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PÉREZ AGUILERA, MIGUEL |
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| (linares, jaén, 1915-sevilla, 2004).
Pintor. Es uno de los nombres que más influyen
en la evolución de la pintura sevillana desde los postulados
tradicionales a la más absoluta avanzadilla. Estudia en Granada con
Gabriel Morcillo, completando su formación en Madrid. En la capital de
España comparte experiencias con Manuel Rivera. En 1946 se encuentra en
Sevilla, donde compagina el trabajo pictórico con el docente en la
Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, un centro al
que trae nuevos aires purificadores para que los futuros realizadores
tomen contacto con la creación artística que se realiza más allá de
nuestras fronteras. Como pintor evoluciona desde un abierto realismo en
el que la figura humana desencadena un amplio muestrario de actitudes
hasta una esencial abstracción en la que la luz y el color se acrisolan
para configurar una escenografía cromática donde se posibilitan las más
apasionantes sugerencias.
Al principio, su obra mantiene vivas las esencias
figurativas, manifestando una sólida interpretación de la realidad
cercana, con conatos de máximo expresivismo, que pronto se decantan por
una estética constructivista donde las formas pierden su identidad
representativa y ganan en majestuosidad formal y sensorial. La pintura de
Pérez Aguilera deja abiertas las puertas de un mundo inquietante, único,
basado en una realidad que se presiente y que sintoniza con un ejercicio
automático que crea infinitas situaciones, siempre con la luz como
visceral ejecutora de un universo cromático variante pero fiel a unos
moldes que se multiplican hasta un infinito sugerente.
La pintura de Miguel Pérez Aguilera es portadora de
un particular y originalísimo lenguaje artístico que la hace
inconfundible. Parece como si el autor pintase una infinita sucesión de
brillantes papeles doblados ofreciéndonos sus iridiscentes contrastes,
con la luz ejerciendo su función diferenciadora sobre los colores que
manifiestan toda su absoluta potestad. Antes de su fallecimiento, cuando
su obra se encuentra estigmatizada por los perfectos encuadres de la
madurez, se perciben las sabias estelas de una evolución que comenzó
paralela a los nuevos rumbos que el arte sevillano exigía y que él supo,
mejor que nadie, cambiar de forma no traumática. Si el reconocimiento de
la figura de Pérez Aguilera como uno de los máximos impulsores de la
modernidad en Sevilla es unánime, su obra tiene una personalidad que la
hacen única.
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