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CANTONALISMO

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 Aunque se puede definir el cantonalismo como el sistema político que aspira a dividir el Estado en cantones independientes o casi independientes, en la Historia de España este término hace referencia a la insurrección político-social surgida en numerosos lugares de España, en particular en la zona mediterránea y en Andalucía, en el verano de 1873 y que acaba por constituir uno de los motivos de fracaso de la Primera República española. Detrás del estallido de este movimiento cantonal hay dos causas fundamentales. Por un lado, la crisis del Estado español en la coyuntura crítica de 1868-1873 y, por otro, la propia división interna de los republicanos.

De la gravedad de las convulsiones políticas producidas en España desde la "septembrina" de 1868 al verano de 1873 son buena prueba la sucesión, en poco menos de cinco años, del destronamiento de la dinastía borbónica, el nombramiento de una Regencia en la figura del general Serrano, la llegada de un nuevo rey, Amadeo de Saboya, procedente de Italia, que dura dos años, y la proclamación de la República el 11 de febrero de 1873. Estos cambios coinciden con la profunda división del movimiento republicano, a lo largo del Sexenio Democrático, entre los "unitarios" de García Ruiz, los "federales" de Pi y Margall y los "socialistas" de Fernando Garrido, o entre "benevolentes" e "intransigentes", que es también la causa última de la permanente inestabilidad de régimen republicano.

Por este motivo, se debe entender el movimiento cantonal que se inicia en Cartagena el 12 de julio de 1873   como "una disidencia y un enfrentamiento entre dos fracciones del partido republicano federal, que entonces estaba en el poder. Una facción más impaciente creyó que sus correligionarios en el Gobierno demoraban la realización de la Federación y procedieron unilateralmente a efectuarla" (Jutglar). Y es que el comienzo del movimiento cantonal coincide con la caída del Gobierno que lidera Pi y Margall y su sustitución por otro presidido por Nicolás Salmerón, más moderado, que pretende recortar las atribuciones que tienen los distintos estados contemplados en el proyecto constitucional de la República.

Con la pretensión de que cada zona de España se constituya en un cantón independiente, que más tarde podría unirse, si así se desea, en una República Federal, los impulsores del movimiento lo extienden por toda la península, con la excepción de Cataluña y el Norte, que entonces padece otra guerra carlista.

Cantonalismo en Andalucía.  En Andalucía el cantonalismo se inicia el 19 de julio, cuando se constituyen los cantones de Sevilla y Cádiz. Un día después, el 20, se proclama el cantón de Granada, el 21 el de Málaga y el 22 se declaran los cantones de Bailén, Andújar, Tarifa y Algeciras.

Mientras están en el poder, casi siempre bajo la fórmula de un Comité de Salud Pública, de resonancias jacobinas, los cantonales toman un variopinto conjunto de medidas. De corte anticlerical, como las adoptadas en el cantón de Cádiz liderado por Fermín Salvochea, de carácter hacendístico, como el intento de aplicar un sistema de contribución directa sobre la propiedad, o de contenido social, como la supresión de las quintas o las matrículas del mar, la fijación de la jornada laboral en ocho horas, entre otras medidas.

La adopción de estas medidas y la presencia de conocidos militantes internacionalistas en los órganos de gobierno de algunos cantones andaluces lleva a algunos historiadores a considerarlos poco menos que "comunas anarquistas"(Kaplan). Una vinculación del cantonalismo con el internacionalismo exagerada por dos tipos de literaturas radicalmente distintas. Si para la prensa burguesa esta magnificada presencia internacionalista es lo que permitiría justificar una dura represión que alejara la posibilidad de cualquier experiencia comunalista al estilo parisino, para la prensa marxista, interesada en desacreditar a los seguidores de Bakunin en España, mayoritarios en la F.R.E , el fracaso de los cantonales lo que de verdad demuestra es "cómo no se hace una revolución". En definitiva, en los cantones participan tanto grupos de pequeños burgueses como trabajadores vinculados a la Internacional. Sin embargo, sus decisiones no traspasan nunca las fronteras programáticas del republicanismo más avanzado. No hay, por tanto, ningún tipo de ensayo de organización anarquista. Y es que el radicalismo de los cantonales no va más allá de un anticlericalismo y un antimilitarismo latente en buena parte de las clases populares o de intentar armonizar, en el ámbito de las relaciones sociales, el conflicto entre trabajadores y patronos, interviniendo en la regulación de los contenciosos laborales, pero sin alterar el libre disfrute del principio, liberal por excelencia, del derecho a la propiedad individual.

De todas formas, la vida de la mayoría de los cantones andaluces es bastante efímera, después de que el Gobierno decida enviar hacia la región una expedición de 2.000 hombres con el general Pavía al frente para aplastarlos. Sevilla es tomada al asalto el 28 de julio, después de dos días de encarnizadas luchas callejeras, mientras que en Cádiz entran las tropas dos días después, sin necesidad de combate, porque el cantón ya se había hundido por sus disensiones internas, mientras que otros cantones como los de Algeciras, Tarifa, Andújar, Bailén, Sanlúcar o Écija también terminan derrumbándose.

A mediados de agosto, sólo queda el cantón de Málaga, porque está dirigido por los republicanos "benévolos", que pactan con el Gobierno mantener el orden a cambio del respeto de éste a la situación "autónoma" de la ciudad. Esto es lo que explicaría su mayor duración y el retraso con el que se produce la entrada de las tropas del general Pavía.

Aplastado el movimiento cantonal con el desarme de los milicianos, la detención de sus líderes, la clausura de los centros políticos y el nombramiento de nuevas autoridades, procedentes del republicanismo más conservador, la democracia republicana también queda herida de muerte. La llegada de Castelar a la presidencia del poder Ejecutivo tiene como consecuencia más inmediata la suspensión de las Cortes durante los tres meses y medio siguientes: del 20 de septiembre de 1873 hasta el 2 de enero de 1874. El golpe de Estado del general Pavía "el mismo que acaba con los cantones andaluces" no tardaría en llegar.        [ Diego Caro Cancela ].

 

 
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