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MORENO, MIGUEL |
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| (granada, 1935).
Escultor. La obra de Miguel Moreno se sustenta
en el conocimiento profundo del oficio escultórico, teniendo mucho que
ver, sin duda, el temprano contacto con la realidad profesional en el
taller de orfebrería de su padre, así como su estrecha relación con
Aurelio López Azaustre. Estos inicios fundamentados en los planteamientos
academicistas con sus miméticos intereses no fueron sino posiciones
generadoras pero que tienen sus claros desarrollos en una determinante
ansia de búsqueda. Las especiales maneras de José Clará, Victorio Macho y
Arístides Maillol le pueden marcar unas rutas iniciáticas, basadas en la
contundencia formal y en los preclaros desenlaces de una escultura que
miraba hacia delante sin perder de vista los postulados de un pasado
ilustre, aunque en su ánimo siempre existió una profunda inquietud por
encontrar nuevas vías de expresión. De esta manera, en su incesante
búsqueda imprime una especialísima manera a la escultura en chapa
soldada, a la que dota de unos particulares tratamientos hasta llevarla a
las máximas cotas de artisticidad. Con ella, Miguel Moreno consigue
establecer grandes diferencias expresivas, dotando a la figura de un
poderoso potencial plástico que encuentra bellas referencias en la mejor
escultura primitiva. Y es que el escultor granadino siempre se ha
mostrado inclinado hacia las posiciones figurativas, sustituyendo las
marcas concretas por unos desarrollos evocadores donde las formas
plantean sus desenlaces más expresivos. Con unas claras referencias a esa
maneras pulcras que Hans Arp imprime a sus obras, decantándose por la
esencialidad que aprende viendo las imágenes del rumano Constantin
Brancusi y desarrollando los episodios volumétricos inspirados en Henry
Moore, Miguel Moreno sabe adentrarse por los intrincados postulados de un
modernidad que él conquista en base a una concienzuda reflexión,
accediendo a unos estamentos creativos después de haber extraído a la
realidad sus circunstancias más definitorias y tras haber conseguido
manifestar todo el potencial expresivo de unas formas que llevan
implícitas todo el organigrama general de la gran escultura de todos los
tiempos. Miguel Moreno participa de los dos momentos que conforman el
espíritu creativo de los artistas de su generación. Por un lado se forma
en las decadentes circunstancias del pasado, donde aprende los rudimentos
de una técnica perfectamente asimilada. Pero, al mismo tiempo, siente la
necesidad de posicionarse en los esquemas de una modernidad a la que él
ofrece un testimonio de autenticidad.
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