|
|
CABRERO |
VOLVER |
|
|
| m. Pastor de cabras. La figura del cabrero cuenta,
hasta la llegada de las sociedades avanzadas, con un papel fundamental en
el mundo rural. No hay ninguna civilización que no incluya en sus más
antiguas fuentes literarias y en sus mitos y leyendas la figura de los
cabreros, minuciosos conocedores de las sierras, valles, veredas y
manantiales y, en muchas ocasiones, las únicas personas que se podían
encontrar en grandes extensiones de terreno. Los cabreros recorren los
campos con las manadas, buscan los mejores pastizales, hacen tiempo para
que paste el ganado y, aún hoy, pernoctan a la intemperie. Su vida se
tiene por solitaria y reposada, al ritmo que marca el ganado, de ahí que
pasen siempre a la literatura como personas pacíficas y de buen ánimo.
En
El Quijote
abundan los encuentros con cabreros, en los que el
caballero andante y su escudero no dudan en compartir pláticas, viandas y
estrellas durante el sueño. Así, en el inicio de sus andanzas, tras el
entierro del pastor Grisóstomo, don Quijote es invitado por unos cabreros
a unirse a ellos camino de Sevilla, "por ser lugar tan acomodado para
hallar aventura", pero él rechaza la invitación por encontrase todavía
las sierras de la Mancha repletas de "ladrones malandrines". En tiempos
más modernos Gerald Brenan realiza en
Al Sur de Granada
un lúcido retrato de la figura de los cabreros
que vio en Las Alpujarras: "Pero habían crecido en la soledad de los
aislados cortijos, apacentando sus rebaños de cabras en los secanos, de
manera que casi habían perdido la facultad de hablar. Cuando se les
hablaba, contestaba con un soniquete difícil de entender y en voz tan
alta que podía oírseles de colina en colina. Al escucharles me imaginaba
que los cabreros de todas las tierras mediterráneas tenían un lenguaje
común y que un zagal de las sierras españolas podía hacerse entender en
las montañas de Sicilia y Albania". Aunque el pastoreo extensivo del
ganado cada vez es más escaso y se está sustituyendo por explotaciones
intensivas, en las zonas rurales todavía son frecuentes los ganados
caprinos, de los que se obtiene leche fresca tanto para su consumo
directo como para la producción de quesos, aunque también es frecuente el
consumo de la carne, sobre todo en la Sierra Morena entre Córdoba y
Extremadura y en la Sierra de Cazorla. Estos rebaños sedentarios por lo
común no son tan numerosos como los trashumantes, que pueden alcanzar las
500 cabezas de ganado y siguen recorriendo las antiguas Cañadas Reales,
conocidas en Andalucía como veredas de la carne.
|
|