| (túnez, 1332-el cairo, 1406). Historiador. Uno de los historiadores más señalados del Islam, al que podemos considerar como parte del legado de la Andalucía árabe. Ibn Jaldún nace el 27 de mayo de 1332 en un ambiente muy relacionado con al-Ándalus, por el origen de su familia y por su misma trayectoria vital. Su casa, de inmigrantes de la Península Ibérica, y los primeros veinte años de su vida, los de primera formación, marcan esta influencia andalusí. Los Banu Jaldún entran en la Península Ibérica en el siglo VIII, asentándose en Carmona, aunque se trasladan pronto a la misma Sevilla. El linaje tiene, a lo largo de la historia árabe del territorio, propiedades, al menos, en Alcalá de Guadaíra, el Aljarafe y Dos Hermanas. Al estilo de la época, el nombre completo del personaje sería Abu Zayd Abderrahmán b. Muhammad b. Muhammad b. al-Hasan b. Muhammad b. Yábir b. Muhammad b. Ibrahim b. Abderrahmán... b. Uzmán b. Uzmán b. Bakr b. Jálid b. Bakr b. Jálid, posteriormente conocido como Jaldún, que viene a Andalucía desde el Hadramawt, en el sur de la Península árabe. Según las 20 generaciones que él mismo calculaba, hasta su antepasado Jaldún quedarían por conocer cinco elementos
Los Banu Jaldún de Sevilla presentan unas características similares a otros linajes de la ciudad. Se trata de familias que configuran los núcleos dirigentes árabes y que nacen a partir de un personaje inmigrado, normalmente en el siglo VIII. Este inmigrado entronca con un grupo hispánico, que se denomina a sí mismo como árabe y el adjetivo baladí para señalar su predominio, por la llegada temprana, dentro de los contingentes musulmanes que llegan a al-Ándalus procedentes de Oriente o, en menor número, del norte de África. El clan al que da origen procede en ocasiones, con posterioridad, a reelaborar sus antecedentes familiares, atribuyéndose un antepasado ilustre, al mismo tiempo que va incrementando una influencia en la zona, que se mantiene normalmente hasta el siglo XIII para el área de Sevilla. Su poder se articula sobre la propiedad de la tierra, el dominio del comercio en los núcleos urbanos y la dirigencia política y social. A niveles administrativos, cuando el poder gravita, en un país unificado, sobre la capital de todo al-Ándalus, desempeña puestos dentro de la administración que depende del emir o califa de Córdoba. En caso de disgregación del poder pasa a ocupar cargos ejecutivos a nivel local.
En el caso de los Banu Jaldún sevillanos se califican como linaje hadramî , denominación que agrupa a una serie de familias que se adscriben a los "árabes del Sur", marcando la diferencia con los grupos lajmíes que, junto con ellos, configuran el entorno dirigente de la Sevilla árabe, dentro de un predominio yemení en el área. Estas diferenciaciones tribales, alejadas en el espacio y el tiempo de la Arabia premusulmana, donde tuvieron su origen, conservan sin embargo una operatividad política en la ciudad hasta el final de la etapa árabe de su historia, al menos como etiquetas de adscripción en las relaciones colectivas. El epónimo de la familia, el dájil en al-Ándalus viniendo desde Oriente, es Jálid b. Uzmán b. Hani b. al-Jattab b. Kurayb b. Madikarib b. al-Háriz b. Wáil b. Huchr, Compañero del Profeta. Jálid entra en al-Ándalus en tiempos del primer emirato, probablemente antes de 740. Hablamos pues de un linaje baladí y no sirio, como es el caso de las grandes familias sevillanas, que forman parte de los contingentes militares que vienen para hacer frente a las revueltas bereberes que tienen lugar en la Península ese año. El historiador Abu Zayd b. Jaldún indica sin embargo que forman parte del yund del Yemen, y por lo tanto serían sirios, llegados a al-Ándalus en torno a la fecha citada. Los textos andalusíes no suelen mencionar este yund o contingente militar del Yemen entre las tropas enviadas por el califa de Damasco. Normalmente hablan siempre de un yund de Hims asentado en Sevilla. Este Jálid sería el que, siguiendo un comportamiento típico andalusí, transformaría su nombre en Jaldún. Según el historiador Abderrahmán b. Jaldún, se instalan en un primer momento en Carmona para trasladarse luego a Sevilla.
