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FLORA Y MARíA |
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| Vírgenes y mártires. Flora, según San Eulogio,
llamaba la atención por la hermosura de su rostro y la belleza de su
cuerpo. Su madre, natural del pueblo de Ausinianos, a ocho millas al
occidente de Córdoba, era cristiana, pero casada con un musulmán natural
de Sevilla. Al morir su padre, la madre la educa en la religión
cristiana, hecho contrario a las prescripciones islámicas. Su formación
es seguida de cerca por San Eulogio, pero tenía miedo a participar
públicamente en las asambleas de los fieles a causa de un hermano, que
profesaba la religión de Mahoma y vigilaba continuamente su estilo de
vida. Es éste quien la presenta ante el juez, el cual, tras su profesión
de fe, ordena que se le azote en la cabeza hasta que quedara desnudo el
cráneo. Aun asi, la joven mártir persiste en su confesión de fe. Dañada,
es devuelta a su hermano para que la cure y le enseñe la ley coránica.
Segun los textos antiguos, Flora, al no aceptar los preceptos islámicos,
decide suicidarse, lanzándose desde una elevada pared, pero "sin herida
alguna empezó a caminar entre las tinieblas de la noche con la compañía
de un ángel que la guiaba a donde el Señor deseaba". Tras esto, intenta
ocultarse y se dirige a Osaria, aldea de Martos, donde se encuentra su
hermana.
En este trasiego de cambio de lugar y domicilio
transcurren seis años, hasta que decide presentarse ante el cadí y
confesar su fe cristiana. Antes, entra a rezar en la basílica de San
Acisclo, donde coincide con María.
Coetánea de Flora, María, hija de padre cristiano y
de noble linaje, natural de Niebla (Huelva), casado con una mujer de
origen árabe a la que consigue convertir al cristianismo, pasa su
juventud en el pueblo de Froniano, en la sierra de Córdoba, donde ingresa
en el convento de Santa María de Cuteclara. Tras abandonar el monasterio,
entra a rezar en la iglesia de San Acisclo, lugar donde encuentra a Flora
y sella su amistad. Como castigo a la confesión de fe cristiana ante el
cadí, las vírgenes son encarceladas "coincidiendo en prisión con San
Eulogio" y decapitadas en el año 851. Sus cuerpos son abandonados para
que los devoraran los perros y los despedazaran las aves, y al día
siguiente son arrojados al río.
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