus mil hojas de agua anunciando el otoño en los campos aún verdes. Las nubes se derrumban como un trono solemne sobre la silenciosa calma de las montañas.
Los violentos despojos de la oscura tormenta en las aguas salvajes se destiñen y flotan. En los rosales queda todavía una rosa y al aspirarla mi alma se inunda de tristeza. (…)
Oh Sandua en ruinas al borde del torrente que en los avellanares se despeña estruendoso. ¿Qué busca en tus tejados y en tu veleta el viento? ¿Por qué la lluvia azota tus rotas cristaleras y se sienta en tus bancos, fatigado, el otoño?
Oh Sandua de muros negros y amarillentos que un solo rosal tienes y una rosa tan solo. ¿Por qué mi corazón lo mismo que un arroyo quiere besar tus pobres paredes derruidas como cuando la Sierra se desborda en otoño?
Oh Sandua a la sombra del nogal milenario que da calma y frescura por las tardes al pozo. ¿Por qué está siempre el cielo nublado sobre ti? ¿Por qué la soledad pasea por tu patio y en tu torre suspira desolado el otoño? (…)
Y cuando vuelvo a Córdoba, que brilla en la llanura entre los encinares, al fin de la cañada, me digo que la vida es tan indiferente como el valle desierto donde mueres, oh Sandua, y me digo también que en un valle tan dulce y sombrío, mi vida sería semejante a tus grises ruinas ahogadas por las nubes.
Y al volver la cabeza para ver por vez última tu torreón lejano bañado por la luna me parece que mi alma es ese triste arcángel que gira en la veleta al impulso del viento, y mi vida una casa que ya no habita nadie que invaden las malezas y las brumas de otoño, una casa en ruinas perdida entre los montes, olvidada en un valle salvaje y melancólico...
Ricardo Molina De Elegías de Sandúa. Elegía VII. |