Linaje. El linaje de los Banu Jaldún se extiende a lo largo de toda la historia altomedieval. En la época del emir omeya Abd Allah * (888-912), constituye una de las cuatro familias sevillanas más importantes. De este momento son Abu Hani Kurayb * y Abu Uzmán Jálid, hijos de Uzmán b. Bakr b. Jálid b. Bakr b. Jálid, el dájil o inmigrante en al-Ándalus. Ambos intervienen en las revueltas que tienen lugar en este momento de la fitna * de los muladíes y serán asesinados por Ibrahim b. Hachachch * , el 5 de enero de 900. Los Banu Jaldún y los Banu Hachachch se habían dividido la región. Ibrahim b. Hachachch terminará por hacerse con el poder, al menos el político, en la zona durante la descomposición del poder omeya, hasta comienzos del siglo X. Descendiente del mencionado Jálid es un Umar b. Jálid b. Uzmán que es prendido en Sevilla en julio de 974, junto con otros notables, por el asalto a la cárcel de la ciudad. De idéntica línea familiar es Abu-l-Asi Amr b. Muhammad b. Jálid, que debe de vivir a finales del siglo X. Este personaje tiene tres hijos, Muhammad, Ahmad y Abd Allah. En una línea colateral, pero también descendiente de Abu Uzmán Jálid, es Abu Muslim Umar b. Muhammad b. Baqi, filósofo, astrónomo, matemático y médico. Del personaje del siglo IX Kurayb b. Jaldún, desciende Abu-l-Fadl Muhammad b. Jalaf . Algunos autores registran a un Ibn Jaldún que compone unos versos contra Sulaymán al-Mustaín * , el califa de la decadencia califal de comienzos del siglo XI. Las fuentes nos han dejado constancia igualmente de Abu Muhammad b. Jaldún, un Dû-l-Wizâratyn o doble ministro, de la Sevilla abbadí * , también poeta.
Tras la salida de Sevilla de la familia de Ibn Jaldún el historiador quedan en la ciudad y su área algunos miembros del clan. Las últimas fuentes locales de la ciudad no se refieren a ellos. Excepto a un Yahya b. Jaldún, miembro de la Junta de Defensa formada en la capital hispalense, aislada, ante el avance cristiano, en el año 1245. No conocemos la suerte final de este personaje. El responsable de la misma junta, Xaqqaf * , o Axataf, morirá en Ceuta. No queda referencia del entronque de Yahya b. Jaldún con el historiador, aunque hemos de suponer que pertenecía al clan de los Banu Jaldún, ya que el último gobierno árabe de la ciudad se forma básicamente con miembros de las grandes familias sevillanas. Aunque fueran ya líneas secundarias por haber abandonado el área, décadas antes, los grupos más pudientes.
Salida de Sevilla. Entre los emigrados hacia el norte de África a comienzos del siglo XIII está el abuelo de Abderrahmán el historiador, Abu Bakr b. al-Hasan, llegado desde Sevilla a Ceuta con su padre. Como a otros emigrados sevillanos, lo llamará el sultán hafsí Abu Ishaq, que lo nombrará ministro en 1279. Su hijo Muhammad se instala en Túnez, donde nace el historiador. La salida de la familia directa de Abu Zayd b. Jaldún se producirá años antes de la conquista castellana de la ciudad y no en el momento de la entrada de Fernando III * como indica en su Autobiografía . El grueso del linaje de los Banú Jaldún, o al menos sus elementos con más disponibilidades personales o familiares, sale de Sevilla unos decenios antes de la conquista castellana de 1248-1249, dirigiéndose hacia terreno más seguro, primero a Ceuta, donde el sevillano Ibn Jalás domina la situación política, y más tarde a Túnez. No nos queda constancia, como en el caso de otros linajes sevillanos, de movimientos migratorios de esta familia hacia otro punto de al-Ándalus, es decir, hacia la Granada nazarí, ni de permanencia de algunos de sus miembros en la zona tras el paso de Sevilla a la Corona castellana, sobre los que las fuentes no suelen informar, salvo en casos de personajes muy concretos.
