| (florencia, italia, 1454-sevilla, 1512). Mercader, navegante y cartógrafo. Pertenece a una acomodada familia de la burguesía florentina vinculada a los Médici. Hombre culto, Lorenzo el Magnífico lo nombra, en 1480, embajador florentino en París. Posteriormente se ve involucrado en las luchas intestinas de la propia familia Médici, por lo que acaba abandonando su ciudad. Según nos cuenta el propio Vepucio, llega a Sevilla en 1493, poniéndose al servicio de un mercader italiano, llamado Juan Berardi. Su presencia en esa fecha en la capital andaluza le permite vivir en primera línea los históricos momentos que supone el retorno de Colón con la noticia de la llegada a las Indias.
Tal vez, realiza su primer viaje al Nuevo Mundo en 1497, aunque no se puede afirmar con certeza, como ocurre con otros episodios de su vida. De ser cierto, formaría parte de la expedición mandada por Juan Díaz de Solís, que zarpa en mayo de dicho año. En el segundo de los viajes, del que se tiene certeza que embarca y que posiblemente sea el primero, va en la flota mandada por Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa, expedición que tiene lugar entre 1499 y 1500. La flota zarpa de El Puerto de Santa María y llega a la desembocadura del Orinoco, descubriendo una importante porción de costa e islas próximas. Un año después de su partida, se encuentra de regreso en Sevilla, tras un viaje desastroso, desde el punto de vista económico. Una crónica del mismo está recogida en la carta que Vespucio envía a Lorenzo Pier Médici, fechada en Sevilla, el 18 de julio de 1500.
El tercero de sus viajes -el segundo, si el primero no lo lleva a cabo- lo hace por cuenta de la Corona de Portugal, entre 1501 y 1502, zarpando del puerto de Lisboa. La expedición recorre una larga franja costera de América del Sur, llegando hasta tierras próximas a la Patagonia. El viaje tiene la importancia de señalar que las tierras descubiertas por Colón no son, como creía el Almirante, las Indias Orientales, sino que se trata de un nuevo continente. La crónica del viaje está recogida en una nueva carta de Vespucio a Lorenzo Pier Médici, fechada en Lisboa en 1502.
Se ha especulado sobre la posibilidad de que Vespucio realizase un nuevo viaje a las Indias, del que no se tiene constancia; de ser así, habría zarpado en 1503, también del puerto de Lisboa en la flota de Gonzalo Coelho. El objetivo de la expedición es encontrar un paso que permita llegar a Asia. Al parecer hay diferencias entre Coelho y Vespucio, por lo que se separan y los barcos que quedan bajo la responsabilidad del florentino llegan a las costas actuales de Brasil, donde recorren la zona comprendida entre la bahía de Todos los Santos y el cabo de San Vicente, según se señala en una carta de Vespucio a Piero Soderini, fechada en Lisboa el 4 de octubre de 1504. Sobre esta carta existen numerosas dudas acerca de su autenticidad.
En el año 1505 nos lo encontramos de nuevo en España y, después de entrevistarse con Colón, acude a la corte llamado por el rey Fernando. Allí planifica, junto a Vicente Yáñez Pinzón, un nuevo viaje a las Indias, que no llega a efectuarse. Se naturaliza castellano y fija su residencia en Sevilla, donde alcanza el cargo de Piloto Mayor de la Casa de la Contratación, empleo que mantiene hasta su muerte acaecida en 1512. Desde su puesto desempeña una importante labor en el terreno de la cosmografía, la cartografía y la náutica.
Las relaciones de sus viajes tienen una gran difusión en la Europa de su época y son traducidas a varios idiomas, lo que le da fuera de España mayor renombre del que goza el propio Colón. Vespucio tiene el acierto de señalar como Mundus Novus las tierras descubiertas al otro lado del Atlántico, considerándolo más sugerente que el de las Indias, al estar convencido de que se trata de tierras diferentes a las de Cipango y Cathay.
Por lo que respecta al hecho de conocerse como América el nuevo continente, Vespucio nada tiene que ver. Es Martín de Waldseemüller, un cosmógrafo lorenés que acompaña de un mapa mundi una obra suya, quien emplea la palabra América para designar al Mundus Novus y, aunque más tarde quiere reparar su error cuando conoce el nombre de Colón, el uso del término se ha extendido tanto que no le es posible evitarlo.
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