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CABRERO, EL |
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| (aznalcóllar, sevilla, 1944).
 Cantaor, de nombre José DomÃnguez Muñoz. Toma
el nombre artÃstico de su oficio como pastor de cabras. Sus comienzos se
remontan a 1970, cuando se incorpora al grupo de teatro La Cuadra, que,
desde su primer espectáculo, "QuejÃo", tiene como referencia al flamenco.
Después de una gira europea con el grupo, fija su residencia en España,
donde sigue alternando su oficio tradicional, con el del cante,
frecuentando los festivales y creando sus propias letras, cargadas de
contenido social y a las que llega a incorporar textos de Jorge Luis
Borges. Especializado en los fandangos, en el Concurso Nacional de Arte
Flamenco de Córdoba, en 1980, recibe los máximos galardones por soleares
y malagueñas. AsÃ, la cotización de su caché va creciendo, pero no le
faltan problemas. En 1982, por ejemplo, es procesado por blasfemia
pronunciada cuando actúa en Alcolea (Córdoba), siendo condenado a cinco
meses de privación de libertad, produciéndose un movimiento popular en su
favor, encabezado por varios partidos polÃticos, que pide su indulto.
Finalmente liberado, sus actuaciones se hacen cada vez más frecuentes y
no falta a su cita puntual con los estudios de grabación. Entre sus
periódicas entregas discográficas, llega a figurar incluso un disco de
tangos argentinos.
Es uno de los cantaores que suman más actuaciones en
festivales y peñas flamencas. Su repertorio es amplio y posee grandes
facultades de voz: "Las cabras y el flamenco son las dos compañÃas
inseparables de El Cabrero desde que su padre empezó a llevarle al campo,
cuando sólo tenÃa cinco o seis años... Con alguna fama a su favor, sigue
prefiriendo los espacios abiertos y solitarios a las reuniones de mucha
gente, el hechizo de sus cabras a las convenciones de la vida social", le
describe José Aguilar. Encarna un cierto primitivismo romántico, que
describe atinadamente Manuel Barrios: "El Cabrero es la elementalidad del
alma pura, sin contaminaciones ni soplos de malos vientos. José El
Cabrero es un niño alto y fuerte, que canta sin querer entregarse a la
confusión de un mundo deformado por odios, violencia y engaños". Y, en
palabras de Francisco MÃllán, su perfil polÃtico responderÃa a una cierta
"anarquÃa de bien".
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