Al igual que otros linajes dirigentes de la Sevilla árabe, los Banu Jaldún dejan también impronta de su nombre tanto en la toponimia de la ciudad como de la zona circundante. Ambos elementos demuestran sus niveles de dirigencia urbana y de propiedad de la tierra. Así, encontramos mencionada la Rahbat Ibn Jaldûn en un texto que detalla las obras emprendidas en la ciudad por orden, dada el 26 de mayo de 1184, del califa almohade Abu Yaqub Yúsuf * , en el entorno de la nueva mezquita aljama, situada en el solar que hoy ocupa la catedral. Esta Plaza de Ibn Jaldún debe ser localizada en el espacio que va desde la Puerta Jerez hasta el Postigo del Aceite y las Atarazanas, en el flanco septentrional de la actual Plaza del Triunfo, desde la muralla exterior de la antigua Dar al-Imara califal, en el recinto norte exterior del actual Patio de Banderas del Real Alcázar, prolongándose hasta la fachada del Palacio Arzobispal y la Avenida. Creemos que el área de la Plaza ha de situarse en la actual del Triunfo, estrechándose en dirección a la Giralda y ensanchándose hacia el Real Alcázar, en un espacio que estaría, antes del siglo XII, interior a la muralla y colindante con el recinto de gobierno del flanco meridional de la ciudad que había comenzado a generarse a partir del siglo X.
También los primeros textos castellanos del siglo XIII reseñan un Burch Ibn Jaldún, la "Torre de Ibn Jaldún", que el Repartimiento de Sevilla concede como donadío a la Orden de Santiago, y entre las propiedades del heredamiento dado a la ciudad de Sevilla aparece la Torre de Aben Haldon. Se trata de una propiedad del término de Alcalá de Guadaíra, que entonces abarca un territorio más amplio que el actual, extendiéndose hasta el curso del Guadalquivir. Sin embargo, en el siglo IX, el reseñado Kurayb b. Jaldún tiene un hisn o lugar fortificado en la zona del distrito de al-Barr, en el límite occidental del Aljarafe. Por lo que cabe la posibilidad de que los Banu Jaldún cuenten con propiedades en el Aljarafe, de las que serían desposeídos durante las revueltas de finales del siglo IX, permaneciendo como propietarios en la margen izquierda del Guadalquivir. Estas propiedades son quizás las que Pedro I de Castilla promete devolver a Abderrahmán b. Jaldún, en 1364, si entra a su servicio.
En la zona de Sevilla quedan otros posibles vestigios del linaje como el del apellido Jaldón o la finca la Jalduna. Los documentos del siglo XVII hacen referencia a un Bijaldón o Vijaldón, que ha sido hecho corresponder con los actuales Vijaldoso o Vijaldón e identificado con la hacienda denominada Torre de Doña María, que toma su nombre de Doña María de Padilla * , uno de los personajes de la corte de Pedro I de Castilla a la que Ibn Jaldún pudo conocer durante su estancia en la ciudad. De este modo vemos como el linaje va adquiriendo y perdiendo propiedades, por los sucesos en que se ven envueltos entre los siglos IX al XIII, moviéndose por diversos puntos del territorio sevillano.
Ibn Jaldún. Los antepasados directos de Ibn Jaldún salen del área de Sevilla a comienzos del siglo XIII, formando parte de las migraciones andalusíes hacia todos los puntos del occidente del Islam que tienen lugar cuando el Valle del Guadalquivir pasa a manos de Castilla y el Levante del país a las de Aragón. Tras una breve estancia en Ceuta, donde se instala un régimen dirigido por exiliados sevillanos, se desplazan hasta Túnez. Allí nace el historiador, que sigue un currículo clásico, con una formación completa que incluye desde las humanidades o las ciencias religiosas hasta las Matemáticas o la Astronomía, como era la tradición andalusí. Su Autobiografía recoge de forma insistente la preocupación del autor por obtener una formación de altura. Cuando tiene 19 años mueren sus padres, a causa de la peste que en esos años asola Túnez y todo el Mediterráneo. El suceso, en el que también desaparecen parte de sus maestros originarios de al-Ándalus, dejará una honda impresión en el autor, que ya tiene la idea de abandonar su ciudad natal. Antes de cumplir los 20 años empieza a ocupar puesto en la administración hafsí de Túnez, para trasladarse más tarde a la Fez de los benimerines * .
