| (cádiz, 1790-madrid, 1853). Político. Presidente del Gobierno entre 1835 y 1836. Nace en una familia de prósperos comerciantes y de origen judío por la rama materna, motivo por el que cambia su segundo apellido por Mendizábal, la designación por la que verdaderamente se le conocería. En un principio, Juan Álvarez Méndez, que había recibido una educación comercial, sigue la tradición familiar y se dedica al mundo de los negocios, una actividad que tanto en España como en el exilio le acompaña hasta su dedicación profesional y continuada a la política.
Es tras la restauración del absolutismo en 1814 cuando Mendizábal comienza a interesarse por la política. Se sitúa entre los que no compartían la involución y en Cádiz, donde residía, empieza a implicarse en las intrigas que intentan acabar con la tiranía de Fernando VII. Incluso colabora en la conspiración de Riego: primero adelantándole dinero y luego uniéndose a su tropa entre enero y marzo de 1820. El fin del Trienio Liberal conduce a Mendizábal al exilio en Inglaterra, donde permanece hasta 1834. Allí se dedica a los negocios, pero no deja de lado la política. De hecho, se implica de lleno en la oleada revolucionaria que recorre Europa en los años treinta. Primero, en España: en 1830 financia el movimiento insurreccional que desde el exterior intenta fallidamente provocar un cambio de timón. También negocia el empréstito gracias al que fue posible organizar la expedición inglesa que restablece en el trono de Portugal a María II. Y respalda económicamente la formación de una fuerza militar para actuar en Bélgica, que luchaba por su separación de Holanda.
En 1834 regresa a España y, a petición del Conde de Toreno, colabora en su gobierno como Ministro de Hacienda (desde junio de 1835). Pero en el movimiento juntero que estalla en el verano de 1835 contra Toreno, Mendizábal se sitúa en el sector más radical de losprogresistas. Su ascenso es fulgurante. En muy poco tiempo se convierte en el personaje perfecto para hacer frente a la situación: un hombre de la revolución de 1820, que había pasado por el exilio, que estaba bien visto por Inglaterra y que, además, había logrado gran prestigio en los círculos exaltados por su decisiva contribución al derrocamiento del absolutismo en Portugal. En septiembre de 1835 la Reina Gobernadora le encomienda la jefatura del Gobierno.
Inmediatamente pone en marcha su plan para reorganizar y modernizar el Estado. Pero no dura mucho. Su gestión, marcada por la desamortización eclesiástica, el proyecto de ley electoral y el uso abusivo de los recursos del poder, suscita numerosas críticas y una fuerte oposición. La Regente acaba destituyéndolo el 15 de mayo de 1836.
Le sucede Istúriz, uno de los dirigentes moderados, que disuelve las Cortes y convocó nuevas elecciones para julio. Los progresistas propician entonces un movimiento de descontento y las juntas volvieron a reunirse. Mendizábal es uno de los principales instigadores. A mediados de agosto, los sucesos de La Granja obligaron a María Cristina a restablecer la Constitución de 1812 y a nombrar nuevo gobierno. Esta vez lo encarga a José María Calatrava, otro hombre del Trienio. En el nuevo gabinete progresista, Mendizábal regresa como ministro de Hacienda.
La parte más brillante de su carrera política prácticamente concluye aquí. En 1843 vuelve a ocupar la cartera de Hacienda, pero por muy poco tiempo (entre mayo y julio): la sublevación contra Espartero acaba también con su ministerio e incluso le obliga a tomar de nuevo el rumbo del exilio. Cuando regresa, en 1846, recupera su actividad parlamentaria, que, por otra parte, no había abandonado entre 1835 y 1843. Y siguió teniendo, hasta su muerte, una importante influencia en el bando opositor.
En todo este tiempo, su militancia política fue fiel al partido progresista, la formación ideológica en cuya organización tuvo un papel decisivo durante el segundo lustro de los años treinta. De hecho, Mendizábal es un hombre carismático que crea facción en torno suyo. Hasta el punto de que sus adversarios, en aquellos años treinta, hablaban a veces, en lugar del partido progresista, del partido mendizabalista. [ Dolores Lozano Salado ].
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