| m. Conocido popularmente como bocadillo, el cortadillo es una técnica ornamental realizada sobre una pieza textil, consistente en calados independientes, generalmente curvilíneos, que se disponen por toda la tela formando motivos simétricos.
El tejido preferente para la elaboración de los cortadillos es tradicionalmente el lienzo tostado de procedencia portuguesa; un tejido grueso y resistente, muy apropiado para estas labores, pero ya difícil de conseguir. No obstante, como se trata del mismo lienzo con el que antiguamente se confeccionaban las sábanas, algunas artesanas recurren a las ya desechadas como base de su trabajo. En la actualidad, las telas más utilizadas para este tipo de labor son el algodón y el hilo, en color blanco o crudo. El hilo es más apreciado que el algodón, aunque éste es de uso más frecuente por su mayor asequibilidad. Antes de trabajarlo, además, habrá que tomar siempre la precaución de mojarlo y plancharlo mientras mantiene la humedad, con idea de que la pieza no encoja una vez bordada.
Destinados fundamentalmente a la decoración del hogar, embozos de sábanas, mantelerías, colchas y juegos de tocador son los productos más característicos que se decoran con las técnicas de cortadillo. Como tales piezas de ajuar, las mujeres son siempre las encargadas de confeccionarlas, recreándose en los elementos decorativos por encima de la expresa funcionalidad del objeto en cuestión. Su práctica se concentra especialmente en el Andévalo onubense, una comarca caracterizada por su arraigada tradición en la confección y tratamiento de prendas bordadas. El conocimiento de esta artesanía se transmitía de madres a hijas, al igual que sucedía en el interior de los conventos, donde las religiosas de más edad adiestran a las jóvenes. Esta especialización lleva a varios pueblos de la zona a organizar talleres para emprender una producción comercial. A principios del siglo XX las labores de cortadillo de La Puebla de Guzmán, Alosno o Minas de Riotinto eran cotizadas en mercados de toda España. No obstante, la crisis económica que afecta con especial virulencia a esta comarca desde mediados del siglo XX, provoca la emigración de muchos de sus habitantes. De ahí que fueran tantos los oficios y labores que dejan de practicarse en muy breve espacio de tiempo.
Conscientes de este hecho, hace unos años se inicia en La Puebla de Guzmán, por parte de diversas asociaciones del municipio, la tarea de organizar cursos monográficos para la recuperación de las artesanías del bordado. En concreto, el conocimiento de las técnicas del cortadillo estaba en manos de sólo dos mujeres. Una de ellas es la encargada de enseñar a otras vecinas del pueblo y este impulso empieza a dar sus frutos. Hoy son ya varias las que dominan el proceso de elaboración y lo practican con gran dedicación. [ Esther Fernández de Paz ].
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