El siguiente cuarto de siglo de su existencia lo empleará en recorrer diversas cortes del occidente del Islam, completando a la vez sus conocimientos. El viaje lo comenzará por Bujía, recién conquistada por los benimerines, para desplazarse luego a su capital, Fez, donde ocupa diversos cargos. Con el telón de fondo de los enfrentamientos entre los benimerines y los estados vecinos, completa su formación a la vez que prosigue la carrera administrativa. Ibn Jaldún nos describe un ambiente cuajado de maquinaciones, que lo llevarán a estar en prisión desde febrero de 1357 a noviembre del año siguiente. En Fez, en 1359, conoce a Ibn al-Jatib de Loja * , exilado entonces junto con el sultán nazarí de Granada Muhammad V * . A la vuelta de éste al trono granadino en 1362, Ibn Jaldún se traslada también a Granada, interviniendo en la vida política y en las tertulias que tenían lugar en la ciudad. Como embajador de Muhammad V visitará en 1364 la corte de Pedro I * , en la Sevilla de sus antepasados. Poco después su familia viene con él a Granada.
La estancia de Abderrahmán b. Jaldún en la Granada nazarí, su fama como hábil diplomático y negociador y su amistad con Ibn al-Jatib de Loja le permiten trasladarse a la Sevilla de sus antepasados. El viaje, como más tarde pasaría con su encuentro con Tamerlán en Damasco, le ofrece la ocasión de revelarse como un personaje brillante y elocuente. El año anterior había llegado a Granada. El reino nazarí, la última formación política árabe en la Península, tiene unas intensas relaciones con los estados cristianos a la vez que interviene en el Magreb. En estos momentos Granada y Castilla mantienen un buen entendimiento. Al deseo de abandonar Fez se une la amistad que le une a Ibn al-Jatib. El autor lega un relato del viaje a la ciudad de sus antepasados, donde todavía puede ver el edificio de la mezquita aljama almohade, ya muy deteriorado, o su alminar, precedente de la Giralda, con el aspecto que tiene en 1248. Tres años más tarde lo encontramos camino de Bujía y, tras recorrer diversos lugares por diferentes peripecias políticas, irá a Fez. En 1374 se halla de nuevo en Granada. La muerte de su amigo Ibn al-Jatib influirá en su retirada de la vida pública. Su propio testimonio nos lo presenta como cansado de las maquinaciones de la época, cuando ya es tal vez un personaje demasiado conocido e incómodo para muchos de los regímenes de aquel tiempo.
Dedica los últimos 30 años de su existencia a la redacción de sus obras, su labor como docente y los diversos cargos que ocupa como magistrado. Entre 1375 y 1378, retirado en Qalat Ibn Salama con su familia, escribe su obra más relevante, la Muqaddima o Introducción a la historia . Tras una etapa en Túnez, sale en 1382 hacia Egipto, donde comienza a dar clases en la mezquita de al-Azhar y el sultán mameluco lo nombra, dos años después, qadi o juez del rito malikí * , una de las escuelas de interpretación de la doctrina del Islam, la de mayor implantación en el norte de África y al-Ándalus. Cuando su familia va a reunirse con él en El Cairo, perece en un naufragio. Este nuevo golpe que le depara el destino le empuja a realizar en 1387 la peregrinación a La Meca, establecida como preceptiva por el Islam. Incorporado de nuevo al servicio del sultán egipcio lo acompaña en 1404 hasta Damasco, asediado por Tamerlán, el mandatario de los mogoles iljaníes que termina adueñándose de la región. El 17 de marzo de 1406 morirá en El Cairo.
