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ALGECIRAS, CONFERENCIA DE |
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En 1906, la ciudad campogibraltareña de Algeciras se convierte en el centro de la atención mundial, al ser sede de una de las reuniones diplomáticas más importantes del siglo XX español, en un intento de resolver los pleitos coloniales provocados por las apetencias de varios países europeos sobre los territorios del norte de África. Marruecos es, a principios del siglo, una de las zonas más deseadas. La tensión internacional se dispara cuando el kaiser de Alemania, deseoso de quebrantar la Entente Cordial francobritánica, visita Tánger en abril de 1905 y pronuncia un discurso en el que reclama el libre comercio, ofreciendo, al mismo tiempo, el respaldo de su Imperio a la causa de la independencia marroquí. Para evitar un enfrentamiento armado franco-germano, se produce la movilización de varias cancillerías europeas, encauzando la crisis hacia el marco de una Conferencia Internacional, similar a la de Berlín de 1885, que resolviera pacíficamente lo que comienza a llamarse ya la “cuestión marroquí”. De esta manera, el 16 de abril de 1906 abre sus sesiones la Conferencia Internacional de Algeciras, en la que participan representantes de Alemania, Austria, Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Marruecos, Países Bajos, Portugal, Rusia y Suecia. Presidida por el ministro de Estado de España, el jerezano duque de Almodóvar del Río, la Conferencia prolonga sus reuniones hasta mediados de abril, cuando un acta final recoge las principales conclusiones de la misma. Entre otros acuerdos, los países europeos ven reconocido su derecho a comerciar libremente en las ocho poblaciones más importantes de la costa magrebí. Francia y España reciben derechos especiales en la policía autónoma, a la vez que se garantiza la soberanía e independencia del reino marroquí. Aunque es Francia –y no Alemania– la que más partido sabe sacar del Acta Final de la Conferencia, para España la reunión supone la primera manifestación de su reinserción en la política internacional, después de la marginación y el aislamiento al que la somete la crisis del 98, y, para el mundo en general, significa la desactivación temporal de uno de los conflictos más graves vividos por la diplomacia occidental en los primeros años del siglo XX. [ Diego Caro Cancela ] |
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