Obra. Como jurista, literato e historiador, Ibn Jaldún nos ha legado una extensa obra. Dentro de ella destaca el Tarif , una Autobiografía donde nos refiere sus relaciones con los literatos y personajes más relevantes de su tiempo. El Kitab al-ibar es concebida como una historia universal hasta el momento que le toca vivir. Aunque el autor se entretiene fundamentalmente en el prólogo, la célebre Muqaddima o Introducción a la historia supone un adelanto de la filosofía de la historia, una reflexión, inusitada para la época, de los comportamientos colectivos de la humanidad desde el comienzo de los tiempos. El resto del libro no responde al nivel del prólogo y lo que éste promete, limitándose a una historia del norte de África, desde Marruecos a Egipto. En la Muqaddima utiliza prácticamente todo el saber medieval atesorado por la cultura árabe, aunque no cita de forma concreta los autores en los que se apoya. En ella encontramos referencias del entorno del Islam y de fuera de él, aunque estén más elaboradas las referencias mediterráneas y del occidente del Mundo Árabe. Básicamente la obra se centra en los fundamentos que rigen el desarrollo humano como sujeto activo de la historia, en las causas que motivan los hechos sociales y los mecanismos que mueven los hilos de las relaciones humanas.
En la Muqaddima Ibn Jaldún se ocupa de todas las esferas de la vida humana. Quizás por este hecho ha podido ser interpretado como precursor de toda una serie de ciencias, desde la economía a la historia o la sociología. Él indica, por ejemplo, como "las diferencias que se observan entre las generaciones, entre sus maneras de comportarse, no son sino la traducción de las divergencias que las separan en cuanto a sus sistemas económicos". Planteamientos como éste han hecho que se le considere como un antecedente del marxismo, poniéndolo en relación con la idea de Carlos Marx al decir que "el modo de producción determina en general el proceso social, político e intelectual". En el campo de la política, traza una teoría del Estado, dentro del universo del Islam pero aplicable a toda la humanidad. Para él la política es algo inherente a la civilización, ya que el ser humano es social por naturaleza. El Estado-poder que Ibn Jaldún describe tiene como objetivo regir los conflictos entre los ciudadanos. La autoridad es, de este modo, una institución natural, situada más allá de interpretaciones basadas en origen divino. Él llega a decir que "el Imamato, la dirigencia comunitaria, no es una columna de la religión sino una forma de gobierno instituida en beneficio general y colocada bajo la vigilancia del pueblo". Ibn Jaldún, sin embargo, no abandona "sería inconcebible dado el tiempo en el que vive" la idea de la influencia de la religión en el poder político. El mismo autor advierte del peligro de sacar una obra de su contexto histórico y cultural. Pero se centra especialmente en la voluntad de poder como elemento necesario para la existencia del Estado. Por esto, aparte de la religión, resulta precisa la asabiya , la cohesión social. En ella radica para él el motor de la historia: los grupos sociales aglutinados por una serie de intereses. Ellos son la unidad histórica básica. No los individuos, que son producto de su colectividad.
La obra de Abderrahmán b. Jaldún podemos considerarla como un clásico. Sus concepciones resultan válidas para cualquier tiempo y lugar, como herederas de un Islam medieval donde habían confluido muy diversos aportes de otras culturas, del Mediterráneo y de fuera de él. Estas concepciones son producto de un esfuerzo intelectual y de la actividad del autor como juez y como político al servicio de varios gobernantes. En este sentido puede servir como ejemplo en cuanto al hecho de que vivir en una época turbulenta y complicada, dentro de una civilización, la del Islam clásico, que había terminado su etapa dorada y estaba al comienzo de siglos oscuros, no impide un análisis lúcido de la realidad. El autor busca en definitiva los factores de la decadencia del Islam en su tiempo. Para él la historia es un saber útil para la vida personal y para la colectiva. Su labor no es sólo describir los hechos, sino explicarlos, acudiendo a motivaciones naturales. La simple relación de acontecimientos, indica, puede constituir una deformación de la realidad. Los sucesos históricos surgen de una tensión existente en una sociedad o grupo, tensión que nace durante la evolución de la comunidad con el paso del tiempo o que ya se encontraba en el origen del colectivo. En el fondo los hechos históricos responden a tres clases de motivaciones: los caracteres de la comunidad, su vida económica y el medio geográfico en el que viven y las características de su sistema político, de su organización social. [ Rafael Valencia ].
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